Pep Guardiola ha resaltado en su reciente (y exitosa) gira como conferenciante por Colombia y Argentina que él es fundamentalmente «un ladrón de ideas» y sugiere que los demás hagamos lo propio con él: que le «robemos» libremente sus ideas.
Esto es viejo como la humanidad pero así, tan drásticamente formulado, suena a novedoso. De hecho, en las escuelas de negocios enfatizamos entre los alumnos que copien (adaptando) las buenas prácticas de los mejores. Es el llamado «benchmarking».
En este sentido, mi libro «El método Guardiola» es un ejercicio de «benchmarking»: analizo las maneras de actuar de Pep y extrapolo ideas útiles para la conducción de grupos en las organizaciones contemporáneas. Yo le «robo» ideas a Pep (que él previamente ha «robado» a otros).
Sin embargo, la cosa no queda allí: observo en sus intervenciones referencias concretas a mi libro (sin citar la fuente, claro). Desde el título de la ponencia preliminar que le antecede (justamente publicitada como «El método Guardiola») a la recurrente anécdota de Pep-¿qué-es-un-líder?, la aseveración el-método-Guardiola-no-existe o un-líder-es-fundamentalmente-un-mejorador-de-personas.
Genial. Nada tiene de extraño. Un consumado interceptador y repartidor de pelotas (lo demostró como jugador, entrenándose en mil y un rondos) bien puede hacer lo mismo con las ideas.
A veces tengo la sensación de que soy un guionista telepático en la sombra. Y como ladrón de ideas recibo el trato que merezco: las mías también son «robadas».
Siempre recuerdo la sabia frase que me espetó en cierta ocasión mi amigo el psicólogo Antoni Bolinches: «Cuando uno difunde una idea, ésta pasa a ser patrimonio de la humanidad»
(Venga, Pep, róbala. A mí no. A Bolinches).
/Para saber más/:
http://www.vanguardia.com.mx/metodoguardiolarobarideasymeterlasalosjugadoresenlacabeza-1732682.html