Pacos

Paco Sande

No importan, ni guerras, ni transiciones, ni crisis, ni una lengua común, ni 500 años de historia juntos…

He estado fuera así que voy con retraso. Pero quiero escribir, todavía, sobre el 20N, o sea, sobre las elecciones al Gobierno de España.
Como de todos es sobradamente conocido, a estas alturas faltaría más, las “Elecciones Generales” dieron ganador al Partido Popular, por una amplia y abrumadora mayoría absoluta, -un “ landslide”, que dirían los británicos- tanto, que acabé sintiendo pena por Rubalcaba.
España, con esta votación, ha demostrado que ha llegado a la mayoría de edad en democracia y no digo esto porque yo también vote al PP, no, lo digo porque es así.
Para que un país sea sano y democrático debe tener ambivalencia en sus gobiernos.
El partido en el gobierno debe tener siempre ante sí una oposición fuerte y solvente, con una alternativa real de gobierno y así, si el partido gobernante lo hace mal, se le pone unos años en barbecho para que recapacite, y se le da la oportunidad al de enfrente y que demuestre lo que sabe hacer.
Así es como ha votado España, y así es como debe votar un país democráticamente saneado. Lo contrario, el votar siempre a las mismas siglas, a una camiseta o a una ideología, no pasa, en el mejor de los casos, de cortos de miras y, en el peor, de simple fanatismo.
Pero, aunque España ha pasado su revalida en democracia con nota, por desgracia, todavía quedan en España dos rincones donde sus habitantes parece no enterarse: Cataluña y las Vascongadas, dos lugares que todavía van su bola.
Para estas gentes no importan, ni guerras, ni transiciones, ni crisis, ni una lengua común, ni tradiciones afines, ni más de 500 años de historia juntos, ni nada. Ellos, simplemente, se creen razas superiores que viven en unos países diferentes y privilegiados y acaban siempre votando a los mismos, al nacionalismo separatista, racista, excluyente y, en el caso de las Vascongadas, criminal.
No importa que la crisis haya elegido a Cataluña como uno de los lugares de España donde morder con más fuerza, no importa que la realidad de la miseria y la ruina en la que están metidos les golpee una y otra vez en la cara, demostrándoles que la arcadia prospera y feliz que ellos ven en Cataluña, no pasa de una quimera, una utopía, que solo estás en sus mentes.
¿Y los vascos? Esos que le han dado su voto a la ETA… Por dios…
Arcadi Espada, tachó ese voto de inmoral y eso escoció a muchos.
Pero el señor Espada tiene toda la razón del mundo.
¿Cómo sino, se puede calificar un voto dado a unos asesinos?
Y, por último, queda Galicia y su “nacionalismo”.
Bueno, aquí puedo escribir, con gran alegría, que la cosa no pasa de ser la insignificante expresión de algunos que, o bien viven de ese cuento, o son tan “naives” que se lo han creído o, simplemente, que todavía están por desasnar.
Han conservado dos escaños, uno en La Coruña y otro en Pontevedra, de milagro y por la mínima y, sin embargo, esto no ha sido óbice para que uno de esos dos diputados, un tal Jorquera, clame que, gracias a estos dos escaños, Galicia tendrá voz en el Parlamento.
Por dios, señor Jorquera, ahórrenos de sus diatribas, puesto que Galicia ya tiene voz en el Parlamento, la voz que Galicia ha decidido tener.
Galicia ha votado de la siguiente manera:
Partido Popular: 15 diputados -855.734 votos.
Partido Socialista: 6 diputados -451.233 votos-
Bloque Nacionalista: 2 diputados -183.279 votos-
Así ha hablado Galicia, esta es su voz, escúchela.
Y es que, para defender la “patria chica” de uno, sea esta Galicia, Cataluña, Vascongadas o lo que se tercie, no hace falta rayar el fanatismo.
Puesto que, especialmente los gallegos, detestamos de esa clase de gentes.

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