ASEDIOS A SOCIOS ESTRATÉGICOS

Preso el chavista Maduro y muerto el ayatola Jamenei, a China se le están acabando los amigos

Con Maduro en prisión y Jamenei fallecido, China observa cómo se desmoronan sus amistades más cercanas. Pekín deja de lado las notas de protesta y opta por una disuasión calculada frente al acoso geopolítico de Trump.

Cumbre China-Irán
Cumbre China-Irán. Presidencia iraní

La detención de Nicolás Maduro y el asesinato del ayatolá Ali Jamenei han dejado a China sin dos aliados fundamentales en América Latina y Oriente Medio.

Mientras tanto, Washington intensifica su presión. Pekín, por su parte, responde con estrategias frías, evitando el envío de tropas al escenario bélico.

La captura de Maduro junto a su esposa en enero ha supuesto un duro golpe para el régimen. Pero un tercer país se vio implicado y perjudicado en esta operación: 32 militares cubanos perdieron la vida. Donald Trump, en su estilo característico, amenaza a Cuba con recortes en petróleo y financiamiento. Además, propone una «Junta de Paz» que siembra inquietud en La Habana.

En respuesta, Xi Jinping reitera su compromiso con la isla y exige a Estados Unidos que levante el bloqueo.

En Irán, la muerte de Jamenei complica aún más la situación.

Tanto China como el Reino Unido han activado sus alertas. Pekín se opone a los aranceles del 25% impuestos a los países que mantienen comercio con Teherán y recordó que firmó un acuerdo de colaboración por 25 años con Irán en 2021.

Con todo esto, Pekín ya no se conforma con enviar notas diplomáticas. Ante el acoso sistemático a sus aliados, cambia su estrategia y deja atrás la diplomacia pasiva. Implementa una disuasión indirecta fría y calculada, elevando los costos del acoso estadounidense sin necesidad de despliegue militar.

Pekín mueve ficha con resistencia activa

China está acelerando la creación de su red financiera alternativa. Avanza en el desarrollo del sistema CIPS para pagos en monedas locales y seguros que escapen al control estadounidense. Además, refuerza sus defensas cibernéticas y ofrece tecnología a sus aliados para proteger infraestructuras críticas.

El gigante asiático envía ayuda alimentaria a Cuba y brinda respaldo diplomático a Teherán. También lanza mensajes claros hacia México y los países del Sudeste Asiático: al asociarse con Pekín hay inversión garantizada y protección ante posibles sanciones.

En el ámbito internacional, une fuerzas con Rusia y Pakistán en la ONU para denunciar las violaciones de la Carta por parte de Washington. Su estrategia atrae a naciones preocupadas: por ejemplo, Arabia Saudí está entrenando pilotos para operar cazas J-10, mientras que países como Indonesia, Sudáfrica, entre otros, observan atentamente lo que sucede.

A pesar de ello, tanto Vladimir Putin como Xi Jinping adoptan una postura cautelosa. No logran frenar el avance implacable de Trump, dejando a Pekín incapaz de hacerle frente en el ámbito internacional.

La estrategia de Trump busca desmantelar la red china

El presidente estadounidense aplica lo que podría considerarse una «Kissinger invertida». Se acerca a Putin, buscando romper el sólido bloque ruso-chino. Exime aranceles a Rusia y promueve la paz en Ucrania.

Utiliza una táctica de disuasión territorial, amenazando con anexar Groenlandia, Canadá o Panamá como mensaje directo a Xi: si alteran fronteras, nosotros también lo haremos.

Los aranceles impuestos crean una cortina que desvincula las economías chinas del resto del mundo. Obliga a sus aliados a tomar partido en un plazo máximo de 90 días, fragmentando así el comercio global en dos esferas distintas.

Además, firma un pacto con Taiwán, reduce aranceles e invierte 250.000 millones en semiconductores dentro de EE UU. Todo esto reordena cadenas clave de suministro.

En la región Indo-Pacífico, establece mini-alianzas como AUKUS y QUAD para contener el ascenso chino e incluso llega a un acuerdo con Malasia, otorgándole acceso a tierras raras sin cuotas impuestas.

La Estrategia de Defensa Nacional 2026 tiene como prioridad disuadir a China, considerando al Hemisferio Occidental como un escudo logístico que impida cualquier intento hegemónico del gigante asiático sobre Asia.

¿Hacia un conflicto bipolar?

Ante este panorama complicado, China intenta cubrir los vacíos dejados por sus aliados caídos. Planea girar hacia Vietnam, Malasia y Camboya en 2025 presentándose como defensor del libre comercio.

Diversifica sus rutas comerciales mediante la Ruta de la Seda Polar para reducir su dependencia respecto a cuellos de botella marítimos cruciales.

Sin embargo, las acciones de Trump continúan obstaculizando su avance: bloquea energía desde lejos mientras vende armas a Taiwán y amenaza con establecer un bloqueo naval sobre Cuba.

Así las cosas, Pekín opta por ejercer coerción sin llegar al conflicto armado. Mantiene una presión militar constante sobre Taiwán mientras libra una guerra cognitiva desde las sombras. La ambigüedad sigue siendo su mejor aliada.

La red china podría resquebrajarse si se rompen eslabones clave; tanto Maduro como Jamenei eran pruebas significativas en este entramado geopolítico. Aunque Pekín lucha por resistir ante estas adversidades, cada vez le resulta más costoso hacerlo. Washington presiona hacia elecciones globales mientras el tablero internacional se vuelve más complejo.

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