Zapasánchez

Hoy ya no hay duda: ha vuelto. Como si un ensalmo, una maldición, una ´fatwa´ nos hubiera condenado para toda la eternidad a estar gobernados por él y sus máscaras. Vuelve porque nunca se fue. Contra lo que nos viene contando, a ver si nos despistamos, las recientes elecciones no nos llevaron a ningún laberinto. Fueron un sarcasmo, una socarrona burla de esa nueva política que esperábamos, cuando sus resultados nos dejaban donde siempre: en manos de los nacionalistas. El único modo de esquivar este destino secular de las Españas, condenadas a soportar a sus hijos tiranos, era un pacto entre los grandes partidos, entre las dos Españas, que acabara con el chantaje de los parásitos. Y, también como siempre, a pesar de las advertencias de Azaña y la experiencia de las traiciones a la República, la izquierda ha escogido viajar por el camino contrario a lo que dicen ser su esencia, la igualdad entre españoles, para dejar que las periferias ricas sigan sangrándonos a los territorios pobres.

Eso será todo. No se engañen: ZP ha vuelto. Él inició la demolición del PSOE y Zapasánchez la terminará. Desde que acuchillaron a la generación de Felipe, el PSOE sólo produce Zetapetas, Caligulillas sectarios, mientras Andalucía duerme su sueño de Eres y la Califa no quiere dejar un poder seguro para atrapar ciento volando. De nuevo aquella misma ambición y necedad hacen creer al líder que podrá embridar a las fuerzas del odio y a esas maquinarias xenófobas que se sostienen sólo por nuestra condición de mercado cautivo y los formidables beneficios que obtienen de su posición dominante.

Y son insaciables. Ahora volverán a succionar recursos e inversiones gracias a su apoyo al nuevo figurón. Los unos recaudarán para seguir construyéndose el Estado anhelado, pero sobre todo para repartirse cargos, sueldazos, comisiones y evitar la cárcel. Se abstendrán o prestarán los diputados necesarios. En realidad, no será un préstamo sino una devolución. A cambio, les reconocerán ´singularidad´, como a la madrastra de Blancanieves ante el espejito mágico de ´Madrit‘. Nos venderán confederación y prácticas soberanías, camufladas en el disfraz federal, en una de las estafas más desvergonzadas de nuestra historia triste.

Zapasánchez e Iglesias, por su parte, además de poder jugar a las revoluciones -prohibir los toros, la caza, el catolicismo, las procesiones y el Madrid-, les cederán impuestos hasta resultar, de facto, un concierto fiscal. Las regiones ricas serán más ricas. Reformarán con todo ello los estatutos y los conformarán con un referéndum, que ya no tendrá que ser nacional, y la pasta. Mercado asegurado para mis productos y mis impuestos para mí. Perfecto. Y hasta puede que les aseguren que Villar seguirá y el Barça brillará goleando a los españoles eternamente.

Mientras, los otros se llevarán a sus asesinos presos, los soltarán poco a poco sin haberse siquiera excusado ni haber entregado las armas, y les pondrán sus nombres a las calles, que aquí los criminales tienen calle según el frente desde el que hayan disparado. Consolidarán el concierto económico, que es lo importante, y alguna otra cesión simbólica, para que quede claro que ellos ganaron y España perdió.

El resultado no podía ser otro, porque a todos les conviene. Y esto es como los crímenes de las novelas clásicas: ¿A quién beneficia el desguace de España? Esos gobernarán. Es el mismo pacto de siempre. Y hay botín para todos.

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