
Una de las mejores cosas que existen es pasear por Madrid. Sobre todo de noche. Y mucho más cuando estás triste.
La oscuridad cubre la angustia y te transplanta a la armonía, a la paz interior. Ante la Cibeles, de madrugada, helado de frío y sin nadie conocido a tu alrededor, es cuando mejor puedes reflexionar sobre lo que te está sucediendo. Bajando hasta Neptuno es como puedes echar cuentas con el destino y tratar de dilucidar la causa por la que lo que ayer era blanco, hoy es negro. Ya en Atocha, estáis Madrid y tú. O yo, en este caso. Oscuridad, melancolía, Madrid. Nadie como ella puede entender tus frustraciones, tus anhelos perdidos, tus sueños rotos.
Tengo frío, estoy cansado, reflexiono. Pero sé que mañana será mañana. Sé que mañana llegará la luz, el sol. Sé que mañana Dios me regalará otra noche para pensar en Madrid.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
