Indiana Jones vende su cazadora y su sombrero

Indiana Jones vende su cazadora y su sombrero


(PD).- La cazadora de Indiana Jones ya está a la venta. La encargada de comercializar la característica prenda es la marca británica Belstaff, que aprovechará el tirón de ventas que puede suponer el famoso arqueólogo cinematográfico. Aunque la asociación de una prenda a un personaje de ficción no es algo nuevo, sino que la gran pantalla ha tenido poder sobre las ventas desde Clark Gable a Keanu Reeves.

Pero la cazadora de Indiana no es la única prenda del personaje que se ha puesto a la venta. El sombrero, quizá la prenda más característica del famoso arqueólogo, también va a comercializarse, esta vez con un marcado acento español. El sombrero que el héroe luce en la última entrega de la saga ha sido diseñado por Adventurebilt y será la empresa sevillana Industrias Sombrereras Españolas (Isesa) quien se encargue de la fabricación de las réplicas. Las prendas sadrán a la venta con un precio de 150 euros y estarán realizadas en un tejido que será una mezcla de fieltro y piel de castor.

En esta ocasión, la llamada ‘Indy Jacket’ cuesta unos 1.200 euros, y tiene ese plus de «glamour» a prueba de todo tipo de aventuras, desde la búsqueda del Arca de la Alianza a la Calavera de Cristal. Pero ya que el personaje de Harrison Ford ha vuelto para dar su testigo al joven Shia LaBeouf, la firma de las Midlands también incluye en su catálogo la cazadora de cuero negro de su personaje, cuyo estilo «motero» es en realidad un revival de la que Marlon Brando convirtiera en icono en el filme Salvaje en 1983.

Dos años antes de aquello, el propio Brando había levantado las ventas de las camisetas con Un tranvía llamado deseo, al embutir en ella la rudeza pusilánime de Stanley Kowalski, que empapaba la prenda de sudor y transparentaba su torso mientras llamaba a gritos a Estela, su mujer. En 1954, James Dean también popularizaría la misma prenda, pero bajo la cazadora, como símbolo de los rebeldes sin causa.

Era, en realidad, el acto de reconciliación del mundo del celuloide con la industria de esta básica prenda, que había sufrido un mazazo en 1934 cuando Clark Gable, en el éxito sorpresa de Sucedió una noche, de Frank Capra, mientras se desvestía de espaldas a Claudette Colbert descubría a los espectadores que se podía prescindir de la camiseta interior. Así, la demanda de las mismas se desvaneció, aunque el contacto directo de la piel con la camisa no nació como lo que luego fue –un símbolo de virilidad- sino que el origen de tal moda se debió a que en las primeras tomas el actor de Lo que el viento se llevó (1939) no acertaba a quitársela con agilidad y la escena quedaba demasiado larga.

Casos como éste han provocado un doble interés: el de las firmas de moda hacia el cine y el de los productores de películas hacia la industria textil y, de esta manera, la adaptación del libro de Scott Fitzgerald El Gran Gatsby (1974), fue lanzada como un proyecto dispuesto a marcar tendencias. De hecho, uno de los pilares fundamentales de la promoción fue el exquisito look de Robert Redford y Mia Farrow, que recuperaba la suntuosidad que floreció en los felices años veinte y que, en efecto, logró una importante repercusión, pero que acabó por saturar al público antes de que se estrenara la película, lo que finalmente derivó un fracaso comercial.

Pero la influencia del cine no sólo repercute en las ventas de las prendas, sino que éstas incluso, han llegado a tomar su nombre de la película que las hizo populares. Tal es el caso de la rebeca, una chaquetilla de lana fina abotonada hasta el cuello que Joan Fontaine llevaba en la película de Alfred Hitchcock del mismo nombre. Fue tal el furor que causó en nuestro país, que quedó bautizada para siempre de esta forma en España, a pesar de que el personaje que interpretaba Fontaine no se llamaba así.

También ha quedado para siempre llamar a los guantes largos estilo ‘Gilda’ desde que Rita Hayworth se quitó uno de ellos durante la canción ‘Put the blame on mame’ en 1946; También la firma Hermés bautizó uno de sus bolsos como Kelly, en honor a la actriz y luego princesa Grace Kelly, y Lana Turner se quedó durante los primeros años de su carrera con el apodo de «la chica del jersey» por lucir esta prenda en El cartero siempre llama dos veces.

Eternamente asociado a una gabardina, Humphrey Bogart esperaba bajo la lluvia, enfundado en esta prenda, a una Ingrid Bergman que nunca llegaba a la estación de tren de París en la película Casablanca (1943), una secuencia que hizo que la gabardina y el actor quedaran eternamente asociados en la memoria colectiva.

También Faye Dunaway hizo que su película de lanzamiento, el clásico Bonnie and Clyde, pusiera de moda en 1967 la boina francesa entre las féminas, en su empeño por glamourizar la trayectoria criminal de una pareja que, en realidad, era bastante poco dada al cuidado estético.

Ya en los setenta, Annie Hall (1977) presentó a la mujer de pantalones anchos y corbata y en los ochenta, Tom Cruise se forjó como ídolo de masas gracias a una cazadora de aviador y a unas gafas de sol de la marca Ray Ban en Top Gun (1986). La misma firma sacaría años más tarde, en 1999, toda una línea de modelos basada en el Neo, Morfeo y Trinity, los tres protagonistas de la película Matrix, de los hermanos Wachowski, un filme que a su vez rescató el look gótico pero adaptándolo a la era de lo cibernético.

No solo el cine marca tendencias, tal y como hemos podido comprobar, el fenómeno se ha extendido a la televisión y, en ese formato, la serie ‘Sexo en Nueva York’, ahora convertida en película se convirtió en un auténtico escaparate de moda en que no se puede perder detalle, incluso al mirar para abajo se descubren prendas que crean escuela, como los famosos tacones de aguja del diseñador español Manolo Blahnik, que luce Carrie Bradshaw, la protagonista del filme. Aunque a Blahnik, a estas alturas, no le hace falta ninguna aparición en pantalla para lograr un lugar en el firmamento de la moda.

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