Menudo historia.
La Guardia Civil ha desarticulado una organización criminal a la que se le atribuye la autoría de una estafa piramidal millonaria, además de los delitos de apropiación indebida, blanqueo de capitales, falsedad documental, y pertenencia a organización criminal. Lo tiene todo, hasta el nombre del operativo: ‘Operación Oportunidad 2020’.
Se trata de un grupo que operaba en Alicante, con diez personas ya detenidas y entre ellas a su ‘famosa’ lideresa: la conocida como la estafadora histórica. Con esta pinta sirve ya mismo para un capítulo de Equipo de Investigación o para una serie española sobre mafias…
Esperen, que la historia mejora. La mujer en cuestión padece una minusvalía física por la que necesita hacer uso de silla de ruedas y es dependiente, pero lo mejor de todo es que se hacía pasar por hija ilegítima de Franco o del Rey Emérito. Se ponía nombres como Mercedes de Lanas Chivite y Borbón…
Así se ganaba la confianza de la gente y obviamente le servía para mantener un alto tren de vida: contaba con más de quince empleados que desempeñaban todo tipo de servicios personales para ella.
Ocho registros, 60.000 euros intervenidos en efectivo, joyas valoradas en 50.000 euros, dos vehículos de alta gama, y gran cantidad de aparatos de tecnológicos. De igual manera, han sido bloqueadas hasta una decena de cuentas bancarias empleadas por la organización para blanquear los beneficios que obtenían.
El diario La Razón explica el suceso:
Los integrantes de este grupo criminal buscaban en Internet propiedades inmobiliarias de diverso tipo en venta. Después ofertaban su adquisición a potenciales inversores como una ganga, aproximadamente al 20% de su valor en el mercado, y lo presentaban como una gran oportunidad de mercado. Si estos estaban interesados, debían formalizar una reserva inmediatamente, sin ni tan siquiera visitar la propiedad.
Una vez que la víctima se decidía a realizar la compra, el grupo criminal formalizaba la reserva de la propiedad con la inmobiliaria o promotora que realmente estaba publicitando la venta, para garantizarse el dominio temporal, mientras los estafados les abonaban el total de la propiedad inmediatamente.
El supuesto precio de las viviendas, oscilaba entre 25.000 y 40.000 euros. Cuando los autores cobraban, la adquisición del inmueble no se materializaba, y desaparecían sin devolver a la víctima lo que les había pagado. Empleaban identidades ficticias o usurpadas a terceros para cometer los diferentes delitos.
La organización funcionaba a la perfección por la cabeza pensante, la supuesta hija legítima de Franco, a la que los investigadores conocen desde hace más de dos décadas y que ya ha cumplido penas por otras estafas.
