No hay nada como ver el cine en esas pantallas gigantes con un sonido envolvente y a oscuras. Es un mundo mágico que no se puede comparar con verlo en la tele.
Pasas de disfrutar de lleno de una película a que te rompan constantemente el ritmo con la publicidad, el móvil, el niño que quiere agua o el vecino que se ha quedado sin sal. Por no hablar de los plasmas, que permiten ver bien la tele desde una única posición, y eso si no hay reflejos de ventanas que es lo más común.
El sonido es caso aparte, porque nos hemos acostumbrado a oír las pelis como si fuera por un tubo, perdiendo todos los matices del audio. Vamos, que el increíble esfuerzo de cientos de profesionales del cine para hacer de cada cinta una pequeña o gran obra de arte se queda en unas imágenes de entretenimiento donde se pierde constantemente el hilo del argumento y rara vez se llega al final.
Entonces, ¿por qué se va cada vez menos al cine y se ve más por televisión? Puede ser la dichosa crisis. Hoy ir al cine con unas palomitas y un refresco viene a costar unos 15 euros, y si tienes familia numerosa, a multiplicar. Nosotros somos siete, lo que supone que ir al cine son unos 100 €, 16.000 pesetas de antes. Casi nada. De pequeño recuerdo que mi padre me daba 7 pelas para ver dos pelis en el cine Montija, El Palacio de las Pipas, y por poco más tomaba un bocata de calamares y un Ryalcao. La diferencia es abismal.
Todo esto ha supuesto la aparición de canales cuya programación es sólo cine, especialmente La Sexta 3, Paramount Channel u 8 Madrid, y que cada vez tengan más audiencia. Por mucha imaginación que pongan en el contenido de programas de televisión, una buena película siempre es una opción interesante.
Se ve y se oye mil veces peor, pero no cuesta casi nada, y eso hoy en día se tiene muy en cuenta. La solución ya la están aplicando algunas salas que ofrecen interesantes descuentos. De hecho, acaban de hacer una apuesta por poner el ticket a 2´90 y había colas en todas las salas, lo que quiere decir que a la gente en general nos encanta el cine, pero debería ser más barato.
El gobierno tendría que apoyar a la industria del cine con medidas económicas dinamizadoras y exentas de impuestos, y no machacarla como está haciendo. Los gobiernos que no apoyan su cultura son pasto del odio de la población. Y el cine no es una excepción.
Lo importante es que los amantes del cine podamos introducirnos en ese paraíso negro que te permite ser feliz durante 100 minutos, aunque el resto del día suela ser una realidad mucho más aburrida y estéril.