
Un film discreto pero resultón, especialmente por la actuación de un alocado Francois Cluzet, que interpreta a un hombre maduro abandonado por su mujer y arruinado, al borde de cometer cualquier disparate, cuando un grupo de amigos le dan una fiesta sorpresa que se convierte en unas secuencias de constante tensión y variopintas relaciones entre ellos.
«Pequeñas mentiras para estar juntos» es una secuela, dirigida también por Guillaume Canet, con la que pasas un buen rato, con situaciones cómicas pero otras verdaderamente dramáticas.
2½ ★★½