La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

Estambul, la espiritualidad

Concluyendo esta especie de trilogía sobre mi experiencia en Estambul, abordo al fin el tema de la espiritualidad, uno de los más importantes para mí a lo largo de todo el viaje. Sin duda, lo que más me impresionó de esos maravillosos ocho días fue la fe latente en toda una sociedad. Siempre que pude busqué sentir una experiencia espiritual que ya sabía guardaría en mi retina y en mis oídos el resto de mi vida. Por suerte, pude presenciar las oraciones de musulmanes, ortodoxos y católicos (lamentablemente no encontré ninguna sinagoga). Y de todos ellos saqué mis propias conclusiones.

En primer lugar, el Islam. El hecho de escuchar cinco veces al día la llamada a la oración desde el minarete de cualquier mezquita me ponía los pelos de punta. Tuve la suerte de introducirme en varios templos islámicos y presenciar en directo algo para mí absolutamente desconocido. La paz, tranquilidad y serenidad que infundían todas las mezquitas me motivaban a rezar mis particulares oraciones, entre las que estaba el Padrenuestro. En ningún momento sentí que pudiera estar haciendo algo malo por ello. De hecho, el ver a los musulmanes arrodillarse ante el mihrab, con la frente tocando el suelo, se me asemejaba bastante al momento en el que los católicos nos arrodillamos ante el sagrario o en el instante de la consagración. Un momento especial lo tuve cuando presencié su oración principal, la del mediodía de los viernes. En un primer momento quisimos presenciarla mis compañeros y yo en la majestuosa Mezquita Azul, pero nos negaron la entrada al tacharnos de turistas. Yo traté de explicarles que nuestra intención era espiritual, ecuménica, pero no hubo forma. Así, tras mi inicial disgusto, acabé entrando yo sólo en la primera mezquita de barrio que me encontré. Cuando me quité las zapatillas y me adentré en el templo la ceremonia ya había comenzado… y mi impresión fue enorme. En las oraciones ordinarias no había más de 20 0 30 personas, pero aquí la mezquita estaba absolutamente llena, con unos 400 fieles arrodillados en ese instante. Yo me situé al final del todo, en todo momento de pie, con el imán, al fondo, frente a mí. Admito que el ser el único occidental y el no repetir los movimientos simétricos del conjunto de los fieles me hizo sentir algo de miedo, puesto que no sabía si alguien se lo podía tomar como un desprecio; algo que no era así de ningún modo, ya que además de mostrarme respetuoso, realmente tenía un verdadero interés espiritual por ver cómo era la oración principal de los viernes en una mezquita. Al final, todo transcurrió con normalidad y pude sentir más de cerca una profunda religión, como es la islámica.

También pude disfrutar de partes de ceremonias de ortodoxos y católicos armenios (de rito oriental). Ambas me resultaron ciertamente parecidas: una liturgia muy cuidada, cánticos constantes, incienso a raudales, solemnidad en grado sumo y absoluta sensación de estar presenciando algo sagrado. Me llamó la atención de los ortodoxos el hecho de que la misa fuera de espaldas, en el interior de un altar cerrado que se comunicaba con el resto del templo a través de una especie de puerta. Así, cada cierto tiempo, el sacerdote salía a bendecir con la cruz a los fieles, que se persignaban constantemente.

El domingo, tras la misa ortodoxa, acudí con un amigo a una iglesia católica de rito latino. Mi sorpresa fue cuando al entrar comprobé que el conjunto total de los fieles eran negros; no ya por el color de su piel, que nada tiene de peculiar, sino porque en 8 días en Estambul sólo vi a dos negros… cuando allí estaban reunidos entre cien y doscientos. La misa era en inglés (mi nivel del mismo es paupérrimo), pero pude disfrutar igual con sus cantos de estilo gospel. La anécdota vino cuando al comulgar, justo delante del sacerdote, salió de un lado un hombre y nos detuvo poniéndonos la mano en el pecho y preguntándonos si éramos cristianos. Tras un inicial desconcierto, con todo el mundo mirándonos, mi inglés de Vallecas me llevó a decir, balbuceando: “christian catholic… from Spain”. Al final nos permitieron comulgar… aunque del susto me quedé más blanco que la pared. Pasé un mal rato, pero en el fondo veo bien que si tenían dudas se aseguraran de que no nos tomábamos a chacota el santo sacramento de la comunión.

Tras la misa, esa especial mañana de domingo se completó con un paseo por el barrio… que sin comerlo ni beberlo nos llevó a encontrarnos con un enorme contingente de unos 150 policías armados con escudos, porras y metralletas. Además había un tanque que contaba con una gran manguera de agua a propulsión. Puesto que dos días antes Turquía había invadido el Kurdistán iraquí, nos temíamos lo peor. Al final vimos llegar una pequeña manifestación de gente joven y con un aire festivo. Iban acompañados de niños y bailaban danzas típicas turcas. Tras preguntar a uno de los manifestantes la causa de la protesta, nos dijo que eran una agrupación vecinal que clamaban contra la pobreza. Así, frente a la policía (no podía comprender esa desmesurada reacción policial ante una marcha pacífica), nos metimos dentro de la manifestación, entusiasmados. Tras la lectura del manifiesto, cogí una de las copias manuscritas del mismo. Cuando después se lo enseñé a una amiga turca, ésta me informó que en realidad había estado en una manifestación “contra el imperialismo de EEUU e Israel”… ¡Toma castaña! Sé que esto no tiene nada que ver con lo espiritual y sí más con lo surrealista y el contraste de una sociedad compleja, pero no quería dejar de comentar un elemento que contribuyó a que viviera una de las mañanas de domingo más alucinantes de mi vida… en la ciudad más increíble.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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