La tensión en los aeropuertos españoles se ha trasladado al terreno mediático.
Ryanair, la mayor aerolínea low cost de Europa, ha decidido elevar el tono y señalar de forma directa al ministro de Transportes, Óscar Puente, como uno de los principales responsables de los retrasos que sufren los pasajeros en nuestro país.
En su última campaña, la compañía irlandesa no se ha limitado a lanzar críticas genéricas: ha publicado en su web el nombre, la cara y el correo electrónico del ministro, animando a los afectados a exigirle explicaciones y soluciones inmediatas.
Esta estrategia, bautizada como ATC League of Delays, sitúa a Puente en el segundo puesto del ranking europeo de causantes de demoras, solo por detrás de su homólogo francés.
Según los datos difundidos por la propia Ryanair, la «mala gestión y falta de personal» en el control aéreo español han provocado, entre enero y mayo de 2025, 24.364 retrasos que han afectado a 4.385.520 pasajeros de la aerolínea.
Una cifra especialmente llamativa en un contexto donde los vuelos en Europa aún no han recuperado del todo los niveles prepandemia y, sin embargo, las incidencias no dejan de crecer.
España, en el epicentro del caos aéreo europeo
La compañía sostiene que España, junto a Francia, Alemania, Grecia y Reino Unido, concentra más del 90% de los retrasos por control aéreo en Europa. Y lo hace por una razón clara: «bajo rendimiento» en comparación con otros países de la UE que, según Ryanair, gestionan el tráfico aéreo de forma eficiente con recursos similares. Países como Dinamarca, Bélgica, Países Bajos, Irlanda o Eslovaquia apenas registran incidencias graves gracias a una dotación adecuada de personal y una gestión más ágil.
Ryanair insiste en que los ministros reciben con casi un año de antelación los horarios de las aerolíneas, por lo que «no hay motivo para no dotar al ATC del personal necesario». El CEO de la compañía, Michael O’Leary, ha sido especialmente contundente: “Nuestra ‘League of Delays’ desvela los peores ATC europeos por retrasos fruto de mala gestión y falta de personal. Consideraremos responsables a los ministros de Transporte de la UE por permitir que estos retrasos innecesarios y evitables se repitan”.
Un ministro bajo los focos: entre la gestión polémica y la exposición pública
La campaña de Ryanair no ha pasado desapercibida en redes sociales. Miles de usuarios han compartido la lista con las caras y correos de los ministros de Transporte europeos, acompañada de mensajes directos como “Ellos son los que provocan los retrasos de tus vuelos”. Mientras unos aplauden que se “ponga cara” a los problemas, otros critican la estrategia por considerarla un escrache digital a representantes públicos. El debate ha salpicado a Óscar Puente, quien ya acumulaba críticas por su gestión anterior en trenes y carreteras, y por su presencia constante en redes sociales, donde no duda en responder de forma directa —y a menudo polémica— a ciudadanos y adversarios políticos.
En las últimas semanas, el ministro ha sido señalado tanto por su “dedicación a tuitear y jugar al golf”, según algunos usuarios, como por una supuesta falta de atención a los problemas reales del sector. Sus detractores lo acusan de priorizar la confrontación mediática y el lucimiento personal frente al trabajo técnico necesario para solucionar el caos en los aeropuertos. La polémica ha llegado a tal punto que incluso se han rescatado viejos episodios de su etapa en el Ayuntamiento de Valladolid para cuestionar su capacidad de gestión.
Las cifras: demoras, pasajeros afectados y un verano en vilo
El verano de 2025 está siendo especialmente complicado para los viajeros aéreos en España:
- 24.364 retrasos de vuelos de Ryanair atribuidos a la gestión española de enero a mayo.
- 4.385.520 pasajeros de la compañía afectados directamente por estas demoras.
- 35% de incremento en las tasas de control aéreo (ATC) desde la pandemia, el doble que la inflación, según Ryanair.
- El récord de retrasos se produce en un contexto de menor tráfico aéreo en Europa, con un 5% menos de vuelos respecto a 2019.
Ryanair advierte que la situación amenaza con convertirse en estructural si no se acometen reformas profundas en el sistema nacional de control aéreo. El efecto dominó es especialmente acusado en la primera ola de salidas matinales, cuando cualquier incidencia provoca retrasos en cascada durante todo el día. La compañía sostiene que el aumento de las tasas no se ha traducido en mejoras de servicio, sino en más demoras y mayor frustración para los pasajeros.
Más allá del control aéreo: huelgas, sobrecostes y el futuro del sector
A este panorama se suma la amenaza de nuevas huelgas del personal de tierra de Ryanair en varios aeropuertos españoles, convocadas para mediados y finales de agosto. Estas movilizaciones, impulsadas por el sindicato UGT, podrían provocar aún más retrasos, cancelaciones y colapsos en pleno periodo vacacional, agravando la percepción de caos en el sector.
Por otro lado, la presión regulatoria y medioambiental añade dificultades. En 2025 ha entrado en vigor la obligación de utilizar al menos un 2% de combustibles sostenibles (SAF) en la aviación comercial española, lo que supondrá un sobrecoste de más de 230 millones de euros para las aerolíneas, según la Asociación de Líneas Aéreas. Estas medidas, aunque necesarias para la transición ecológica, elevan los costes operativos y complican aún más la gestión de un sector ya tensionado.
El tablero político y empresarial: ¿cambio de rumbo o más confrontación?
Mientras Ryanair mantiene su cruzada mediática, el Gobierno español guarda silencio y evita responder directamente a las acusaciones. El ministro Óscar Puente, lejos de rebajar la tensión, sigue defendiendo su gestión en redes sociales y en sus comparecencias públicas, aunque los resultados —al menos en puntualidad aérea— no acompañan. La pregunta de fondo es si esta presión pública obligará a Moncloa a tomar medidas urgentes, o si la confrontación entre empresas y administración seguirá marcando el tono de un verano especialmente caliente para los viajeros.
Por ahora, el pulso entre Ryanair y el ministro de Transportes sigue abierto, con millones de pasajeros pendientes de si la gestión del tráfico aéreo en España logra remontar o si el caos se convierte en la nueva normalidad de nuestros aeropuertos.
