Las expresiones vulgares del cómico Al Franken conmocionan a EEUU

Las expresiones vulgares del cómico Al Franken conmocionan a EEUU

(Michael Gerson).-En una carrera al Senado en Minnesota extremadamente reñida y de importancia nacional, al titular Republicano Norm Coleman se le plantea un problema político de índole única. ¿Deben plantear en sus anuncios el asunto de las ofensivas expresiones vulgares del cómico Al Franken? ¿O correría esto el peligro de una reacción súbita contra Coleman por embrutecer el discurso público? Recuerde que cuando Ken Starr detalló las extravagancias más repulsivas de Bill Clinton — vestidos con manchas y similares – es Starr quien fue acusado de obsesión sexual.

Los defensores de Franken explican que su provocación es el producto de ser un «humorista satírico» — un término que suscribe. «Mi trabajo, me atrevo a decir, es provocativo, inteligente y divertido,» ha explicado Franken. «Suena a inmodestia pero ahora tengo un nombre en la sátira política.»

Sátira se ha denominado a «castigo a aquellos que lo merecen.» Los escritores desde Erasmo hasta Jonathan Swift pasando por George Orwell han utilizado el humor, la ironía y la ridiculización para evidenciar las locuras de los poderosos, los fracasos de las ideologías deslumbrantes y la cómica debilidad de la propia naturaleza humana.

De manera que, ¿cuál es la «provocadora, inteligente y divertida» contribución de Franken al género? Considere este artículo de la revista Playboy titulado «¡Porn-O-Rama!» en el que se muestra entusiasmado por ser «tiempos excitantes para los pornógrafos y para nosotros, los consumidores de pornografía.» Internet, explica, es «una tremenda herramienta de enseñanza. Por ejemplo, hace un par de años, cuando tenía 12, mi hijo utilizaba Internet para un trabajo de sexto sobre comportamiento animal. Joe pudo bajarse algunas eficaces ayudas visuales que a los demás estudiantes de la clase simplemente les encantaron.» Franken continúa para relatar una experiencia de porno blando sobre mujeres manteniendo relaciones con él formadas en el “Instituto de Titología de Minnesota.»

Orwell estaría orgulloso.

«¡Porn-O-Rama!» es un moderno documento de campaña que todo el lector debería leer — los Ensayos Federalistas del progresismo moderno. Tiene la sensibilidad literaria y la seriedad moral de un torpe empollón adolescente que edita una revista underground para alcanzar la popularidad en el campus a través de la sorpresa. Pero en este caso, el artículo fue redactado en el año 2000 por un hombre de 48 años.

La «etiqueta» de Franken incluye otros títulos destacados. En 2006, tras un largo monólogo acerca de un perro y su vómito, Franken interpretó al fallecido Senador Strom Thurmond diciendo: «Sí, una vez me tiré a una mujer que estaba vomitando.» En una ocasión propuso un gag televisivo acerca de una reportera de la CBS siendo drogada y violada. Ha dado a entender que el título de su próximo libro podría ser «Joder, odio a esos hijos de puta de derechas” Ante un acto social celebrado por la Feminist Majority Foundation en 1999, Franken contaba esta broma divertida al parecer: “¿Por qué no nos enteramos de lo que pueden hacer las mujeres afganas? Pueden cocinar, criar a los hijos y rezar. Según recuerdo, estaba bien en el caso de nuestras abuelas.»

Por supuesto, nuestra cultura popular viola hasta estos generosos límites del gusto con regularidad. Nos reímos de series que contienen la palabra polla, y de viñetas con infantes que utilizan un lenguaje obsceno. En aras de la relevancia y el realismo, nuestra vida común está ya decorada con mierda. ¿Por qué debería ser diferente el discurso político?

Por un motivo al menos: Porque la vulgaridad es con frecuencia lo contrario al civismo. Este no es siempre el caso, por supuesto. Conozco a un académico brillante y generoso con raíces en el sur de Filadelfia que utiliza la palabra joder con la frecuencia de “como” o “y.” Pero la vulgaridad de «The Jerry Springer Show» o la música rap misógina — los equivalentes culturales a la «sátira» política de Franken — en general expresan desprecio y crueldad. Franken no está satisfecho con discrepar con Karl Rove; le llama «escoria humana.» No está satisfecho con criticar a Ari Fleischer; Franken le denomina “el mono.” Los objetivos del humor de Franken — que incluyen a detractores políticos y mujeres — no son simplemente ridiculizados sino deshumanizados. Su pésimo gusto es también perversidad. En lugar de satirizar la vacuidad y la virulencia de nuestro discurso político — un papel adecuado para la sátira – Franken ha reforzado contundentemente esos fallos.

Ciertas instituciones tienen que ser más que un espejo de nuestra cultura, incluyendo a la familia, las comunidades religiosas o el gobierno. En el mejor de los casos, la política puede ofrecer ejemplos de civismo y generosidad que cuestionan el egoísmo y los prejuicios — la tradición suscrita hasta ahora tanto por John McCain como por Barack Obama. En el peor, la política no debería empujar a nuestra cultura hacia la perversión y la vulgaridad. Esto no es mojigatería; es un motivo práctico de preocupación por la cooperación y el respeto mutuo necesarios en una democracia que funciona. Y es difícil creer que esas causas serían atendidas por un Senador Franken.

© 2008, Washington Post Writers Group

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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