El 15-M y los disfraces

Me llega uno de esos mensajes de Internet que expresan el inmenso cabreo de aquello que se llamó el pueblo, hoy consumidores. La proclama, escrita sobre un paño negro y colgada en una pared 15-M, dice: “¿Cómo quieres que el Estado solucione tus problemas; si el problema es el Estado?”. Más allá de no saber la diferencia entre un punto y coma y una coma, se trata de un lema de inequívoco sentido anarcoliberal. En lo mejor del movimiento 15-M subyace esa visión del Estado como enemigo y explotador de los individuos, predio de una casta usurpadora escudada tras la democracia. Lo curioso es que los sindicatos y la izquierda apoyan estas consignas, sobre todo los comunistas plurales, que no sé muy bien quiénes serán, porque si hubo algún partido en la historia monolítico y sometido a dictadura singular, llamada centralismo democrático, fue el comunista. El Estado total(itario) fue su gran creación, compartida con el nazifascismo y el socialismo en general. Nada ni nadie es ya lo que dice ser. La derecha, dícese que liberal, sube los impuestos y es incapaz de desmontar los estados autonómicos rebeldes que cierran centros de salud mientras siguen financiando embajadas. Los comunistas, los sindicatos y la izquierda se manifiestan partidarios de los lemas anarquistas, que, de triunfar, acabarían con ellos los primeros. Por eso, los comunistas se las apañaron siempre para acabar antes con los anarquistas que con la misma derecha. Y este batiburrillo imposible, esta fiesta de disfraces, se presenta como la última esperanza de los desheredados. Pobres los pobres, eternamente ajenos a ese juego de la conquista del Estado, ese teatrillo de pancistas de uno y otro lado del que siempre se quedaron fuera.

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