Estuve realizando durante muchos años el programa El Gato al Agua en Intereconomía, con Antonio Jiménez como moderador, y todos los técnicos comentábamos a menudo que los tertulianos se pasaban muchas veces de rosca. Lo mismo opinaban una gran mayoría de periodistas y políticos epatados por el tono de determinadas declaraciones que se soltaban en el programa.
Pero viendo el camino que van tomando otros debates políticos nocturnos me parece que han dejado a El Gato al Agua como un programa ligero y respetuoso. Algo parecido pasó con Tómbola, emitido en varias cadenas autonómicas, que fue un formato novedoso de prensa rosa que al principio pusieron a caer de un burro, cuando todo lo que vino después lo convirtió casi en un clásico, muy «blandito» comparado con los programas, tertulianos y comentarios que llegaron más tarde y que todavía perduran en alguna cadena, y con bastante éxito por cierto.
Ahora se insultan a la cara sin control, comentan cosas personales de otros tertulianos, se dicen auténticas barbaridades sin pensar, se echa a los tertulianos del plató, se permiten críticas machistas u homófobas e incluso aparecen espontáneos como Pedro por su casa en medio del programa.
Quizás la diferencia entre El Gato y otros debates más de moda actualmente es que el programa de la cadena del toro estaba más inclinado a la derecha y otros se inclinan más hacia la izquierda, que ahora parecen más interesantes por tener el país un gobierno más conservador, o no. Y yo me pregunto, ¿cuándo se va a enterar la gente de que todo esto de derechas e izquierdas es una pantomima?. Tan solo se aprovechan las televisiones de esta venta ficticia de diestros, siniestros y ambidiestros para poder vender más contenidos y enfrentar a sus invitados a una batalla nocturna casi siempre demagógica y sin salidas, para que la aburrida audiencia apoye a un personaje que parece diseñado por ordenador y clamar venganza contra otro que es prácticamente lo mismo, aunque envuelto con otro papel couché de color azul o rojo, que da igual.
Son demasiadas veces las que he escuchado en bambalinas a un contertulio decir a otro «entonces yo apoyo esto y tu lo contrario», buscando el enfrentamiento ficticio que tanto gusta a los sufridos espectadores.
A ver si se hace un periodismo de verdad que muestre información veraz y contrastada, que se base en el valor real de las personas, no en muñecos teledirigidos, ofreciendo soluciones a los tremendos problemas que tenemos en este país de sifón y pandereta. Estos coloquios «circenses» no llevan a nada, excepto a lo que son: un entretenimiento para irse cabreado a la cama.
Si algo positivo ha tenido esta larguísima crisis es enterarnos de que hay golfos y sinvergüenzas en ambos bandos, y que lo que más necesitamos son las buenas personas que tratan de ayudar por encima del color de su chaqueta, y aun así, siempre te siguen intentando engañar con su eterno debate izquierdas-derechas, sencillamente porque les interesa y funciona. Yo ya no me creo nada, ¡si incluso los que parecen más legales escapan de la policía!.