El triple homicidio que conmueve a la Florida: tres amigos que fueron a pescar

Se comen 10 hamburguesas después de asesinar a tres hombres

"TJ" Wiggins tiene un prontuario de 230 imputaciones de delitos graves, con 15 condenas

Se comen 10 hamburguesas después de asesinar a tres hombres

El viernes 17 de julio de 2020, pasadas las 10:30 de la noche, había muy poca gente en el McDonald’s de Lake Wales, una localidad ubicada en el centro de la península de la Florida, Estados Unidos, unos 85 kilómetros al sur de Orlando.

En la ventanilla para pedidos desde el automóvil, el empleado vio acercarse un vehículo al carril y dijo mecánicamente:

—Bienvenidos a McDonald’s, ¿puedo tomar su orden?

En ese mismo momento, a 15 kilómetros hacia el sur, en el camino de tierra que da al lago Streety, en el pueblo de Frostproof, Cyril Rollins escuchaba las que serían las últimas palabras de su hijo Brandon, al que encontró acribillado.

No las entendía; apenas captaba fragmentos, sílabas. Brandon, que había salido a pescar con sus amigos Keven Springfield y Damion Tillman, lo había despertado con una llamada poco antes.

Pero al atenderlo no había escuchado nada,  como relata Gabriela Esquivada en Infobae.

—Brandon, dime. ¿Estás ahí?

—Socorro —oyó al fin, y de nuevo silencio.

Brandon Rollins, de 27 años, Keven Springfield, de 30, y Damion Tillman, de 23, son las víctimas de la masacre de Frostproof.

Los hechos sucedieron en Lake Streety Road, un camino de tierra en Frostproof, Florida, la noche del 17 de julio de 2020 (Polk County Sheriff’s Office)Se vistió como pudo y corrió hasta el lago donde solían ir los jóvenes.

Olvidó su celular en la casa. Al llegar vio dos camionetas —la de Brandon y la de Damion, reconoció— que lucían como un mal presagio, con las puertas abiertas en el medio de la nada de un camino de tierra roja, distinguibles apenas cuando las iluminaba con los faros de su automóvil.

—10 hamburguesas dobles con queso y dos McPollos —dijo entonces Robert Wiggins, en el drive-thru del McDonald’s. Lo acompañaban solo dos personas más, pero tenían apetito, o estaban nerviosos, o las dos cosas: se los acusa de haber dejado los tres cadáveres a orillas del lago Streety.

A su lado, su hermano “TJ” —la persona que había disparado la lluvia de balazos, según la policía del condado de Polk— asintió. Y agregó, dirigiéndose a Mary Whittemore, su novia, sentada en el asiento trasero, y a Robert:

—Nunca estuvimos allí.

Tony «TJ» Wiggins, de 26 años, su novia, Mary Whittemor, de 27, y su hermano Robert Wiggins, de 21, fueron detenidos por el triple asesinato (Polk County Sheriff’s Office)—¿Disculpe? —preguntó el empleado del McDonald’s, que no había logrado escuchar con claridad por el intercomunicador.

Terminaron la ceremonia del pedido —que si papas fritas o no, que si el combo tal o cual, que si ketchup o mayonesa, que si bebidas extragrandes o normales— y avanzaron hasta la ventanilla donde pagaron y retiraron su comida.

Regresaron al parador de casas rodantes donde vivían, estacionaron el vehículo que les había prestado una familiar de los Wiggins, y cenaron más o menos a la misma hora en que los paramédicos recogían los tres cuerpos en Lake Streety Road.

El sábado siguiente al triple homicidio, el sheriff del condado de Polk, Grady Judd, decidió ofrecer una conferencia de prensa en la misma escena donde habían sucedido los hechos: el caso había comenzado a resonar en la prensa de los Estados Unidos.

“Este es Lake Streety Road, y es lo más lejos que se puede llegar en estos bosques”.

“Es una zona tranquila. Hay un lago hermoso en el que tres amigos muy cercanos vinieron a pescar anoche. Y los tres están muertos. Fueron asesinados. Peor que eso: masacrados”.

Brandon Rollins, de 27 años, Keven Springfield, de 30, y Damion Tillman, de 23, son las víctimas de la masacre de FrostproofDio sus nombres, previa autorización de las familias; estableció una secuencia de hechos (que luego fue corregida) y pidió la cooperación de los vecinos.

Había una línea para pistas anónimas, había una recompensa de USD 5.000 (que pronto creció a USD 30.000) por información veraz.

“Es algo horroroso”, dijo Judd.

 “He estado en muchas escenas del crimen, y esta se clasifica entre las peores”.

No se hallaron indicios de que se tratara de una operación de drogas que se hubiera descarrilado; las familias tampoco podían imaginar un móvil para el asesinato de tres jóvenes —Tillman, 23 años; Rollins, 27 y Springfield, 30— que no tenían dinero ni enemigos. Parecía un asesinato múltiple sin sentido.

O había una historia oculta. Para eso pedía la cooperación de la comunidad, un área rural de 3.200 habitantes en la que todo el mundo se conoce.

La línea para pistas anónimas y el teléfono del sheriff comenzaron a repetir un nombre: Tony, o “TJ” Wiggins.

—Pero ¿usted tiene algún dato concreto? ¿Usted lo vio? —preguntaban los policías.

«TJ» Wiggins tiene un prontuario con 230 imputaciones de delitos graves, al que ahora se le suma el homicidio, que en Florida puede tener la pena capital (Facebook)—No, no pero…

“En esta pequeña comunidad, él es el sospechoso principal para cualquier cosa”, diría luego Judd en su última conferencia de prensa, en la que anunció la detención de los hermanos Wiggins y de Whittemore.

“A los 26 años, acumula 230 imputaciones de delitos graves. El primero lo cometió a los 12 años. Actualmente está libre bajo fianza por romperle el brazo a un hombre con una barreta. Robo a mano armada, hurto, agresión con lesiones, resistencia a la autoridad, golpes a un anciano… Es salvaje y hostil”.

Eso, sin embargo, no constituía una base razonable para interrogarlo. Entonces uno de los investigadores encontró cerca de la escena del crimen una bolsa de la tienda Dollar General con un recibo.

La cámara de seguridad mostró a Tillman haciendo una compra; mientras esperaba para pagar, alguien le hizo un comentario. Tillman se dio vuelta, tuvo un intercambio aparentemente amable, y entonces la persona entró en el cuadro de la cámara: era “TJ” Wiggins.

La cámara de seguridad de la tienda Dollar Store mostró a Damion Tillman (junto a la caja) conversando con «TJ» Wiggins (Polk County Sheriff’s Office)El empleado que los había atendido los recordaba: Damion —sabía quién era, solía comprar allí— le había dicho al hombre, que se apuró a pagar detrás de él, que iba a ir a pescar al lago, donde se encontraría con Springfield.

Todos se conocían. Pocos se llevaban bien con “TJ”: “Siempre fue difícil, desde que era un chico”, dijo luego, llorando, la madre de Brandon Rollins. “No podía dejar de pensar en que había sido él”.

Al salir de la tienda —eran las 9:56 de la noche del viernes 17 de julio— “TJ” le dijo a Robert, que conducía, que quería pasar por el lago Streety antes de regresar al parador donde tenían su vivienda precaria, una suerte de casa rodante que nunca conoció la carretera, sin agua corriente ni electricidad, por lo cual dependían de un generador.

Los muertos no eran más prósperos. De hecho, las páginas en las redes sociales de las víctimas y de los asesinos muestran un estilo de vida similar: los cortes de pelo, los tatuajes, las barbas se parecen; en las fotos hay bebés en espacios humildes; las camionetas podrían ser intercambiables.

Todos vivían en la zona que va de Frostproof a Lake Wales, que si fuera un círculo tendría 20 kilómetros de diámetro. La oficina del sheriff invitó a la comunidad a donar dinero para los funerales de Rollings, Tillman y Springfield.

Frostproof, una pequeña localidad rural en el centro de la península de la Florida, está a unos 100 kilómetros al sur de Orlando—Si alguien tiene la intención de ayudar a estas personas a enterrar a sus seres queridos, será muy apreciado. Porque no hay nada peor que tener que enterrar a un hijo, excepto tener que enterrar a un hijo y no tener dinero.

Robert, de 21 años, obedeció a su hermano mayor y manejó hasta Lake Streety Road, donde se divisaban las camionetas —roja la de Tillman, blanca la de Springfield— de los amigos que habían ido a pescar: Tillman había llegado solo, los otros dos, juntos.

Mientras “TJ” se bajaba, Brandon hacía lo mismo, del asiento del acompañante de la pick up blanca, y apuntaba una linterna para ver quién estaba detrás de ellos.

El camino de tierra no era un sitio por el cual la gente pasara de pura casualidad.

“TJ” se le tiró encima y lo empujó contra el vehículo, según la policía. Sacó un arma, una Smith & Wesson de 9 milímetros, y le apuntó a la cabeza mientras le preguntaba:

—¿Dónde está Keven?

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