BEBIDA ESPIRITOSA “CINÉFILOS FELINOS”
(EN TORNO A “BLADE RUNNER”, LA PELÍCULA)
Pido permiso a Florentina Baldamero (el asiduo y desocupado lector de las urdiduras y “urdiblandas” que tiene a bien trenzar servidor habrá colegido, oportunamente, lo obvio, que se trata de uno de los seudónimos que el abajo firmante pergeñó para rebautizar a Cristina Barú Ardao), mi alma gemela, media naranja y amada dama uruguaya, al objeto de dedicarle este poema a Raquel, la afable, amable, extravertida y locuaz chica valenciana con la que ayer (habiendo gravitado alrededor de la Villa y Corte y dejándose caer plácidamente dentro del estadio Vicente Calderón el azar, éste dispuso que el menda ocupara el asiento que quedaba a la izquierda de la susodicha) disfruté más, bastante más, hablando de literatura que viendo el encuentro de Copa que libraron los conjuntos rojiblanco y che.
“Infiernos hay en la memoria
Si no lo hay en la conciencia”.
Rosalía de Castro
El hito no dilúyese en la Historia;
El mito en la semiótica tampoco.
Experto en Nexus VI, versado en réplicas:
Un día, hace copiosos almanaques
(Tantos, que mentiría si admitiera
Que sé cuántos), salí de casa (entre otros
Propósitos, mas no de menor rango)
Con la cuerda intención de coger número,
Pedir vez, hacer cola o guardar turno
Ante la concurrida ventanilla
De la municipal “deuvedeteca”
Para alargar el préstamo de un clásico
Del cine de ficción-ciencia, una cumbre
Que, a la sazón, llevaba so la axila
(La prefiero mil veces a sobaco).
Desde entonces, no he vuelto a degustar
Las secuencias filmadas por Scott,
Ambrosía repleta de prodigios,
Los compases compuestos por Vangelis,
De glorias rebosante cornucopia.
Tres cazarrecompensas, tres, posesos,
A cruzar me obligaron el vestíbulo
De este aprisco de cabras descarriadas,
De este hospital de esquilas y cencerros.
¿Qué horroroso dislate cometí?
¿Qué imperdonable error, para que aún
Perduren represalias energúmenas,
Descabezados y ápodos tormentos?
Uno de aquellos diantres me espetó:
“Usted las condiciones no reúne
Para vivir del muro al otro lado.”
Hoy, como los ayeres abismales
Que a tal antecedieron, sigo haciéndome,
Por la afirmación doble precedida
Y la impar confirmación refutadora,
Con parecidos índices de chasco,
De rigor la pregunta: “sí, sí, pero,
¿Aquí dentro se pueden juntar tales?”
En el pedregal piérdese una lasca
Como una gota de agua en el océano.
Ángel Sáez García
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