Mientras el Desembarco de Normandía —la célebre Operación Overlord del 6 de junio de 1944— acapara la memoria colectiva como el punto de inflexión de la Segunda Guerra Mundial, otro gran asalto aliado pasó casi desapercibido: la Operación Dragoon, lanzada el 15 de agosto de 1944 en las costas de Provenza, en el sur de Francia.
Conocida como «el otro Día D», esta invasión fue mucho más rápida y menos costosa que la de Normandía. Mientras Overlord tardó dos meses y tres semanas en consolidarse, Dragoon se completó en apenas un mes, gracias al debilitamiento de las defensas alemanas. Su objetivo: capturar puertos clave como Toulon y Marsella, aliviar los problemas logísticos aliados y abrir un segundo frente que acelerara la retirada nazi.
Más de 500.000 soldados participaron, según registros estadounidenses, de los cuales unos 230.000 eran franceses. Pero lo que distingue a esta operación es su rostro multicultural: la mayoría de las tropas galas provenían de las colonias africanas, principalmente del norte de África (Argelia, Marruecos, Túnez) y el África subsahariana.
«Las unidades que desembarcaron en el sur de Francia provenían principalmente de países del norte de África», explica el historiador francés Raffael Scheck. En total, se estima que más de un millón de soldados africanos lucharon con los Aliados durante la guerra, y en 1944 representaban dos tercios del ejército francés, diezmado tras la invasión alemana de 1940.
Originalmente planeada para coincidir con Normandía, la operación se pospuso por falta de recursos y se reactivó ante el estancamiento en el norte. Pese a la oposición británica —Winston Churchill prefería reforzar Italia—, la necesidad de nuevos puertos se impuso. El general estadounidense George Marshall la calificó como «una de las cosas más exitosas que hicimos«.
Sin embargo, la contribución africana fue deliberadamente invisibilizada. A finales de 1944, el gobierno provisional francés licenció en masa a los soldados coloniales y «blanqueó» su ejército, entregando armas y uniformes a resistentes metropolitanos. «Dejó un rastro de resentimiento«, afirma Scheck.
La discriminación continuó tras la independencia de las colonias: desde 1959, las pensiones de estos veteranos se congelaron, manteniéndose en niveles inferiores hasta su equiparación parcial en 2010. En 2017, el presidente François Hollande reconoció una «deuda de sangre» con ellos.
«Cuando piensas en la Liberación de Francia, lo primero que viene a la mente son imágenes de París o soldados estadounidenses en jeeps», lamenta la periodista francesa Audrey Pulvar. «Nunca piensas en el soldado colonial que liberó Marsella. Pero es hora de colocarlo en la memoria colectiva».
Hoy, los aniversarios de Dragoon se celebran en Francia con presencia de líderes africanos —en 2019, Emmanuel Macron recibió a Alassane Ouattara (Costa de Marfil) y Alpha Condé (Guinea)—, un gesto simbólico para reparar una historia largamente olvidada.

