SALUD DINERO Y AMOR

Eugenio: «¿El saben aquell que diu… las pescadillas y la mujer fea?»

El hombre de negro que hacía reír a España sentado en un taburete con un Ducados

El origen del humor es tan antiguo como el lenguaje. Las culturas griega y romana ya contaban chistes y anécdotas.

En la Edad Media, los bufones y juglares entretenían en mercados y plazas. Y en la España de los años ochenta, un hombre de negro con acento catalán, un vaso de vodka con zumo de naranja y un cigarrillo Ducados se convirtió en el contador de historias más querido del país.

Eugenio Jofra Bafalluy, conocido simplemente como Eugenio, nació en Barcelona en 1941. No le gustaba la palabra «chiste»: él prefería «historias» o «cuentos». No se consideraba un cómico sino un «intérprete». Y no sonreía mientras actuaba. «Solo me río cuando cobro», decía, con la misma cara seria con la que acababa de provocar una carcajada general.

El estilo que nadie había visto antes

Lo que hacía único a Eugenio no era el contenido de sus historias sino la forma de contarlas. Actuaba siempre de negro, sentado en un taburete, con la bebida en una mano y el cigarrillo en la otra. Su humor era absurdo e inteligente a la vez, y su eficacia residía en tres elementos que nadie más combinaba de aquella manera.

El primero era el semblante. Eugenio no reía nunca mientras actuaba. Esa seriedad absoluta frente al absurdo que estaba describiendo creaba una tensión cómica que hacía la carcajada del público más inevitable.

El segundo eran las pausas. Beber, fumar, encender el cigarrillo con parsimonia: cada uno de esos gestos era una pausa calculada que retrasaba el remate y lo hacía más efectivo cuando llegaba. El ritmo era su instrumento principal.

El tercero era el idioma. Eugenio contaba las historias en castellano con un acento catalán muy marcado, intercalando palabras y expresiones en catalán de forma natural. Su frase de apertura era siempre la misma: «¿El saben aquell que diu…?», el ¿saben aquel que dice?, que en su boca era ya un ritual que preparaba al público para lo que venía.

La fama y la caída

Durante los años ochenta Eugenio fue uno de los personajes más populares de España. Sus apariciones en televisión llenaban los platos. Sus actuaciones en directo agotaban las entradas. Era una figura genuinamente querida, de esas que atraviesan la división entre audiencias y gustan por igual a jóvenes y mayores, a catalanes y madrileños, a gente con estudios y sin ellos.

Pero detrás de esa figura pública serenamente divertida había una persona que luchaba con su propio mundo interior. La popularidad fue seguida por la depresión, y Eugenio terminó refugiándose progresivamente en la pintura y el esoterismo, alejándose de los escenarios.

Murió en Barcelona en 2011. Tenía setenta años.

Su legado es la demostración de que el humor más sofisticado no necesita disfraces, voces ni efectos especiales. Solo necesita timing, una historia bien construida y alguien que la cuente sin reírse.

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Autor

Fernando Veloz

Economista, comunicador, experto en televisión y creador de formatos y contenidos.

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