IDEAS CLÁSICAS Y ORIGINALES PARA VIVIR EN LA REGIÓN LO MEJOR DEL VERANO

Los mejores planes para exprimir Aragón este mes de julio

Pueblos con encanto, fiestas, visitas obligadas, lugares idílicos para refrescarse y un plan genuino: el astroturismo

Uno de los muchos ibones en Aragón.
Uno de los muchos ibones en Aragón. Turismo de Aragón

El mes de julio en Aragón se presenta como un refugio idóneo para escapar del calor y disfrutar de días largos y noches que invitan a desconectar y tomar un respiro.

Esta tierra ofrece una naturaleza plácida y miles de aventuras a través de sus montañas, sierras y lagos que esperan a ser explorados. Los paisajes naturales de Aragón, con temperaturas suaves a pesar de ser un mes cálido, son perfectos para realizar actividades interesantes, muchas de ellas pensadas para disfrutar en familia. Subir a un magnífico refugio con impresionantes vistas es otra opción para vivir la naturaleza aragonesa en julio.

Aragón exhibe una sorprendente gama de colores verdes. Desde los paisajes de leyenda del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido hasta el refrescante nacimiento del Río Pitarque, pasando por la meca del barranquismo en Guara, la comunidad cuenta con 18 espacios naturales únicos.

Esta diversidad se refleja en una gran diferencia de paisajes y biodiversidad. Para recorrer estos espacios, solo hay que dejarse guiar por la completa señalización de la red de senderos de Aragón, siendo posible explorarlos a pie, en bicicleta de montaña (btt), o incluso en 4×4. Además, se ofrecen actividades guiadas y acompañadas que transforman un simple viaje en una verdadera experiencia.

Las perlas del Pirineo: Descubriendo los Ibones

Una de las experiencias más singulares que ofrece Aragón es el descubrimiento de sus ibones. Un ibón es la palabra utilizada en Aragón, específicamente para referirse a los lagos pirenaicos de origen glaciar. Estos lagos son absolutamente singulares y escasos en la Península Ibérica. Antiguamente, en otras partes del Alto Aragón, la palabra ibón también se usaba para denominar manantiales que brotaban a borbotones, formando charcas o lagunas.

Como lagos de alta montaña, los ibones poseen un gran valor paisajístico, siendo descritos como perlas de la montaña. Están ubicados en lugares de especial belleza, rodeados de idílicos pastizales, ensoñadores bosques o soberbios picos. Bosques, prados y rocas envuelven sus láminas de agua como si fueran joyas preciosas. Además de su valor paisajístico, los ibones tienen un gran valor científico y cultural. Acumulan agua que es preciosa para regular los ríos de las montañas aragonesas. Para conocerlos y enamorarse de ellos, se ha inventado el verbo «ibonear».

El proceso de formación de los ibones es un fascinante viaje en el tiempo. Hace unos 40.000 años, grandes glaciares avanzaban desde lo más alto de los Pirineos, arrasando todo a su paso. Hace unos 15.000 años, estos ríos de hielo, aún muy potentes, comenzaron a retirarse. Dejaron al descubierto valles en forma de U, acumulaciones de rocas y tierra arrastradas (morrenas) y una serie de hondonadas o cubetas. Hoy, la nieve y el hielo derretidos se acumulan en estas cubetas, formando los ibones. Conforme los hielos se retiran, aparecen más cubetas y se forman más ibones, mientras que los más antiguos se van colmatando. Visitar un ibón es, por tanto, realizar un increíble viaje en el tiempo.

Las condiciones climáticas de la alta montaña pirenaica, con inviernos largos y muy fríos, y veranos cortos y frescos, hacen que la nieve cubra estos parajes gran parte del año. Por ello, los ibones suelen permanecer helados durante el invierno y parte de la primavera. En algunos casos, la capa de hielo puede durar hasta 8 meses, dando lugar a lo que se conoce como «ibones chelaus» (ibones helados). A pesar de estas rigurosas condiciones, diversas especies de flora y fauna se han adaptado. Algunas algas recubren el fondo o las rocas, comunidades microscópicas (fitoplancton y zooplancton) viven en suspensión, y el Sparganium, con hojas planas y largas, es una planta característica que flota en sus aguas. En algunos ibones se han introducido truchas artificialmente, que se han convertido en un enemigo del pequeño tritón pirenaico. Este anfibio, autóctono y endémico de los Pirineos, es el gran protagonista de estos lagos. En aragonés se le conoce como «guardafuens» y vive en aguas limpias y frías.

Dada su importancia e interés medioambiental, los ibones aragoneses están protegidos. Algunos se localizan dentro de Espacios Naturales Protegidos, otros están incluidos en el Inventario de Humedales Singulares (Decreto 204/2010), o ambas medidas a la vez. Conservarlos es una tarea de todos, requiriendo respeto al medio ambiente para que sigan ofreciendo recuerdos inolvidables.

Existen ibones para todos los gustos y posibilidades. Algunos son muy accesibles y otros se encuentran en parajes escarpados. Hay ibones a los que se puede acceder directamente en coche, como el de Baños en el balneario de Panticosa, o incluso en tren turístico o remonte. A la mayoría, sin embargo, se llega caminando por sendas señalizadas, atravesando espectaculares paisajes. La página web «Ibones de Aragón» puede guiar y ayudar a elegir el más adecuado. Hay rutas específicas para familias y para familias más montañeras. También hay ibones con colores o con historias. La red de refugios de montaña permite acceder a algunos ibones desde ellos. Diez propuestas destacadas para «ibonear» incluyen Estanés, Acherito, Anayet, Azules, Arrieles, Bernatuara, Marboré, Plan, Escarpinosa y Batisielles.

Pueblos con encanto donde refrescarse por la noche

Además de su impresionante naturaleza, Aragón invita a visitar sus cientos de pequeños pueblos pintorescos, llenos de historia y elementos sorprendentes. Es posible pasar el día explorando estos encantadores lugares y descansar al fresco por la noche. La comunidad dispone de una red de establecimientos de turismo rural y una Red de Hospederías, muchas de ellas situadas en edificios históricos de gran belleza. Cada zona tiene su encanto y peculiaridades que la hacen única.

Ansó, por ejemplo, es conocido por sus chimeneas troncocónicas cubiertas con piedras, una tradición que se dice que impedía la entrada de brujas. Daroca destaca por sus monumentales puertas de entrada a la ciudad y la muralla más extensa de Aragón. La Fresneda cuenta con cárceles destinadas a distintos estratos sociales. Desde el pueblo elegido, se abren cientos de experiencias y paisajes naturales únicos para ver.

Fiestas y Eventos que llenan de vida las calles

Julio en Aragón también es sinónimo de fiestas y eventos populares. Sin duda, destacan las Fiestas del Ángel en Teruel, también conocidas como La Vaquilla o las del Torico. Declaradas Fiesta de Interés Turístico Nacional, son una explosión de alegría y vida callejera. Si Ernest Hemingway hubiera visitado estas fiestas, sus crónicas habrían sido aún más extensas. El momento álgido se vive el sábado, cuando los «vaquilleros» (peñistas) colocan el pañuelo al pequeño toro que simboliza la ciudad. Una particularidad de estas fiestas es su carácter sumamente inclusivo: cualquiera puede sentirse peñista vistiéndose simplemente de blanco con una faja roja. Las 19 peñas de Teruel abren sus puertas de forma gratuita a peñistas y visitantes, ofreciendo un sinfín de actividades durante todo el día en la calle: actuaciones, verbenas, teatro, espectáculos infantiles, y más. Los «toros ensogados», tan típicos de la capital turolense, también recorren las calles como uno de los espectáculos preferidos por los vaquilleros.

Otro evento gastronómico imperdible es el Día de la Longaniza de Graus, declarado Fiesta de Interés Turístico Aragonés. Ahora la Longaniza de Graus es famosa por ser el embutido preferido de Georgina Rodríguez, pero este elaborado cárnico ya contaba con millones de fans. El 27 de julio, por trigésimo tercer año, se celebrará esta fiesta llena de aromas y sabores. Promovida por los carniceros locales, la fiesta ostenta un récord Guinness por ser la parrillada de longaniza más grande del mundo. Además de disfrutar de la longaniza, la música y el buen ambiente, no hay que perderse la plaza renacentista de Graus. Sus sorprendentes pinturas murales y la rivalidad entre familias en la decoración de sus fachadas la convierten en una de las más bellas de Aragón.

Catedral-Basílica de Nuestra Señora del Pilar, de noche.

Catedral-Basílica de Nuestra Señora del Pilar, de noche.

En Zaragoza, la experiencia nocturna se puede vivir de una manera diferente a través de FIAT LUX. Se trata de dos rutas nocturnas guiadas y exclusivas por las iglesias más emblemáticas del centro histórico. Este programa de visitas llena de luz la oscuridad y el silencio de los templos, acercando a un universo de dimensiones únicas. Se puede optar por visitar las dos catedrales de Zaragoza, evitando las aglomeraciones diurnas de feligreses y visitantes, o recorrer las tres iglesias con más devoción de la ciudad.

Levanta la mirada: El Tesoro del Astroturismo

Cuando se visita Aragón, especialmente al caer la noche, se invita a levantar la mirada. Gracias a su vasto territorio, la mayoría de sus núcleos de población son pequeños y poco habitados, lo que resulta en cielos libres de contaminación lumínica. Esta cualidad convierte a Aragón en un tesoro natural para el astroturismo. Es posible disfrutar a simple vista de la Vía Láctea y sentir que se viaja por el espacio.

Astroturismo desde La Renclusa.

Astroturismo desde La Renclusa.

En las tres provincias -Huesca, Zaragoza y Teruel- se pueden encontrar propuestas de turismo experiencial relacionadas con la astronomía. Estas actividades incluyen cenas bajo las estrellas, observaciones en plenos viñedos, cursos de fotografía nocturna, talleres de fabricación de telescopios o paseos a caballo bajo la luna llena. Aragón cuenta además con un centro de referencia: Galáctica, Centro de Difusión y Práctica de la Astronomía, ubicado en Arcos de la Salina, Teruel. Inaugurado en 2023, es el primer parque de Europa que combina la divulgación sobre Astronomía y la observación del cielo nocturno para todos los públicos.

Arte e Historia en Palacios Emblemáticos

El Palacio de la Aljafería en Zaragoza es otro punto clave para el arte y la historia en julio. Acoge de forma excepcional la exposición ‘Goya. Del museo al palacio’. Esta muestra exhibe 62 obras de arte del genial artista aragonés mientras concluyen las obras de reforma en el Museo de Zaragoza. Ubicada en el área monumental del palacio, esta exposición ofrece una oportunidad única para explorar la obra de Goya al tiempo que se admira un edificio de gran trascendencia cultural e histórica.

En resumen, Aragón en julio es mucho más que un destino para escapar del calor. Es una tierra que ofrece una riqueza inigualable en naturaleza, con sus imponentes paisajes, ibones glaciares y extensas redes de senderos. Invita a descubrir pueblos llenos de historia y encanto. Se llena de vida con fiestas populares que desbordan alegría y tradición. Permite contemplar la inmensidad del universo bajo cielos limpios. Y ofrece encuentros culturales con el arte de Goya en marcos históricos. Aragón espera con los brazos abiertos para ser exprimido al máximo este mes de julio.

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