(Michael Gerson).-Es algo extraño observar un debate histórico de sucesos de los cuales uno posee el conocimiento del protagonista – algo así como ver a los arqueólogos excavar y cribar por la sala de estar, proponiendo sus propias interpretaciones de tus fotografías y artefactos. Y ello plantea una perspectiva preocupante: Que la mayoría de los debates se desarrollan entre expertos que poseen gran confianza y escaso conocimiento.
Esta controversia arranca cuando Charles Gibson, de la ABC, preguntaba a Sarah Palin por su opinión de la doctrina Bush. La respuesta vaga por parte de Palin suscitaba una respuesta despreciativa por parte de Gibson, que definía la doctrina como “autodefensa anticipatoria.” Charles Krauthammer salía en defensa de Palin, argumentando que hay cuatro versiones consecutivas de la doctrina Bush, culminando en la agenda de promoción de la democracia del segundo discurso de investidura de Bush – una descripción que se aproxima más a la verdad. Joe Klein, con una autoconfianza total e injustificada, insistía a continuación, “Solamente hubo una doctrina Bush” – la prevención de amenazas emergentes. Un frustrado columnista canadiense concluía: “Resulta que nadie sabe realmente en qué consiste la doctrina Bush.»
Pero eso no es muy cierto. La doctrina Bush no es el código Da Vinci. Se desarrolló a lo largo del tiempo, pero se desarrolló en función de las intenciones de un único hombre. El contenido de la doctrina Bush refleja directamente las opiniones del Presidente Bush acerca de la naturaleza del mundo post-11 de Septiembre. Y la formulación de esa doctrina es algo que modelé directamente con él.
Hay muchos discursos que podrían citarse. Pero cuando la visión de la política exterior del Presidente Bush era objeto de ataque general a finales de 2005 y principio de 2006 – el sangriento mínimo de la Guerra de Irak – él iniciaba en su discurso del Estado de la Nación de 2006 una iniciativa encaminada a defender tres puntos o elementos de la Doctrina Bush frente al creciente aislacionismo estadounidense:
—Confrontar agresivamente las amenazas emergentes a la seguridad: Desde el punto de partida, el Presidente Bush afirmó que la prevención de las amenazas de la nueva era – redes terroristas, regímenes que les ayudan y protegen y armamentos de destrucción masiva – no es siempre una tarea del ejército. La presión diplomática y económica son las herramientas predilectas y probables a la hora de tratar con regímenes delincuentes. Y no hay duda de que la Guerra de Irak ha espoleado el apoyo de la opinión pública a las opciones militares, incluso como último recurso. Pero Irak plasma los desafíos de implementar la prevención; no refuta la teoría. Si Irak hubiera poseído arsenales de gas nervioso y agentes biológicos, ¿quién cuestionaría ahora la necesidad de hacer frente a esa amenaza por la fuerza? En estas elecciones, es Barack Obama quien ha propuesto la ampliación de la influencia estadounidense a las peligrosas regiones fronterizas de Pakistán, el cuartel general actual de al-Qaeda. ¿Qué motivo posible podría haber para una acción así excepto la prevención de amenazas para América y sus aliados?
—Promoción de la democracia: La idea de que América se beneficia a largo plazo de la propagación de un orden mundial liberal, democrático y practicante del libre comercio no es una innovación de Bush, es el consenso post-Segunda Guerra Mundial. No todo tirano de la historia reciente ha sido enemigo de América. Pero todo enemigo de importancia de América en la historia reciente ha sido un tirano. La innovación real de Bush fue aplicar este consenso – ocasionalmente al menos – al Oriente Medio árabe. No es tarea fácil. Existen muchos argumentos válidos acerca del ritmo, las fases y los métodos de reforma. Pero eventualmente no hay ninguna alternativa. Los dictadores de Oriente Medio no sólo gobiernan injustamente sino en general ineficazmente, y su opresión empuja a la mayoría de la oposición a la mezquita radical. Conforme estas naciones fracasen o se vuelvan inestables, la pregunta que inevitablemente se planteará a cualquier presidente es: ¿Qué hizo usted por promover una alternativa política viable al islamismo cuando tuvo tiempo?
—Combatir las enfermedades y promover el desarrollo: Este es quizá el elemento más inesperado y menos apreciado de la doctrina Bush. Bush, en ciertos sentidos, ha aceptado una teoría “de las causas raíz” del desorden mundial, desde el terrorismo hasta las redes criminales y de tráfico de drogas, pasando por pandemias y refugiados. De manera que ha duplicado la asistencia al desarrollo a ultramar durante su tiempo en el cargo, y casi ha cuadriplicado la ayuda a África (el campo de batalla de la guerra de ideas contra el islam radical cada vez más importante). Ha condicionado parte de esta ayuda incrementada, a través de la Millennium Challenge Corporation, a mejoras en el gobierno que hacen posible otras formas de progreso económico y social. Ambos candidatos a presidente en la actualidad han indicado que también ampliarán la ayuda global.
En realidad no importa mucho si el próximo presidente y vicepresidente saben identificar estos tres elementos de la doctrina Bush. Van a seguirla de todas maneras.
© 2008, The Washington Post Writers Group

