LO DE LAS GUAGUAS HACE AGUAS
A Ana, inesperada hada, y, asimismo, a Aarón, ducho animador y perito mediador, y, en su nombre, a todos los trabajadores del Hotel Catalonia Punta del Rey, sito en Las Caletillas (Tenerife), donde me hallo hospedado, porque todos los susodichos, sin excepción, de consuno, se esfuerzan en hacer disfrutar a los clientes del señalado hotel de una estancia inolvidable, de unas inmarcesibles vacaciones estivales.
A mi dilecto amigo Manuel (a él le gusta que le llame Manolo) O. C. se lo he comentado en varios correos y/u ocasiones: la ciudadanía española, si fuera coherente, debería mudar el nombre de España por Absurdilandia (o, en su defecto, por Dislatelandia). Y es que el doble término de arriba le conviene o le viene como anillo al dedo, como alianza al anular, si hacemos caso (a todo lo que ocurre, desde el orto hasta el ocaso) o tomamos en cuenta y/o consideración las innumerables incongruencias que acaecen en su suelo o territorio.
Daré, a continuación, una nueva muestra (otro estúpido botón), que viene a abundar, corroborar, ratificar o refrendar la tesis que vengo manteniendo o sosteniendo desde hace mucho tiempo.
En las Canarias (donde me encuentro de vacaciones; en concreto, en la mayor de sus islas, donde se yergue el Teide, Tenerife) he tenido conocimiento del último disparate: el conflicto que ha surgido en torno a las ITV, pues, al parecer, la norma manda que la revisión de los autobuses (inter)urbanos (conocidos aquí como guaguas) se lleve a cabo con el vehículo cargado (que es lo lógico y normal).
Ahora bien, como los conductores de los tales vehículos no van a ir a hacer las mentadas pruebas con pasajeros, algunos han colocado en los asientos sacos terreros. Bueno, pues, he aquí el absurdo, porque la Guardia Civil, cumpliendo con su cometido, es decir, respetar y hacer respetar la ley, ha multado a varios por portar los sustitutos de los viajeros, o sea, los mencionados sacos, ya que las guaguas no están habilitadas para llevar dicha carga.
Si la anécdota (que no se puede elevar a categoría, no, pero se las trae) descrita no es propia de gente orate, que vive, de continuo, inmersa en un disparate, quiero decir, en el país del dislate, que venga Dios y lo vea.
Ángel Sáez García
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