Pacos

Paco Sande

Todo el mundo tiene su religión.

Leía, hace un par de semanas, en este mismo periódico que, en Corea del Norte, el régimen más hermético del mundo, el más férreo control llega a todos los ámbitos de la vida de una población que se muere literalmente de hambre y que en ese país la libertad religiosa es una quimera puesto que toda religión está prohibida.
Pero pese a que allí no se puede hablar de Buda, ni de Jesucristo, ni de Ala, si que se da la paradoja de que hay una religión oficial: el culto a la familia Kim.
De hecho Kim Jong Sung, el fundador comunista de la dinastía que ha sumido a Corea del Norte en la mayor miseria material y moral de la historia, tiene consideración de “presidente eterno” y es de naturaleza divina, ¡ahí es nada! Y lo mismo ocurre con su hijo, ya finado, Kim Jong Il y con su actual mandatario Kim Jong Un, ese muchacho de peinado de fraile medieval y pinta de faltarle un par de hervores.
Pero esto tampoco no debe escandalizarnos mucho puesto que todo el mundo, o casi, sigue una religión sin darse cuenta siquiera de ello.
Aquí en España es, ya hace mucho tiempo, una religión el ir en contra de la Iglesia Católica, la Guardia Civil o los judíos.
Otra religión que los españoles siguen también desde hace tiempo es el sacrosanto comunismo, véase el milagro de Podemos, a su lado Fátima y Lourdes se quedan en agua de borrajas.
Y es que damos el trasero por un guerrillero heroico, tipo Che Guevara, y enseguida vemos libertadores del proletariado por todas partes, solo tienen que decir que están en contra del sistema, especialmente si gobierna la derecha, hacer unas cuantas manifestaciones con mucho ruido, con quema de contenedores, pedradas contra los antidisturbios, romper todo lo que se encuentre por delante y toda clase de “gamberradas” que se les ocurra, y ya son venerados por una chusma de pánfilos babeando como un perro sobre un hueso, extasiados con el descubrimiento que les acaban de revelar o acaban de descubrir, de que su generación es la elegida para cambiar el mundo. Ellos van a ser los que van a liberar al mundo de sus miserias. Ya no habrá más pobres ni ricos, todos seremos iguales, trabajaremos menos y cobraremos mas, y seremos felices y comeremos perdices, etc., etc.
Y por ultimo están los nacionalismos separatistas, fanatizados hasta el tuétano y con un dogma inviolable: solo eres un buen catalán, vasco, gallego etc., si te crees «diferente», del resto de los españoles, o sea, mejor, pides la independencia de tu terruño y hablas en la jerga regional de turno, y punto.
Con estos últimos es inútil tratar de discutir o razonar. Su religión, “el nacionalismo”, es dogmatico: En Galicia hay que hablar pensar y vivir en gallego, porque lo dice su catecismo y no hay más alternativa, por lo tanto no se discute*.

*Aquí hablo de los nacionalistas gallegos porque son los que me caen más de cerca, aunque supongo que en todas esas demás regiones que tuvieron la “suerte” de nacer con lengua propia, su letanía será más o menos la misma.

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