El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

El sistema de Ortega y Gasset chifla…

EL SISTEMA DE ORTEGA Y GASSET CHIFLA

TANTO A LÁZARO LÁZARO QUE FLIPO

Ayer recibí un correo de un excompañero de estudios. Se llama Lázaro Lázaro. Entonces, cuando lo conocí en Zaragoza (ambos cursamos el Tercero de BUP, Bachillerato Unificado Polivalente, por Letras, en el colegio San Valero, seminario metropolitano), me manifestó no una, sino varias veces, que estaba hasta más arriba de las narices de que su nombre y primer apellido coincidieran. Me comunicó que tenía ganas de cumplir los 18 Años, o sea, de estrenar la mayoridad, porque ese hecho llevaba aparejado, según me confesó, otro, la posibilidad de cambiar la gracia de pila que con un derroche de humor o suma gracia le puso su padre, porque su madre, si nacía varón, había pensado llamarle Eduardo, y Sofía, si era fémina.

Bueno, pues el correo lo firmaba como Lázaro Lázaro. Así que algo había ocurrido, eso deduje, en su vida que le hizo reconsiderar su intención o resolución y no mudarlo. Llegué a considerar la opción de que lo había hecho para que yo no dudara de él ni del contenido de su correo. Y, como esa circunstancia ignota me intrigaba, me decidí a contestarle y preguntarle qué razón de peso le había llevado a echar en saco roto aquel propósito de otrora. Me ha respondido esta mañana. Cuando cumplió la edad citada, le adujo a su novia de entonces, que es su actual esposa, con la que tiene cuatro hijos, todos ellos profesores, como ellos dos, la pretensión que tenía, desde que era un chaval, y ella le dijo que ahora era mayor de edad y no un crío, esto es, que se comportara como tal, y que, si seguía con esa chifladura infantil, que se replantearía su relación con él. Como él estaba enamorado de Rosana, tanto como ella de él, se olvidó de dicha determinación en un santiamén.

Su primera comunicación tenía que ver con mi adicción al perspectivismo de José Ortega y Gasset, y al ejemplo proverbial propuesto por él, al exhibir una manzana en cierta conferencia inolvidable. Me arguyó que lo mismo le pasaba a él; que tenía una opción inicial, pero que se sentía huérfano y soltero, solitario, y necesitaba una pareja que lo complementara o completara, como si él fuera una semiesfera platónica, una media naranja y echara de menos o en falta a su otra media. Él lo adujo así:

“Ángel, de casi todo asunto que conozco tengo mi propio parecer personal, pero, como me sabe a poco lo escaso que sé al respecto, o sea, que se conozca solo una faceta del poliedro que me siento o soy, un icosaedro, me esfuerzo en enseñar más caras o caretas de mí. Esa tendencia que tengo a considerar también la opción o varilla que no me es natural ha resultado ser siempre beneficiosa para mí, porque hace que me sienta más tolerante o transigente con el otro. Eso me ha permitido vencer y olvidar al dogmático que fui y dejarme más satisfecho”.

Como a mí me acaeció, ocurre y, seguramente, sucederá tres cuartas partes de lo mismo, me temo, se lo hice saber ayer, en el correo en el que terminaba preguntándole por qué no había coronado lo que había previsto hacer, una vez cumpliera la mayoría de edad.

Así que no le debe extrañar al atento y desocupado lector (ora sea o se sienta ella, él o no binario) que haya elegido para que encabezaran estos renglones torcidos los dos versos endecasílabos que forman el rótulo: “El sistema de Ortega y Gasset chifla / tanto a Lázaro lázaro que flipo”.

Nota bene

La experiencia de Lázaro (bis) me ha hecho rememorar la Rima VII de Gustavo Adolfo Bécquer:

Del salón en el ángulo oscuro,

de su dueña tal vez olvidada,

silenciosa y cubierta de polvo,

veíase el arpa.

¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,

como el pájaro duerme en las ramas,

esperando la mano de nieve

que sabe arrancarlas!

¡Ay!, pensé; ¡cuántas veces el genio

así duerme en el fondo del alma,

y una voz como Lázaro espera

que le diga “Levántate y anda”!

Algo parecido tuvo que escuchar Lázaro (se lo dijo Rosana, su novia de entonces y hoy esposa y madre de los cuatro hijos docentes, como ellos, que tienen en común): “Olvida tus chorradas infantiles, / y sé, Lázaro, un hombre hecho y derecho. / Y sácale partido a eso, provecho”.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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