McCain da un paso de gigante hacia la Casa Blanca


(PD).- El republicano John McCain dio ayer un paso de gigante para convertirse en el próximo presidente de EEUU. Y lo consiguió gracias al Partido Demócrata.

El Comité de Normas y Reglamentos de ese partido decidió repartir de forma salomónica los delegados procedentes de las primarias de Florida y Michigan, que se habían celebrado en fechas no autorizadas por la dirección de esa formación.

El resultado es que ambos estados pierden la mitad de sus delegados.En Florida, los representantes se dividen proporcionalmente entre Hillary Clinton y Barack Obama en función de los votos conseguidos por cada candidato. En Michigan, donde el nombre de Obama ni siquiera figuraba en la papeleta, se produce un reparto salomónico, en el cual Clinton se lleva el 34,5% de los delegados, y Obama 29,5%.

Esta última decisión provocó la ira del equipo de Clinton.Fred Ickes, miembro del Comité de Normas y destacado partidario de Clinton, afirmó ayer al conocerse la decisión que, «siguiendo instrucciones de la senadora, me reservo el derecho de recurrir esta decisión al Comité de Credenciales del partido».

La decisión de Clinton de recurrir el dictamen lleva la crisis demócrata a una nueva fase. En primer lugar, porque en el Comité de Credenciales están presentes representantes de Florida y de Michigan, que se consideran injustamente tratados por la resolución de ayer.

En segundo lugar, porque la verdadera función del Comité de Credenciales es preparar la convención del partido que se celebra a finales de agosto en Denver y en la que se debe elegir formalmente al candidato a la presidencia.

En otras palabras: Hillary Clinton está anunciando que quiere seguir dando la batalla hasta la convención, lo que supondría la mayor crisis del Partido Demócrata en unas primarias desde que en 1980 el senador Ted Kennedy desafió al entonces presidente Jimmy Carter.

La crisis podría haberse evitado simplemente con que el equipo de Barack Obama hubiera mostrado un poco más de generosidad.De hecho, simplemente con que Obama hubiera renunciado a cuatro delegados de Michigan la convulsión podría haber sido desactivada.

Sin embargo, el empecinamiento del senador de Illinois en evitar que Hillary Clinton pudiera erigirse como una vencedora clara en la reunión de ayer ha acabado por provocar la fractura.

El equipo de Obama temía que un número considerable de superdelegados (cargos electos y miembros del aparato del partido) utilizara como argumento una victoria de Clinton para prestarle su apoyo.En cualquier caso, las preocupaciones de Obama no tienen ninguna explicación lógica, puesto que él lleva una ventaja más que suficiente frente a Clinton para conseguir la nominación.

Pero la intransigencia del senador afroamericano ahora amenaza con dar la Casa Blanca a McCain. Michigan es un Estado que los demócratas no pueden perder. Pero su electorado está formado sobre todo por trabajadores de centro-izquierda en lo económico y conservadores en lo social.

Son los llamados demócratas de Reagan, un grupo social que duda entre Clinton y McCain, y que rechaza a Obama. Ahora, con esta decisión, parece muy probable que la popularidad de Obama se desplome entre dicho colectivo.

En ningún lugar quedó mejor reflejada esta división que en el debate que precedió a la votación del comité ayer. Primero, según pudo saber EL MUNDO de fuentes del Partido Demócrata, la división con respecto a Michigan llegó a un extremo tal que 15 miembros del comité apoyaban la propuesta que finalmente salió adelante y 14 se oponían a ella.

Ante semejante crisis, el propio comité decidió continuar con sus deliberaciones hasta que apareciera una mayoría mínimamente clara en favor de alguna opción.

Incluso en la votación, a mano alzada y en público la crisis quedó patente cuando 12 miembros del comité votaron a favor de que se computaran todos los votos de las primarias, lo que supondría una victoria total para Hillary Clinton.

Al final, toda la votación quedó marcada por los gritos de un grupo de seguidores de Hillary Clinton presentes en el Hotel Marriott Wardman de Washington: «Denver, Denver, Denver» era su grito de guerra. En Denver se celebra la convención demócrata a finales de agosto y Denver puede ser el último frente de la guerra civil entre Hillary Clinton y Barack Obama.

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