Pacos

Paco Sande

Olvidar de que va la Navidad es ignorar nuestra historia.

Todos los años, desde que escribo este blog, llegadas estas fechas, me gusta reflexionar y preguntarme sobre lo que la Navidad representa para nosotros. Y cada año es lo mismo. Entramos en un frenesí de compras y gastos sin ton ni son, mientras tratamos de adivinar lo que regalarle a este o aquel, para que todo el mundo se sienta contento y nadie se sienta discriminado, aun que luego, a la hora de la verdad, y a pesar de que todos decimos que lo que nos han regalado es lo que siempre hemos deseado, la verdad es que nadie queda realmente contento.
Pero aparte de este maremágnum de gastos y felicitaciones de las fiestas y tal, son muy pocos, poquísimos, los que realmente tienen, ni siquiera, un pasamiento dirigido al motivo real de la Navidad.
Muy pocos recuerdan que la Navidad, se hace en recuerdo de un hombre que nació hace dos mil años en Belén, una pequeña aldea de lo que hoy es Palestina. Un lugar en el que, hoy, resalta la voz del imán, que, al alba, desde un minarete llama a los files musulmanes a los rezos matutinos. Y donde el recuerdo de aquel hombre está ya difuminado y si aun queda algo, algún vestigio, es solo por hecho de que los peregrinos cristianos que cada año acuden al lugar, dejan sus buenos dineros, de otra forma, del lugar donde nació Jesús, ya no quedaría ni la sombra.
Y, sin embargo, el recuerdo de la vida y muerte de aquel hombre, sirvió para alentar el espíritu de muchos pueblos, de no rendirse ante las adversidades y de seguir luchando por un ideal de conseguir un mundo mejor.
Nuestra historia, el modo en que contamos los años, hacia adelante o hacia atrás, empiezan con el nacimiento de este hombre, y resulta inconcebible pensar que, de nunca él haber existido, pudiese haber sido de otra manera.
Durante muchos siglos, innumerables historiadores, filósofos, escritores y pensadores han reflexionado sobre la impronta que la vida de este hombre marco sobre el mundo.
Fue crucificado como un malhechor, cuando todo el mal que había hecho era predicar por la igualdad para todos. Su vida y muerte fueron una batalla perdida, pero una victoria moral que nos permitió a muchos de nosotros tomar aliento y seguir luchando incluso ante la más cruda adversidad, siempre con la esperanza de que, por muy negro que sea el presente, siempre hay un futuro que nos mostrará una salida.
Para muchos fue un dios, para algunos un hombre. Pero lo mas importante para todos fue la admiración que todos sentimos por el heroísmo y la valentía que dignifico su muerte y lo que su vida significo para la civilización occidental y para el mundo.
Olvidar esto, es querer ignorar nuestra historia y el motivo que nos explica como civilización y como occidentales.

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