Pacos

Paco Sande

Demagogos por miedo.

Navegando por internet, veo en un foro que, según una encuesta, a los jóvenes ya no les interesan los coches. Los ven como una fuente de contaminación, no como un símbolo de estatus o el sexo.
¡No puedo creerlo! ¿Pero de dónde sacaron esta encuesta?
Y me apresuro a dejar mi comentario que fue como sigue: Solo una ínfima parte de los jóvenes tienen una capacidad neuronal suficiente para ver a los coches como algo contaminante y estresante. (Que es lo que realmente son)
A la grandísima mayoría de nuestros jóvenes les gusta más un coche que a un tonto un lápiz.
Ya estamos con la maldita demagogia progre, la maldita manía de decir lo que creemos que debemos decir y no lo que realmente pensamos. O sea, tratamos de decir siempre lo que últimamente se conoce como “lo políticamente correcto”.

Más tarde un amigo me lleva a otro sitio de internet y me enseña la noticia completa, que es la siguiente:
Los fabricantes de coches de EEUU ven preocupados como están cambiando los hábitos de consumo de los menores de 30 años. Actualmente ven los autos como una fuente de contaminación, no como un símbolo de estatus o el sexo. Prefieren usar el transporte público al trabajo y compartir el automóvil para viajes más largos:»prefieren comprar ordenadores, BlackBerrys, música y software y ven los trayectos en coche una pérdida de productividad enorme cuando pueden trabajar con la PDA en transportes públicos».
¡Ah! Era en Estados Unidos, así se comprende.
No obstante lo que digo sobre la demagogia “progre” o de “lo políticamente correcto” que impera en nuestro país, no lo cambio.

Y luego pienso ¿Por qué?
¿Por que a los españoles nos gustara tanto “pretender”, aparentar lo que no somos?
Y la respuesta es: por miedo.
Tenemos un miedo horrible a que nos vayan a tachar de carcas o, peor aún, fachas.
Y lo peor es que es así. Apenas dices cualquier cosa que se sale de los cánones de lo pre establecido, bien sea por el vulgo, por la “Memoria Histórica” o por el feminismo “libertador e igualitario”, acabas siendo tachado con alguno de estos adjetivos, especialmente el ultimo -“facha”- que ha terminado valiendo tanto para un roto como para un descosido.

Y es por este miedo que acabamos siendo demagogos, hipócritas, busca aplausos, tratar de parecer más joven y moderno de lo que uno realmente es, fantasma, alabar un vino, una pintura, un autor, etc., solo por el nombre. O sea unos forofos del spanish-papanatismo-.
Es este miedo el que nos lleva incluso a reconocer que lo normal ahora no es que la familia esté formada por los hijos, una madre y un padre, sino que lo normal, lo mas normalísimo de la muerte, es que esté formada por los hijos e hijas y dos madres o dos padres.
Reconocer que es normal que, en algunas partes de España, sea obligatorio escolarizar a nuestros niños o rotular nuestros negocios en el idioma regional e incluso si uno es medico maestro o bombero ser capaz de entender y hablar este idioma para poder ejercer en dicha región y todo porque eso forma “parte de nuestra libertad”.
Y acabar aceptando que, una cultura que basa su forma de vida en la religión, donde todos sus gobiernos son dictaduras teocráticas, donde se flagela y lapida en público a la mujer y donde una mujer tiene menos derechos que un perro, sea una cultura que merece nuestro respeto porque es “su” cultura. Y, además, tenemos que aceptar que las gentes de esa misma cultura vengan a nuestro país como inmigrantes y en vez de adatarse ellos a nuestras costumbres y forma de vida, sigan con su “cultura” y seamos nosotros los que tengamos que adaptarnos a sus costumbres y su forma de vida. Por dios.

A ver cuando somos capaces de de decir las cosas como las vemos y no como creemos que a los demás les vaya a gustar que las digamos.
A ver cuando somos capaces de ser sinceros.
Cuando eso suceda podremos decir que somos realmente libres.

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