Una delicia de película basada en una reunión de 5 amigos que se reúnen en una terraza de La Habana, Cuba, para compartir las vivencias de un compañero que se fue a trabajar precisamente a España y ha vuelto de su largo exilio de 16 años.
Los diálogos fluyen y se van creando poco a poco entre sus personajes, descubriendo que cada uno tiene un ángel y un demonio dentro, excepto la madre de Aldo, quizás el más duro de todos, que cocina despreocupada unos ricos frijoles con arroz.
A mi este tipo de películas me encantan, te hacen pensar, llorar y reír. Desde el inicio estás sentado a su lado, en esa butaca vieja de camioneta, bebiendo el mismo trago de ron de caña que insiste en medio de la escueta mesa. Escuchando aquel casete portátil que reproduce la música de sus momentos más inolvidables.
Su director, Laurent Cantet, monta planos de una manera magistral, buscando la expresión y la profunda mirada de los actores, casi todos con un pasado rebelde y artístico, pero con un presente lleno de remordimientos. El guión se basa en «La novela de mi vida», de Leonardo Padura.
Es duro ver cómo el paso del tiempo ha ido derrumbando sus teledirigidos ideales, convirtiéndoles en una fase terminal de desencanto, pero con una luz de esperanza que anida en el fondo de cada uno de manera diferente.
Es un film que debes de ver y luego, como hicimos nosotros, probar la ropa vieja, los frijoles o un pastel de coco. Yo le hubiese sumado un mojito cubano.
5*****