Castilla y la Castellanidad (Breve Hª de Castilla)

Del Prólogo de «Breve historia de Castilla»

 

Castilla y la Castellanidad

 

 

HACE AÑOS, A COMIENZOS de los 80 del siglo XX, una generación de intelectuales castellanos se enfrentó a esta misma cuestión y llegó a unos acuerdos que les permitieron avanzar en un terreno ambiguo cómo es el de los límites para cualquier territorio del mundo: tanto sea el de una parcela rústica como los del Sistema Solar.

Aquella generación de intelectuales de los años 80 acordó que había que diferenciar entre dos conceptos “Castilla” y “Castellanidad”.

Castilla, a la hora actual, consideraron que es la suma de aquellas tierras donde se habla la lengua castellana y con acento castellano, el cual, a menudo, pasa por ser la ausencia de acento.

El resto de territorios españoles o ultramarinos donde se habla castellano o español, pero con acento distinto al castellano y que han participado y participan de la historia, cultura y civilización castellana no son Castilla, sino la Castellanidad.

Este doble concepto sirve para diferenciar a Castilla de Andalucía, de Canarias, de Argentina, de México, de Cuba, de Filipinas o de California: todas las tierras de la segunda parte de la enumeración son Castellanidad, no Castilla.

La  Castellanidad  debería aceptarse como concepto útil y válido, al igual que en su momento el vasco, muy poco comprensivo y menos amigo de Castilla Ramiro de Maeztu, si no acuñó él, sí promocionó personalmente el concepto de Hispanidad, que luego hizo fortuna por diferentes razones, sobre todo durante el Régimen de Franco.

El concepto de Castilla, por su parte, sirve para agrupar a las tierras que hablen castellano con acento castellano, dentro de España…

Eso es “Castilla” desde un punto de vista cultural, por encima de las fronteras políticas coyunturales, ya sean tres, cinco o diez las rayas o fronteras desde un despacho que quieran trazar las élites políticas sobre la nada de sus caprichos o de las órdenes superiores recibidas por ellos y sustentadas en la ausencia de argumentos, inexistentes para justificar tales mapas artificiales.

Dicho criterio de los intelectuales de los años 80 proporciona como ámbito de estudio y de actuación de lo castellano el que ya había sido entendido como espacio propio de Castilla por otros grupos de intelectuales del siglo XX y XIX.

Y es también al nos referimos, esencialmente, en este libro como Castilla: la Castilla nuclear o fundamental, definida a la fecha de hoy como una cultura unitaria, que comprende, las dos Castillas, Vieja y Nueva, y las provincias de León, Zamora y Salamanca.

Palencia, Valladolid, León y Zamora se hayan perfectamente ensambladas e incardinadas entre sí, hasta el punto de configurar las cuatro una misma indisoluble comarca: la Tierra de Campos.  Mientras que Ávila y la comarca de Béjar en la provincia de Salamanca están vinculadas desde el momento de su reconquista y Salamanca es la ciudad y la Universidad sin la que no serían comprensibles los Siglos de Oro de la cultura castellana.

A esa Castilla nos referiremos en este libro: a las 17 provincias formadas por las históricas denominaciones de Santander, Burgos, Logroño, Soria, Segovia, Ávila, Valladolid, Palencia, León, Zamora y Salamanca. Y ya al otro lado del Sistema Central: a las de Madrid, Toledo, Ciudad Real, Albacete, Cuenca y Guadalajara.

Naturalmente, cuando se tenga que aludir a hechos históricos ocurridos en la Castellanidad se hará referencia a ellos, por supuesto, pero sabiendo que lo esencial de este estudio está en la Castilla primaria así descrita.

«Breve historia de Castilla», 2019
 

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Juan Pablo Mañueco

Nacido en Madrid en 1954. Licenciado en Filosofía y Letras, sección de Literatura Hispánica, por la Universidad Complutense de Madrid

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