Irán atraviesa una de sus mayores oleadas de manifestaciones en años.
Desde finales de diciembre de 2025, las calles se han convertido en un hervidero por el colapso económico.
El rial se desploma, la inflación supera el 50% y los precios de productos básicos se disparan.
El 28 de diciembre, comerciantes del Gran Bazar de Teherán decidieron cerrar sus negocios en un intento de llamar la atención del gobierno. Sin embargo, rápidamente, el descontento se propagó.
En solo ocho días, las protestas abarcaron 78 ciudades en 26 de las 31 provincias del país.
Estudiantes, pequeños empresarios y residentes de barrios marginados se sumaron a las manifestaciones. Gritan contra la mala gestión gubernamental y corean “Muerte al dictador” en lugares como Qeshm o Zanjan.
Las fuerzas de seguridad han respondido con gas lacrimógeno, disparos y detenciones masivas. Organizaciones como Hrana reportan al menos 20 muertos, incluyendo a un agente del orden, y cerca de 1.000 arrestos.
El líder supremo Ali Jamenei atribuye la crisis a “enemigos externos” que aprovechan la situación económica para desestabilizar el país. Por su parte, el jefe de policía Ahmad Reza Radan menciona las “detenciones selectivas” de líderes opositores, afirmando que algunos han confesado recibir dinero del extranjero. Los medios estatales califican las protestas como “disturbios cuasi terroristas”.
La crisis económica es el detonante principal. Las sanciones impuestas por Estados Unidos y la ONU debido al programa nuclear han aislado a Irán, restringiendo mercados y aumentando la pobreza.
La caída del rial ha dejado a muchas familias sin recursos para adquirir lo más elemental. En Malekshahi, los enfrentamientos violentos han cobrado tres vidas. Imágenes compartidas en redes sociales muestran cuerpos tendidos en las calles tras intervenciones policiales.
Antecedentes de un régimen bajo presión
Durante años, Irán ha sido un caldero a punto de estallar. Es imposible no recordar las protestas que surgieron en 2022 tras la muerte de Mahsa Amini, donde se exigía el fin del hijab obligatorio. Ahora, el motivo es mucho más palpable: el bolsillo vacío. Sin embargo, el descontento político también está presente. No hay un liderazgo claro entre los manifestantes; es una acumulación de hartazgo generalizado, según señala Nasrin M., economista iraní exiliada en Berlín.
El presidente Masoud Pezeshkian promete reformas económicas y ha instado a su ministro del Interior a entablar diálogos. Pero figuras religiosas como Mohammad Lankarani apuntan con el dedo hacia “infiltrados” y corrupción como causas del descontento social. El reformista encarcelado Mostafa Tajzadeh exige la abolición de la teocracia y una mayor participación popular.
En medio de este caos interno, Irán mantiene alianzas estratégicas importantes. Continúa apoyando al régimen chavista venezolano liderado por Nicolás Maduro, proporcionando petróleo y asistencia militar pese a las sanciones internacionales. Para Teherán, Caracas representa un baluarte antioccidental esencial. Ha financiado proyectos nucleares y entregado drones al régimen venezolano. Pero con las revueltas internas creciendo, surge una pregunta inquietante: ¿podrá continuar esta colaboración?
Las conexiones con Pablo Iglesias, líder de Podemos, añaden una capa adicional de controversia a esta situación ya compleja. Informes previos sugieren que Iglesias recibió fondos desde Irán a través de diversas fundaciones y ha defendido abiertamente el régimen teocrático ante audiencias europeas. Ahora que Irán enfrenta una crisis profunda, esa relación comienza a afectar su imagen pública. El aislamiento internacional aumenta cada vez más; tanto Estados Unidos como Europa están intensificando sus sanciones y la ONU ha reportado ocho muertes solo en lo que va del año 2026.
Haciendo un repaso numérico:
- Protestas: 78 ciudades abarcan 26 provincias.
- Víctimas: Al menos 20 muertos y cerca de 990 detenidos.
- Inflación: Superior al 50% interanual.
- Extensiones: Se registran huelgas en bazares, universidades y calles como Jomhuri.
Alianzas en jaque y evolución posible
La alianza entre Irán y Venezuela, aunque sigue vigente, comienza a mostrar signos de debilidad. Recientemente, Maduro ha acaparado titulares por operaciones polémicas mientras que recibe combustible y tecnología desde Teherán. Ambos países intercambian oro por dólares para sortear sanciones económicas; sin embargo, las protestas internas están desviando la atención del gobierno iraní hacia sus propios problemas domésticos. ¿Cuánto puede sostenerse el poder del ayatollah si su pueblo lucha contra el hambre?
Los expertos son escépticos respecto a una revolución inminente; según afirma Saeed Lilaz, exasesor gubernamental, la población busca eficiencia más que un cambio radical en el régimen actual. Las presiones económicas son “insoportables”, pero el control clerical todavía resiste. Por su parte, Nasrin M. advierte sobre un posible aumento en la represión: “A estas alturas, no creo que sea viable gobernar solo mediante el terror”.
¿Qué futuro nos espera? Los escenarios son variados:
- La represión prevalece: más detenciones y cierres; las protestas podrían disminuir pero no desaparecer.
- Un diálogo frágil: si Pezeshkian logra negociar reformas podría haber una baja temporal en la tensión.
- Un estallido mayor: si empeora la economía sumándose problemas hídricos o aumento precios podría erosionar aún más al régimen.
- Impacto externo creciente: sanciones más duras afectarían tanto a aliados como Venezuela o Hezbolá.
En las calles de Teherán, comercios cierran sus puertas en Shoush y Molavi mientras estudiantes claman “¡Estamos todos juntos!” dentro de las universidades. El frío invernal junto con cortes energéticos complican aún más la situación; incluso el gobierno ha ordenado cierres temporales en once provincias diferentes.
El ahogo provocado por el aislamiento internacional es cada vez más evidente; EEUU lidera estas presiones nucleares mientras Europa condena la represión interna sin contemplaciones alguna . En respuesta, Irán intenta fortalecer su capacidad militar mediante drones dirigidos hacia sus aliados . Sin embargo ,internamente ,el régimen comienza a perder legitimidad.
Por su parte ,Pablo Iglesias queda relegado a un segundo plano; sus defensas pasadas hacia Irán contrastan ahora dolorosamente con imágenes recientes llenas violencia . En España , resurgen debates sobre posibles fondos iraníes destinados a Podemos.
La situación sigue evolucionando rápidamente; aunque las protestas persisten hasta altas horas ,la represión aumenta constantemente . Sin un diálogo real que permita avanzar ,la tensión parece estar condenada a perpetuarse . Irán ,pilar fundamental del chavismo ,podría arrastrar junto consigo a sus aliados hacia un abismo incierto . Las calles decidirán cómo será este próximo capítulo.
Palabras finales: En una nación compuesta por 89 millones ,el silencio ya no resulta suficiente . El rugido popular crece imparablemente.
