La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

La última noche de Ana

“Ha llegado la hora de poner fin a esta mierda”, se dijo Ana mientras las lágrimas desfilaban sobre sus mejillas. El último cliente de la noche se había ido hacía ya un rato y los efectos del gramo de cocaína que se acababa de tomar comenzaban a hacer sus efectos. Tirada sobre la cama, una chica de 20 años se quería morir. Ana se iba a suicidar.

“Soy puta y yonqui, vivo en un piso horrendo junto a tres desconocidas… nadie me respeta… soy una mierda”. Estos pensamientos bombardeaban la mente de Ana. Recordaba su vida hace cuatro años. Pensaba en el disgusto que su madre se llevó cuando se fue de casa con Juan. “Sólo tenía 16 años, era una niña. ¡Cómo iba a saber lo desgraciado que sería aquel cabrón! Estaba tan enamorada de él…”.

El ambiente en la habitación estaba cargado. No quería morir oliendo el sudor del último desconocido que la había tomado y que no había tenido la delicadeza ni de preguntarle su nombre. “Soy Ana, joder, ¡Ana!”, gritó la joven morena mientras abría la ventana del motel. Sólo un vendedor de cupones dirigió sus ojos vacíos hacia a la chica. El resto de los paseantes, enfrascados en su camino hacia ninguna parte, siguieron sin mirar atrás.

Se tumbó sobre la cama, aún semidesnuda. Cogió una cuchilla de afeitar. Levantó su mano izquierda… y paró de repente el negro ceremonial. Miró el móvil y se puso a llorar. Fue un acto reflejo. “¿Por qué he hecho esto? ¿Por qué he mirado el móvil? ¿Quién espero que me llame?”. Así, sin saber cómo, se acordó otra vez de su madre. Sabía que, en el fondo, esperaba su llamada. Pero ya era tarde. Podía haber sido maravilloso, pero ya había llegado la hora de la muerte.

“O no”. Siguiendo el primer impulso, cuatro años después, llamó a casa. Una mujer descolgó al otro lado el auricular. Tras unos segundos de silencio, oyó: “Mamá… soy yo”. La respuesta que siguió, apasionada, estallante, feliz, fue: “¡¡Ana!!”.

Esa fue la última noche en que Ana no se sintió querida y respetada.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

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