El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Los actuales filósofos-reyes de «el Judas de Sócrates», Platón

LOS ACTUALES FILÓSOFOS-REYES DE “EL JUDAS DE SÓCRATES”, PLATÓN

Los actuales filósofos-reyes (ellas y ellos) de Platón, expertos en egolatría, reputados maestros en el manejo del yoyó, solo llegarán a coronar los múltiples dislates de que constará su insensata y tamaña (uso aquí la susodicha voz con el significado exclusivo de “tan pequeña”) obra si los demás los dejamos gobernar con total, entero y completo poder o mando, con absoluta autoridad. Ellos, renovados dictadores, remozados autócratas, para tomar sus decisiones, no consultarán a la gente, ya que, como, en sentido estricto, no fueron elegidos inicialmente por la gente, sino escogidos por ellos mismos y por su clac o claque, quiero decir, su propia gente, no podrán ser destituidos por la gente, aunque no dejarán de hacer referencia una y mil veces, si hiciera falta, al hontanar de su autoridad, mando o poder, la manida gente, que no quieren que sea nunca ni diligente ni inteligente, porque, en tal caso, barruntan, y no les faltará motivo o razón, se les acabará el chollo vigente, la ganga, mamandurria o sinecura permanente. Los modernos filósofos-reyes de Aristocles han dicho e iterado hasta el hartazgo (pero como sabemos los que no nacimos ayer que del dicho al hecho suele mediar un más ancho que estrecho trecho), la saciedad, que solo ostentarán cargos políticos, como máximo, durante dos legislaturas (no más de ocho años) y luego volverán a hacer lo que hacían (que no habrá para ellas y ellos —porque no tendrán el descaro o la desfachatez de dar su aquiescencia o anuencia a las— puertas giratorias). Veremos si es así. Lo comprobaremos. Y, en el supuesto de que no cumplan lo prometido, si vivimos, lo señalaremos y reprobaremos, sin duda. Ergo, demos tiempo al tiempo, y aguardemos a ver qué dice ese juez supremo que quita y da razones, el tiempo, pero mucho me temo (la intuición no es un don, facultad o virtud exclusivamente femenina) que nos daremos de bruces con más de una muestra de incoherencia manifiesta o incongruencia notoria que se encargará de servirnos en bandeja la inconcusa realidad, que acaso tenga mucho que ver o se identifique, poco más o menos, con esta, con cómo, con distintas añagazas o subterfugios, intentan convencernos a los ciudadanos libres de que ellos (varones y/o hembras) no desean perpetuarse en el poder, sino que es la gente, en puridad, el corro de palmeros que conforma su propia gente, quien no solo les pide e insiste, sino que les exige tal cosa, una vez han conseguido inculcar, que no instruir o educar (más bien formar, grabar a fuego y controlar las mentes) a las elites, los hombres y las mujeres que han logrado pervertir con su mal ejemplo o contaminar con su falsa doctrina, como de esa guisa cabe colegir que se debía hacer, según había aventurado “el judas de Sócrates”, Platón. Los filósofos-reyes y sus mariscales de campo, sus inmediatos subordinados (las dos clases cimeras, superiores, del Estado de Aristocles), no sus adláteres o paniaguados, se parecen, como un huevo a otro, a los periclitados mandamases de los partidos comunista, fascista y nacionalsocialista, que gozaron de predicamento durante el primer tercio del siglo pasado, y a los modernos gerifaltes o jerarcas de los populismos varios que pululan en el momento actual, presente, por doquier.

Ángel Sáez García
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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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