Vivimos en un tiempo de recuerdos y añoranzas históricas. Ahora, setenta años después, unos y otros quieren ganar nuestra incívica Guerra Civil. Ahora también, pasados siglos y siglos, unos y otros se pelean por saber si la “Tizona” que se conserva en Burgos perteneció o no a nuestro Cid Campeador. Sólo nos faltaba ya qua hayan vuelto los piratas. Aunque éstos no son flamencos ni ingleses (¡la Pérfida Albión!), sino que provienen de la tierra de las hamburguesas y el “soccer”.
La verdad es que cuando, de pequeño, leía tebeos de piratas y corsarios, mi imaginación me llevaba a lejanos mundos dominados por hombres de voz ruda, con parche y loro incluidos, en busca de infinitas aventuras. Sin embargo, los piratas del siglo XXI no son como yo los imaginaba. Estos del “Odyssey”, que campan a sus anchas por la añorada Gibraltar, en busca del oro de nuestros antepasados, no llevan parche ni tienen un loro sobre sus hombros. Sólo son una empresa norteamericana que busca oro sumergido, ayudándose de máquinas y robots teledirigidos. ¡Qué decepción!
Creo que, visto lo visto, lo mejor es dejar cada cosa en su sitio. Es preferible que los tercios requetés y los brigadistas internacionales ocupen las páginas de los libros de Bachillerato a que lo hagan en las de los periódicos de cada día. También será más inteligente no mover al Cid del lugar que ocupa. Dejémosle venciendo batallas después de muerto, con su “Tizona” y su Doña Jimena.
