La inminente Cruzada del Islam

Las Cruzadas comenzaron con un rumor de profanación. En el 1095, el Papa Urbano II denunciaba a los musulmanes como «una raza profundamente alienada de Dios«. Entre sus muchas ofensas, los musulmanes se habían hecho con el control de las iglesias de Jerusalén:

«Circuncidan a los cristianos, y la sangre de las circuncisiones o bien la extienden por los altares, o la derraman en las pilas de la fuente bautismal».

Tales rumores falsos ya estaban extendidos en la cristiandad. Urbano lo recogió con el fin de emprender la Primera Cruzada.

Escribe Martin Kramer que, casi un milenio más tarde, los líderes y los clérigos musulmanes están utilizando el mismo lenguaje para incitar a las masas musulmanas. Acusan al Occidente secular de profanar al profeta de Alá. Jaled Mashal, líder de Hamas en el extranjero, ha exigido que Europa preste penitencia por las viñetas danesas. «Mañana, nuestra nación se sentará en los tronos del mundo… presenta disculpas hoy, antes de que el arrepentimiento no sirva de nada… puesto que Alá es mayor, y Él nos apoya, saldremos victoriosos». El presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad tuvo la misma salida de tono en un discurso de conmemoración del 27º aniversario de la revolución de Irán: «La nación iraní os dice hoy que aunque tengáis a Maimónides, no tenéis a Alá. Pero Alá está con nosotros».

«Una raza profundamente alienada de Dios» — así es como el Papa Urbano II demonizaba a los musulmanes en el siglo XI. Así es exactamente como los líderes del islam demonizan a Occidente en el siglo XXI. El Occidente secular se había adulado a sí mismo, creyendo haber empujado al mundo musulmán a la modernidad. Sí, el islam ha aportado terroristas suicida e insurgentes terroristas. Pero sus simpatizantes y ellos estaban en minoría — de modo que los estadistas y los analistas nos decían: «no juzguéis el islam por los actos de unos cuantos descarriados». Esta fe en la mayoría musulmana pragmática ha sustentado toda política occidental, desde el «proceso de paz» palestino israelí hasta la promoción de la democracia por parte de la administración Bush. Las masas musulmanes, reza la premisa, elegirán la paz y la libertad si se les da la oportunidad. Pero no lo han hecho. El 11 de Septiembre pudo ser atribuido a una minoría fanática. No así las protestas de las viñetas danesas: millones han tomado parte.

¿Qué hay de los iraníes que eligieron a un presidente abiertamente dado a la confrontación contra Occidente? ¿Qué hay de esos votantes egipcios que concedieron a la Hermandad Musulmana una aplastante victoria en las elecciones parlamentarias? ¿Y qué hay de esos palestinos supuestamente seculares, que han llevado a Hamas al poder? Una encuesta realizada el año pasado mostraba que el 60% de los jordanos, los egipcios y los palestinos quieren que la única fuente de legislación sea la ley islámica, la shari’a.

Los expertos recurren a explicaciones políticas y socioeconómicas: Siria incita movimientos con el fin de castigar a Europa por su apoyo a Estados Unidos en el Líbano. Irán agita las cosas con el fin de escapar de posibles sanciones a causa de su programa nuclear. Las minorías musulmanas de Europa están protestando contra el racismo y la exclusión. Los palestinos no votaron al islam, sino contra la corrupción.

Existen montones de desigualdades en el mundo que se decantan contra los musulmanes — suficientes para explicar cualquier estallido. Este es el análisis por defecto, que nos asegura que no es «un choque de civilizaciones», solamente un choque de intereses. Estos análisis tienen parte de razón, pero no son suficientes. El hecho se extiende más allá de intereses en conflicto. Centenares de millones de musulmanes que viven junto a nosotros y entre nosotros habitan otro mundo mental.

Ahmadinejad siente la presencia del Mahdi, el mesías prometido del islam. Hamas, según sus estatutos, cree que los judíos han fomentado cada desgracia del mundo desde la Revolución Francesa. Los líderes musulmanes de opinión niegan el Holocausto Nazi profusamente documentado, pero aceptan el patentemente fraudulento Los protocolos de los sabios de Sión como hecho indiscutible.

La presente campaña musulmana tiene su porcentaje de oportunistas. Pero también es conducida por un fervor religioso. En algún momento podría aparecer el equivalente musulmán del Papa Urbano. Esta vez, la Cruzada sería musulmana. Sus avanzadillas ya están trabajando en Europa.

Occidente (e Israel) han ridiculizado al profeta — no Mahoma, sino Samuel Huntington, autor de «El choque de civilizaciones». Nuestras élites han dedicado una década a negar la verdad del núcleo de su tesis: que el mundo islámico y Occidente están destinados a colisionar. Incluso hoy, predecimos de manera poco sincera que la posesión de poder político y armas nucleares hará actuar a los islamistas de modo más predecible. Todo tiene perfecto sentido — para nosotros. Pero el asunto de las viñetas y las elecciones de Hamas son recordatorios puntuales de que nuestro perfecto sentido no es el de ellos.

Afortunadamente, no es demasiado tarde. Hay un choque de civilizaciones, pero no es aún una guerra de mundos. «No tenéis a Alá», dicen. «Alá está con nosotros». Esa es su oración. Pero carecen de poder, recursos y armas. Hoy queman banderas; un Occidente unido aún puede negarles los medios para quemar más. Puede hacerlo si actúa resuelta y contundentemente, para mantener el fuego nuclear lejos de las manos de Irán y garantizar que Hamas fracasa.

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