DOS TREINTA AÑOS Y UN QUINQUENIO

Dos treinta años en rostro tengo, y tramo
que tamiza otro más quinquenio, en cuerpo.
Es mi talud de tajos que del tiempo
al tambor voy tocando; y aún te amo.
De todo lo anterior, lo más repleto
de tiempo es el hipérbaton que exclamo
al final del cuarteto, en que proclamo
que aún, después de tanto, es lo más cierto.
Después de tanto, luego y ante todo,
digo que amor tamaño es destacable
de mis dobles treinta años, y este el modo
de celebrar toda atalaya amable
de tantos años del amor. Periodo
que si otros treinta hubiera me fuera deseable.
Juan Pablo Mañueco.
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