He pasado cuatro noches en la villa tarraconense de Cambrils. La playa estaba genial. El público que la frecuenta, familiar, cívico. Gran oferta de restauración y tiendas de primer nivel. Y en ratos de asueto, las emisiones amenas del Canal Reus TV.
Pero la guinda del pastel ha sido toparme con un sinnúmero de rusos. He reverdecido laureles idiomáticos de tanto escuchar la lengua, también en el vecino Salou, donde leo que ya existe una escuela rusa. (Tengo nivel básico de ruso aprendido un lejano 1986 pero escucho de vez en cuando las emisoras en lengua rusa para no perder memoria fonética de este bello idioma).
Gracias al prodigio de Internet me documento sobre la zona: el flujo de rusos es incesante. Y en Salou renueva su mandato como alcalde Pere Granados. Le conocí hace una década en un seminario sobre turismo en que participé como ponente y me causó una grata impresión en la sobremesa que mantuvimos en el Hotel Blau. Me pareció un político emprendedor.
(Siento añoranza del sector turístico. A veces pienso que quizá debiera disparar mis últimos cartuchos de vida profesional en este sector que tantas experiencias maravillosas me deparó, en especial en Mallorca trabajando para la cadena RIU, relacionándome con alemanes y frecuentando Andalucía, Canarias y el Caribe…)