Bush empobrece a los americanos

Bush empobrece a los americanos

(Mark W. Hendrickson).-Un reciente informe del Fondo Monetario Internacional enumeraba los países que se espera sufran la peor depreciación de la divisa – es decir, la inflación más fuerte – este año. Zimbabue, (un inimaginable 300.000 por ciento), Venezuela (25,7 por ciento), Bolivia (15,1 por ciento), Nicaragua (13,8 por ciento) y Argentina (9,2 por ciento) son los cinco a la cabeza. ¿Qué tienen en común estos países? Se puede contestar de dos maneras: 1) están desastrosamente gobernados; 2) tienen gobiernos de izquierdas, lo cual es simplemente otra forma de decir que están desastrosamente gobernados.

En la práctica, es difícil ver indicador económico alguno que sea mejor que la inflación como prueba de que un país está gobernado desastrosamente. Los gobiernos de izquierdas – definidos aquí como regímenes enemigos de la propiedad privada, la iniciativa privada y los beneficios privados; regímenes que de manera constante buscan formas de redistribuir la riqueza de los miembros económicamente productivos de la sociedad entre electorados políticamente favorecidos; y regímenes que rechazan el libre mercado y en su lugar expanden el control del gobierno sobre la actividad económica – invariablemente provocan pérdidas en la producción al tiempo que incrementan el gasto público. El resultado inevitable es la inflación.

Esto no es simple debate académico. Hace menos de 30 años que la inflación en Estados Unidos se encontraba en la horquilla del 13 al 14 por ciento. Hoy, la inflación en ascenso en Estados Unidos se encuentra fijada oficialmente en el cuatro por ciento, pero para muchos americanos se nota mucho más. ¿Es posible que irrumpamos en la lista de los cinco países más castigados por la inflación del Fondo Monetario Internacional en el próximo año o dos? Para responder a eso, deberíamos preguntarnos si tenemos un gobierno eficaz o un gobierno malo. Tristemente, los ejemplos de lo segundo parecen estar proliferando. Los siguientes son algunos ejemplos:

– En apenas ocho años, el gasto federal norteamericano se ha disparado de los dos a los 3 trillones de dólares – un incremento del 50 por ciento en un momento en que los ingresos privados promedio solamente crecían un 28 por ciento.

– En el 35 por ciento, Estados Unidos tiene ya el segundo mayor impuesto corporativo del mundo – una insensatez absoluta en un momento de intensa competición global, cuando el Congreso debería estar haciendo todo lo posible por ayudar a las empresas nacionales a competir contra las compañías extranjeras.

– En un momento en que las antiguas repúblicas comunistas de Europa Central y Oriental han adoptado impuestos sobre la renta únicos inferiores al 20 por ciento, y como resultado sus economías se están expandiendo, Estados Unidos se aferra a un desfasado impuesto marxista que varía en función de los ingresos, retarda el crecimiento y es propio de la lucha de clases, y un candidato presidencial al menos quiere subir aún más esos tipos impositivos.

– El pasado otoño, el Congreso decidía que las instituciones financieras estaban registrando beneficios muy altos a costa de los préstamos estudiantiles, de manera que promulgó intereses más bajos en tales préstamos. Como resultado, muchas entidades privadas de préstamo han abandonado por completo el mercado de préstamos estudiantiles y el Congreso está intentando ahora ayudar a esas entidades dando poder al Departamento de Educación para adquirir los préstamos directamente a las entidades privadas. ¿De dónde sacará los fondos necesarios el Ministerio de Educación? De recaudaciones fiscales más elevadas, por supuesto.

– El Congreso aprobaba recientemente una ley de subsidio agrícola de 307.000 millones de dólares. El Presidente Bush intentaba hacer que el Congreso imitase los subsidios a aquellos que no ingresan más de 200.000 dólares al año, pero el Congreso rechazaba esa propuesta, despejando el camino a los subsidios a aquellos con rentas anuales de más de 2 millones de dólares. Algunos senadores entonaban solemnemente que estaban haciendo esto para evitar las bancarrotas. Aparte del hecho de que la tendencia de siglos de antigüedad es hacia cada vez menos productores agrícolas (léase bancarrotas agrícolas) como resultado de eficacia creciente y economía de sectores, y a pesar del hecho de que muchos precios agrícolas se encuentran en máximos de varios años, deberíamos preguntar al Congreso el motivo de que, en lugar del mercado, él deba decidir las empresas que sobreviven y las que no. Planificación central, claro.

– Las recientes denuncias por parte del Congreso de los productores privados de petróleo incluyen comentarios de que quizá él Congreso debería “socializar” a estas compañías, o al menos subir sus impuestos. Aparentemente, algunos miembros del Congreso suscriben la escuela de pensamiento popularizada por esa eminente filósofa política, Jane Fonda, que intuye desde hace tiempo que la cura al supuesto oligopolio de las compañías petroleras es la creación de un monopolio federal. ¿Alguien piensa seriamente que los monopolios son buenos para el consumidor? Y otra pregunta: Si el Congreso confisca más beneficios a las petroleras, ¿quién va a pagar el gasto en prospección y explotación de reservas petroleras?

– El Congreso está trabajando actualmente en un plan multi-trillonario para imponer un sistema de intercambio de emisiones de dióxido de carbono. El Wall Street Journal entre otros ha explicado ya el inmenso fraude que sería esto, pero la cuestión fundamental es esta: ¿por qué quiere nuestro gobierno encarecer aún más las fuentes de energía del carbono en un momento en el que los costes energéticos récord están imponiendo enormes dificultades a muchos americanos?

Si se mantienen los ojos y los oídos abiertos, estoy seguro de que descubrirá otras formas en las que nuestro gobierno pretende expandir su propio poder al tiempo que empobrece a los americanos. Nos encontramos ya en un rumbo hacia la izquierda, y podríamos acelerar nuestra marcha por esos derroteros tras las elecciones de noviembre. Si lo hacemos, no se sorprenda de ver empeorar la inflación y de ver a Estados Unidos cerca de la cabeza de la lista de los países más castigados por la inflación y peor gobernados del mundo.

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Autor

Luis Balcarce

De 2007 a 2021 fue Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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