La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

¿Por qué escribo de putas?

Son varios de mis amigos-lectores los que me echan en cara que sólo escribo “de putas, drogadictos y alcohólicos”, reclamándome que preste más atención a la gente “normal”. Sin embargo, y aunque suene a tópico, yo no sé qué es eso de la normalidad. ¿Qué es lo normal? ¿Ser moreno? ¿En España o en Alemania? ¿Ser católico? ¿En Polonia o en Irán?

Gracias a Dios el alma humana se compone de finos matices, que se entremezclan en un juego sublime. Será por mi carácter, pero entre lo monocorde, gris y homogéneo, me quedo con el arco iris que representa la naturaleza humana en su conjunto: plural, rica y diversa.

Sin embargo, a mí me gusta centrarme en mi contexto concreto, y no sólo en el mundo de la fantasía, allá junto a Peter Pan. Vivo en la España del siglo XXI. Pues bien, yo creo que los tiempos en blanco y negro, felizmente, ya pasaron. Ahora deambulamos en un país y en un mundo absolutamente diferentes. Vivimos más años, somos más altos, estamos mejor alimentados, tenemos más oportunidades en la vida y predomina la felicidad… O no. A lo mejor no miramos a nuestro alrededor, pues si observamos con detenimiento, si levantamos la alfombra de la comodidad, nos encontramos con cosas que no imaginamos y que a lo mejor no nos gustan.

Frente a lo que se pueda pensar, vivimos en un mundo en el que hay muchísimas mujeres que tienen la necesidad de prostituirse. A lo mejor no nos gusta oír hablar de las putas, pero éstas no dejarán de existir porque miremos para otro lado. No, no me resigno a colaborar en una situación como la que se desarrolla gracias a un negocio de cientos de miles de millones de euros al año y que se basa en tratar como simple mercancía el cuerpo y la dignidad de muchísimas mujeres.

Si la prostitución es uno de mis grandes temas recurrentes es porque ya que no puedo hacer nada práctico por evitar este gran cáncer, al menos aprovecharé este espacio público para denunciar lo que significa que alguien tenga que vender su cuerpo. Y, por supuesto, ya de paso aprovecho para decirle a todas esas mujeres que para mí no son personas repugnantes, de las que me tenga que alejar. Son personas, absolutamente nor-ma-les, pero cuya vida ha caído en el pozo de la tragedia. Como los alcohólicos o los drogadictos, sin ánimo de comparar.

Lo siento, pero no dejaré de escribir de putas. No mientras ellas sigan siendo las esclavas del siglo XXI. Si por algo admiro a Sabina es porque él, que tiene alma de poeta, sí sabe ver en los ojos de una puta el alma de una mujer y no la de una simple puta.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

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