Las cinco opciones políticas de Israel respecto a Judea y Samaria

El articulo de esta semana es ‘importantisimo», tambien si para los lectores del Blog no es «urgente’ cuando existen tantos focos de tension en el M. Oriente sobre los cuales se publica dia a dia…
Justamente, en estos dias, el «Presidente» de la Autoridad Palestina, Abu Mazen, esta en España, tratando de explicar lo «inexplicable»…como puede Israel adelantar hacia un Acuerdo con un grupo humano cuyos miembros no consiguen «ponerse» de acuerdo entre ellos mismos…

(P.D. En realidad este articulo ya lo he publicado -en Junio del 2016- pero…mientras tanto…Abu Mazen «ha crecido» un año y medio mas…)

Uno de esos «focos» de tension en el M.Oriente ha sido-es-sera lo que sucede con los Palestinos…teniendo en cuenta que el actual Presidente de la Autoridad Palestina, Abu Mazen, tiene 83 años de edad, y…en algun momento…fallecera…lo que pondra a Israel frente a varias alternativas…
Pero…dado que la fotografia- mapa tiene titulos en Hebreo, dare una corta explicacion de ella:
4 Colores: Celeste…dominio Israeli
Marron…dominio Palestino
Amarillo…dominio civil Palestino/ militar Israeli
Verde…ciudad- poblacion Israeli
Rojo…ciudad poblacion Palestina
—- frontera hasta 1967
Forma rara en el Centro: limites de la Ciudad de Jerusalem

Publicado en Hatzad Hasheni el 5 de abril del 2016. Escrito por: Prof. Hillel Frisch Hillel Frisch profesor de estudios políticos y del Medio Oriente en la Universidad Bar-Ilan, e investigador asociado en el Centro Begin-Sadat de Estudios Estratégicos.

«Cuando Mahmoud Abbas se «aparte» de su cargo como líder de la Autoridad Palestina, Israel tendrá que tomar decisiones estratégicas. Este documento analiza cinco enfoques políticos posibles, ninguno de los cuales es el ideal. Estas opciones son la “resolución vigilante del conflicto”, la solución de la “fricción creativa”, el “caos constructivo”, la “retirada unilateral” y “la anexión unilateral”. La opción conservadora es probablemente la más factible; la retirada unilateral es la menos factible. En todos los casos, sin embargo, Israel tendrá que mantener una presencia militar en Judea y Samaria.

El tratar de diseñar una política israelí coherente hacia una Autoridad Palestina (AP) posterior a Abbas es como intentar construir una casa sobre arenas movedizas. La situación es constantemente sacudida por temblores y corrientes subterráneas. Estas incluyen la actual ola de violencia terrorista contra los israelíes, aunque este en declive; un distanciamiento cada vez mayor dentro de Fatah entre Abbas y sus detractores la cual está muy ligada a la lucha por su sucesión; y la posibilidad que la vinculación entre esos dos acontecimientos pueda degenerar en una guerra civil (otra plaza en la guerra de poder librada entre Irán y Arabia Saudita y sus respectivos aliados).

Israel no puede darse el lujo de ser un observador pasivo de los eventos según se desenvuelvan dentro de la AP. La aldea palestina de Budros sostiene una postura estratégica a tan sólo 11 kilómetros de la pista principal del único aeropuerto internacional de Israel. La periferia de la ciudad palestina de Tulkarem se encuentra a varios cientos de metros de la carretera Rabin, la arteria norte-sur de Israel.

Cuando Abbas se marche de la escena, los israelíes que toman las decisiones tendrán que considerar cinco enfoques políticos radicalmente diferentes hacia la AP.

Primero, Israel puede participar en la resolución del conflicto de una manera que mantenga la posibilidad de crear un estado palestino.
Segundo, Israel puede promover fricción con los palestinos aprovechando las oportunidades de incrementar los asentamientos y otras formas de construcción del Estado de Israel.
Tercero, Israel puede desistir de tomar medidas a fin de estabilizar a la AP si el caos emerge sobre el tema de la sucesión.
Las opciones cuarta y quinta propuestas, por bandos opuestos del espectro político, promueven acciones unilaterales. El partido «Campamento Sionista busca la retirada unilateral, mientras que el partido «Bait Ha-Yehudí» pide una anexión selectiva de los asentamientos.

Una sexta opción, el iniciar en ese momento negociaciones inmediatas con los Palestinos hacia el rápido establecimiento de un estado Palestino, es considerada factible y aconsejable por sólo dos actores políticos marginales de Israel– los partidos políticos Meretz y la Lista Árabe Unificada – y por lo tanto no serán consideradas en este artículo.

La opción “Gestión del Conflicto”
La opción gestión del conflicto sostiene que la paz no es posible en un futuro previsible, pero que Israel se beneficiara al abstenerse de realizar acciones tales como la construcción de asentamientos que dificultan las posibilidades de una eventual solución de dos estados. La ventaja de esta opción es que se ajusta a las costumbres y expectativas de la comunidad internacional, incluyendo el más firme aliado de Israel, los Estados Unidos y los países amigos de Europa tales como Alemania, Gran Bretaña e Italia.

Estos Paises consideran la construcción de dos estados como la única solución posible sobre la mesa, a pesar que reconocen que no puede lograrse en un futuro inmediato. Ellos ven al gobierno de Israel mas alla de la Línea Verde como el ente de ocupación y se preocupan por la posibilidad que el fracaso para resolver el problema sobre la base de dos estados conduciría a un estado binacional disfuncional empañado por una considerable violencia interna.

Para mantener la viabilidad de una solución de dos estados para el futuro, seria necesario reducir los asentamientos más allá del bloque de Gush Etzion y todos los asentamientos no adyacentes a la Línea Verde, a fin de mantener el estatus quo. Los inconvenientes de este enfoque son claros: los Palestinos no poseerian ningún incentivo para venir a la mesa de negociaciones y los colonos y ciudadanos israelíes mas alla de la Línea Verde son convertidos en víctimas de la pasividad política. Sin embargo, los defensores de esta opción argumentan que estos inconvenientes son menores en relación al aislamiento internacional que Israel sufriría si abandona el principio de solución de dos estados. El precio de tal desviación del compromiso con la solución incluirá la alienación de la mayoría de la diáspora judía, especialmente en los Estados Unidos.

El enfoque de «gestión del conflicto» cree que es necesario mantener el control militar total sobre Judea y Samaria mientras que al mismo tiempo promueve lazos económicos con los Palestinos a través de la Línea Verde. Esos lazos sirven a los dos propósitos. Hasta cierto punto, «pacifican» a la población árabe de Judea y Samaria (que trabaja en Israel) y garantizan el acceso al segundo mayor mercado «exportador» de Israel. Al aumentar el número de trabajadores Palestinos en Israel también aumentan los medios para comprar productos Israelíes. Esta estrategia ha funcionado hasta ahora, tanto en términos de reducción de terrorismo como en relacion al aumento del poder de compra de los Palestinos.
Si el gobierno Israeli mantendria esta política, es probable que enfrente poca oposición a ella, ya sea a nivel nacional o entre los aliados internacionales de Israel.

La opción “Fricción”
Los detractores de la opción «gestión del conflicto’ argumentan que Israel ha perdido la iniciativa en su conflicto con los Palestinos. Ellos sostienen que Israel no debería absorber los costos de las iniciativas Palestinas para cambiar el status quo, tales como ataques terroristas o construcciones ilegales intensivas en la zona C (que se encuentra bajo control exclusivo de Israel). Por el contrario, Israel debería hacer «contrarrestar» las iniciativas Palestinas con iniciativas aún más audaces, tal como lo hizo con tanto éxito durante el Mandato Britanico y en los primeros años del Estado. Israel debería promover la construcción del Estado de Israel en Judea y Samaria, al menos hasta que los Palestinos pidan o rueguen por la paz.

En la reciente ola de ataques Palestinos por ejemplo, la incitación de la AP y Hamás a la violencia en las zonas de Hebrón y Jerusalén debería haber sido contrarrestada por acciones ofensivas Israelíes, incluyendo asentamientos. Los asentamientos, por lo que se argumenta, promueven la seguridad.

Al menos, segun esa concepcion, Israel debe impedir o demoler las construcciones palestinas a gran escala diseñadas para cambiar las realidades estratégicas en el terreno. Esta construcción es más evidente en la zona E-1, que se extiende desde la «Colina Francesa» (Jerusalem) a través de Issawiyeh, Al-Zaim y la sección oriental de A-Tur a lo largo de la carretera entre Jerusalén y Jericó. En este área, los Palestinos están haciendo un esfuerzo concertado en crear una extensión urbana continua Palestina desde el sur de Jerusalén hacia el norte, a pesar de la barrera de seguridad.

Las desventajas de esta opción política son claras. Habria una oposición interna desde la Izquierda, pero el gobierno Israeli podría superarla. El mayor peligro es la considerable hostilidad que se generaría hacia Israel entre los Estados Unidos y la Comunidad Europea si Israel construye asentamientos como reacción al terrorismo y desmantela masivamente construcciones ilegales, algunas de las cuales fueron fomentadas por la UE.

La opción del “Caos Constructivo”
Varios contendientes dentro de la A.Palestina ya han comenzado a competir sobre quién heredara el liderazgo luego de la salida o desaparición de Muhammad Abbas, quien tiene ya 83 años. Esta competencia ha provocado un debate sobre si Israel debería apoyar un candidato adecuado en favor de la estabilidad o sentarse en un banquillo a pesar que el conflicto interno Palestino pudiera degenerar en caos. Los partidarios de este último punto de vista creen que el caos y la posible disolución de la AP y la posterior intención por parte de actores internacionales en pacificar la zona, podrian aliviar la presión sobre Israel para entrar en procesos de paz no realistas.

Una parte Palestina debilitada por una prolongada inestabilidad también podria ser susceptible a un acuerdo de Paz más favorable a los intereses y preocupaciones de Israel. Es muy probable sin embargo, que los Palestinos permanecerán fragmentados, cuando la AP se convertiria en dos o más autoridades en Judea y Samaria.

En cualquiera de los casos, es menos probable que la comunidad internacional pudiese pensar que puede resolver el problema Palestino a expensas de Israel. En caso que la AP se fragmente, los aliados de Israel podrían sentirse más inclinados a pensar en el problema Palestino en la forma en que lo hacen los Israelíes como un problema de «gestión de conflicto» en lugar de un problema que es soluble a través de la creación de un estado cuya construcción se encuentra en marcado contraste con la realidad sobre el terreno.

Dicho esto, los inconvenientes de la opción «caos constructivo» son igualmente crudos. Caos pudiera significar el final, al menos inicialmente, de la cooperación de seguridad que ha reducido el terrorismo dirigido contra los Israelíes en general y en particular hacia los colonos. Caos también podria aumentar el numero de aquellos que tratan de deslegitimar al Estado Judío y que culparan a Israel por el miserable estado de las cosas en Judea y Samaria.

Los costos económicos del caos también son considerables. La AP es el segundo mayor socio comercial de Israel y posiblemente el mayor mercado para los bienes y servicios israelíes que no son de alta tecnología, un segmento del mercado que emplea una abrumadora parte de la fuerza laboral de Israel. El caos por lo general trae bajo su estela una recesión económica, lo que probablemente afecte la demanda de los productos Israelíes.

La opción «caos» probablemente sera opuesta a la posicion de la Izquierda política y de poderosos grupos de presión tales como la Asociación de Fabricantes y la Histadrut (Federación Laboral de Israel). Sin embargo, si el gobierno se decide por esta opción, la oposición interna es poco probable que sea lo suficientemente fuerte como para prevenirlo.

La opción “Retirada Unilateral de Judea y Samaria”
Isaac Herzog, líder de la Unión Sionista (Majané Tzioní), promueve formalmente la retirada unilateral israelí del 85% de Judea y Samaria, incluyendo 28 localidades Palestinas dentro de los límites municipales de Jerusalén, como medio de separación entre Israel y los Palestinos. Su plan prevee mantener el control militar completo y exclusivo sobre los bloques de asentamientos de Gush Etzion y Ariel y el valle del Jordán y una presencia militar activa en otros lugares de la AP.

La retirada unilateral garantizara, supuestamente, el carácter de Israel como un Estado Judío retirándose hacia el entorno de la barrera de seguridad, que conforma estrechamente las fronteras permanentes futuras según lo previsto por los Estados Unidos, el aliado clave de Israel. Transfiriendo la responsabilidad de la mayor parte del territorio de Judea y de Samaria y prácticamente la totalidad de sus habitantes Palestinos a la AP, Israel ya (supuestamente de nuevo) no sería visto como ocupante; su imagen se veria reforzada; y la influencia del movimiento BDS se sentiría con menos intensidad.

Una vez más, es relativamente fácil identificar inconvenientes en este plan. El desmantelamiento de decenas de miles de colonos israelíes sería una tarea difícil y costosa. Por otra parte, la acción probablemente agrave considerablemente la situación de seguridad, dado que muchas fuerzas y grupos terroristas en la AP interpretarian la medida como un acto de debilidad y se animarian a aumentar los ataques con el propósito de lograr una retirada total.

La retirada unilateral ofrece pocos incentivos a los líderes de la AP de entrar en un proceso de paz y probablemente endureceria las posturas Palestinas sobre temas espinosos de soberanía en Jerusalén y el así llamado “derecho de retorno” para los refugiados. Con toda probabilidad, esta opción daría lugar a la caída del gobierno Israeli. Cualquier gobierno de unidad creado en su estela probablemente desistiria de esta opción.

La opción “Anexión Unilateral de la Zona C”
El partido Bait Yehudí (Casa Judía) pide al gobierno anexar las áreas llamadas en los acuerdos de Oslo como la «Zona C». Este territorio está bajo el exclusivo control administrativo y político israelí y está en su mayor parte, escasamente poblado por árabes. Esta área se compone de las colinas del sur de Hebrón, la mayoría de las partes del este de Judea y Samaria y el área entre Maale Adumim y Jericó hasta el río Jordán.

La anexión implica actividades de construccion de asentamientos en las áreas anexadas. Los inconvenientes son evidentes. La oposición internacional sería altamente ruidosa, quizá al punto de imponer sanciones contra Israel. La oposición interna sería intensa también, aunque probablemente no al punto de impedir la acción si el gobierno de turno fuese a elegirlo. Habría pocos efectos económicos internos de tal acción, pero el comercio internacional de Israel y el flujo de las inversiones podria verse afectado de manera significativa.

Ninguna de estas opciones es la ideal, lo que probablemente es el por qué el debate es a su vez tan vívido e indeciso. Todas las cinco confirman la necesidad de mantener una presencia militar en Judea y Samaria, pero para diferentes propósitos.

La opción “gestion del conflicto” es probablemente la más factible y la opción de «retirada unilateral» la menos factible. La retirada unilateral en cualquier caso, probablemente resulte ser domésticamente imposible. La opción «caos» no está totalmente en manos de Israel, condicionada a los desarrollos internos en la AP. Tanto las opciones de «fricción» y de «anexión» encontraran una rígida oposición internacional, lo que podria dar lugar a una oposición interna por parte de un pueblo no dispuesto a asumir costos económicos a largo plazo de tales políticas.

P.D. Como es posible entender…es dificil de entender…

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Autor

Shimshon Zamir

Nacido en Argentina. Vive en Israel desde 1972. Casado... tres hijas... 8 nietos. Trabajó 30 años en la industria Química Israelí, hoy pensionado. Graduado en Sociología.

Shimshon Zamir

Nacido en Argentina. Vive en Israel desde 1972.
Casado... tres hijas... 8 nietos.
Trabajó 30 años en la industria Química Israelí, hoy pensionado.
Graduado en Sociología.

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