La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

Willy Toledo, Hugo Chávez y ciertos antitaurinos. Entre fascistas anda el juego

No me gusta emplear el término fascista más allá de su significado real: la ideología totalitaria de ultraderecha que surgió en los años 20 y 30 del siglo XX en Italia y que, posteriormente, adquirió diversas y peculiares ramificaciones en distintos países y épocas. Sin embargo, puesto que hoy está extendido su uso para los totalitarismos en general, sean del signo que sean, lo utilizo aquí en esta ocasión. Y es que no quiero dejar de otorgarme el gusto propio de calificar con la palabra que más les duele a personas y colectivos que, en los últimos días, copan las páginas de actualidad. Me refiero a Willy Toledo, Hugo Chávez y ciertos antitaurinos. Seré breve.

Lo de Willy Toledo, dando la cara por la dictadura de los Castro en Cuba, es lamentable. Incluso muchos que piensan aquí como él han preferido callar. Porque ante la muerte de Orlando Zapata, un albañil negro que ha sucumbido tras 85 días en huelga de hambre por pedir libertad… no se puede decir sin más que era “un delincuente común”, que los presos políticos que ocupan las cárceles cubanas “no son disidentes” sino “terroristas”… y que España tiene mucho que aprender de la “democracia cubana”. Willy Toledo me recuerda a muchos “intelectuales” comunistas que, tras exaltar a Lenin y Stalin, no supieron ver a tiempo la barbarie que se ocultaba tras el “paraíso del socialismo real”… Aquél del que huían muchos pese a jugarse la vida en el intento. O a muchos españoles de a pie del primer franquismo que iban en la II Guerra Mundial con los alemanes… sin saber nada de cámaras de gas. Es muy fácil ponerse la venda en los ojos y justificar lo que queremos justificar. Es muy fácil no hacer caso de ciertos “indicios”: a los hornos crematorios nazis les precedieron los guetos y las noches de los cristales rotos; a los exterminios soviéticos de millones de campesinos les precedieron los gulags y el “Estado que todo lo ve”. Tal vez eso no era tan “grave”… Tal vez se podía justificar por un bien mayor… ¿O no?

¡Qué decir de Hugo Chávez! Admirado por muchos aquí (¿será Willy Toledo presidente de su club de fans?), se dedica a cerrar medios de comunicación, a criticar el golpismo cuando él primero fue golpista… y, entre otras muchas cosas, parece ser que a encubrir a los terroristas de ETA y las FARC mientras preparan en su país atentados contra políticos colombianos de visita en España. Eso no lo digo yo, sino la Audiencia Nacional. Pues bien, en vez de apresurarse a colaborar con la Justicia (repito, la Justicia, órgano independiente de nuestro sistema democrático), pasándose por el forro cualquier gesto diplomático (con la connivencia de nuestro Gobierno, que no exige “explicaciones”, sino que simplemente reclama “información”), se limita a responder que, efectivamente, no tiene que dar explicaciones “ni a Zapatero ni a nadie”. Como si esto fuera cosa de juegos de niños, “me enfado y no respiro”. Su negativa a argumentar la falsedad de las acusaciones ante un órgano de Justicia y su convencimiento de que esto es asunto de charlas entre políticos, deja muy a las claras su sentido de la democracia. ¡Pese a que Willy Toledo lo encumbre entre los prohombres de la verdadera democracia social y participativa, junto a Fidel y Raúl Castro, claro!

Y en cuanto a los argumentos de ciertos antitaurinos en el debate en el Parlament sobre la prohibición de las corridas de toros en Cataluña, sólo quiero comentar esta vez lo ruin, falso, demagógico e hipócrita que resulta comparar la tauromaquia con el maltrato a la mujer o la ablación del clítoris. No voy a entrar a fondo en el asunto. Simplemente apelo a la lógica y pregunto: ¿Por qué el maltrato a la mujer y la ablación del clítoris horripilan al 100% de la sociedad española, mientras que la tauromaquia es defendida por miles y miles de personas y celebrada desde siempre en la práctica totalidad de poblaciones españolas? ¿No podemos aceptar, al menos, que la gente está dividida en este tema? Porque si no es así, los espectadores de una corrida de toros deberíamos ser inmediatamente detenidos, aunque seamos masa. Somos igual de asesinos que los que mutilan y torturan a seres humanos. Si criminilizamos la práctica, seamos criminales los autores y los cooperadores.

Y si esto es inviable en la lógica, no empleemos argumentos que son tan fascistas como decir que un detenido por pensar es un terrorista o que los requerimientos de la Justicia no van conmigo porque yo soy un ciudadano como los demás.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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