Kremer de Seda

Carlos Pecker Pérez de Lama

La Ansiada Reconquista

Por fin, con el amanecer del año nuevo, suenan las zanfoñas, los laúdes y los olifantes anunciando la ansiada reconquista en la noche gloriosa, tensa y magnífica del 6 de enero.

Los fornidos héroes vuelven después de la guerra perdida con el toro azul desalmado, que les echó de sus tierras en un maldito día de diciembre. Han reconstruido sus armaduras y afilado las fieles espadas para volver a la gran batalla, la que va a dividir definitivamente a vencedores y vencidos.

Del norte empieza la cabalgada feroz hacia un sur temido y temible, con muchos más hombres, pero con muchos menos guerreros. Bajo el férreo mando de Josep I el Conquistador, se inicia la cruzada que cambiará el rumbo de la Historia para siempre. Buscó apoyo primero en los representantes de la cruz divina, que le dijeron: “Tú eres Pedre, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia”, pero Josep I prefirió el soporte de los que le daban pura nitroglicerina para empuñar las armas.

Por Galicia descienden las tropas de Siro I el Batallador, el primero que tiende la mano a Josep I, con su hijo Siro II, el que peleara antaño con los energycos tikitakas.

Por Cataluña se unen los descendientes de Wifredo el Velloso: Carme, Quim, Fité, Carazo y Gallardo el Misterioso, que recompone constantemente su armadura.

Por la vieja Bracara Augusta se añade la infantería comandada por Damián el Buenas y el veterano Iñaki Cano.

Y por Bardulia llegan también los conocidos jinetes blancos: Roncero el Indomable, Duro el Pintas, Sánchez, Sainz y Buyo el Bizarro.

Del extranjero se apuntan las tropas especiales de Hermel el Franchute, y desde más allá de los mares las de D´Alessandro el Tácticas y Gatti Pecho Desnudo.

De Cangas de Onís bajan dos generales que ya pisaron juntos la tierra verde de la batalla, Guti y Benito, a los que su ejército conoce como los Bichitos.

Por el Valle de Mena aparece un solitario soldado, Pipi el Impetuoso, con las últimas noticias sobre el enemigo. Le acompaña Irene Junquera, predecesora de Isabel la Católica, que también agarró con fuerza su puntiaguda lanza.

Y por el resto de lo que luego fuera España avanzan Nacho Peña, que reúne a sus soldados en la puerta 55 del Castillo de Santiago, Zarek el Bárbaro, Borja Mazarro, Diego, David y Echave el Maño, que se une desde Aragón a pesar de tener una pierna quebrada.

Yo mismo levantaré el acero del hacha y la bola claveteada de la maza para luchar en esta sublime contienda por ganar por fin la libertad robada.

El 6 de enero está prevista la última batalla, cuando lleguen los Reyes Mágicos a la esplanada, y allí se unirán todas las fuerzas de Hispania. Al filo de la medianoche, cuando Abderramán Conejo Blanco, Yusuf el Gusano y Muhammad Bigote Largo alcen el filo curvo de su cimitarra, se encontrarán de frente al mejor ejército cristiano dispuesto a ganar la guerra sagrada.

Pero por ahora reponen fuerzas en su chiringuito sacro, bajo la mirada atenta de Josep I, en busca de una reconquista épica que, pase lo que pase, no olvidaremos jamás y quedará marcada a sangre para siempre en nuestros vigorosos corazones.

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