A Contracorriente

Enrique Arias Vega

El «genocidio» de los indios

Coincidiendo con el Día de la Hispanidad, mis parientes ecuatorianos lamentan el “genocidio” tras el “Descubrimiento”, especulando con lo bien que estarían de no haberse producido aquél.

Curiosamente, quienes más suelen hablar de genocidio son los descendientes de los indios de entonces, sometidos a los retrógrados y crueles imperios maya, azteca o inca, personas que no existirían de haberse producido aquél exterminio o que habrían desaparecido si hubiese continuado la hegemonía de los excluyentes imperios indígenas precolombinos.

Pero, pelillos a la mar. En su interesantísima y vasta obra Imperofobia y Leyenda Negra, María Elvira Roca Barea recopila algunos datos significativos. Por ejemplo, entre 1500 y 1550, se crearon el América 25 grandes hospitales (amén de infinidad de pequeños) en los que ya en tiempos de los Reyes Católicos se ordenaba “se acojan y curen así de los cristianos como de los indios”. Algunos años después, en Lima, llegó a haber una cama hospitalaria por cada 101 habitantes.

En otro apartado sintomático, el de la enseñanza, hasta la independencia se crearon más de veinte centros de educación superior y de ellos salieron aproximadamente 150.000 licenciados “de todos los colores, castas y mezclas”, nos explica la autora. Y, cuando se habla de lenguas vernáculas, cabe recordar que el primer catecismo bilingüe fue ya en el temprano 1539 y que en 1580 “Felipe II ordenó la creación de cátedras de lenguas indígenas para fomentar su estudio y conocimiento”.

No está nada mal, así como el diseño urbanístico, las infraestructuras y el desarrollo en general de una sociedad hasta entonces estancada.

Claro que hubo abusos y violencia, cómo no. Aparte de su intento de corrección con las Leyes de Indias y los llamados Juicios de Residencia a las autoridades cesantes, hubo muchas veces más brutalidad y más hambruna en una Europa llena de matanzas y conflictos (incluyendo dos sanguinarias guerras mundiales), cuyas confrontaciones han llegado hasta el fin del Siglo XX, en los Balcanes, y comienzos del Siglo XXI en Ucrania-Crimea.

En contraste, América Latina sólo vivió un estallido violento tras la Independencia, el abuso de los criollos sobre los indígenas y las guerras de fronteras entre los nuevos caudillos sudamericanos que llevaron a un compungido Simón Bolívar a decir aquello de “he arado en el mar y sembrado el viento”.

Por eso, quienes de verdad amamos a América Latina y sus gentes (la recorrí por primera vez en 1969), creemos que, de haber permanecido ajena al mundo occidental, su presente y su futuro serían entonces muchísimo peores.

Autor

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

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Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

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