Pacos

Paco Sande

Mi cuarentena por el Coronavirus.

15-03-2020

Primer día

Hoy han decretado el estado de alarma en todo el país. No sé si empieza esta noche o ha empezado ya.
Bueno, para mí, es hoy el primer día.
Como todos los días salgo de casa a las 9.00. Para ir a casa de mis padres.
Éstos, mis padres, son dos personas mayores. Ella, mi madre, sufre de alzhéimer severo desde hace tres años y necesita muchos cuidados. Él, mi padre, está en una silla de ruedas. Así que, como se pude apreciar, tengo un trabajo completo.

Los supermercados están abarrotados igual que cualquier sábado. Estos días atrás han sido literalmente saqueados. Jesús, como se pone la gente de asustada. Bueno, hoy no paro.

16-03-2020

Segundo día

Nueve de la mañana. Salgo para levantar a mis padres.

Los supermercados, en mi pueblo abren los domingos por la mañana, están abarrotados igual que ayer.
No importa, no necesito nada más que pan y azúcar, probare en la gasolinera.
Si, en la gasolinera, tenían pan y azúcar. Estas gasolineras con mini supermercados, son la leche.

No hay mucha gente por la calle. Pero el trafico, aunque ha descendido bastante, sigue siendo muy intenso

17-03-2020.
Tercer día.

Como en días anteriores, salgo de casa a la 9.00, para ir a levantar a mis padres.
Antes me paso por el supermercado. No hay mucha gente y, además, todo el mundo parece guardar la distancia de seguridad. Hay alguno con mascarilla, pero muy pocos.
Cojo comida para el gato, esto no escasea, lo que casi no hay, otra vez, es papel higiénico. ¿Pero qué hace la gente con tanto papel higiénico? Por dios, ¿es que todo el mundo anda mal del vientre o es que el virus este viene con diarrea?
Lo que si no soy capaz de encontrar es un pollo entero, cojo dos traseros, un paquete de fideos y dos platos de albóndigas precocinadas.
También cojo un paquete de pan de molde. No hay el que consumo habitualmente, cojo el que hay, es algo más caro pero no se puede pedir más, dadas las circunstancias.
Paro en la farmacia a comprar una botellita de alcohol, que me dicen que no hay.
Pruebo en otras dos, con el mismo resultado. En la última, la chica me dice que no busque más, puesto que no lo voy a encontrar. Bien, me voy sin el alcohol.
Llego al pueblo de mis padres y no se ve un alma por la calle. Es un pueblo pequeño que casi se ha quedado vacío en los últimos años. Allí tenemos una finca grande donde puedo pasear o tomar el sol a mis anchas. Se agradece.
A media mañana me viene a visitar el vecino de al lado, un hombre de 80 años que vive solo.
Hablamos un rato y se va a hacer su comida, dice él.
Más tarde viene a visitarme un amigo mío, el cual, igual que yo, también está al cuidado de su madre.
Este es nuestro grupo: el señor mayor, mi amigo, mis padres y yo. Esta es la gente con la que yo me relaciono en todo el día.
Paso el día con mis padres, hasta las cinco, hora en que viene la chica que los cuida por la noche. Y me voy a casa.

18-03-2020

Cuarto día

Salgo de casa a las 9,00, para ir a levantar a mis padres.
Antes de ir me acerco al supermercado que está junto a mi casa, necesito toallitas húmedas.
Delante del súper hay una cola como la que vemos junto a “Doña Manolita” el día antes de la lotería de Navidad.
Desisto de ir a este supermercado y me voy a otro que hay dos calles más arriba. Tengo suerte, en este no hay tanta gente y entro sin problemas.
A la entrada una dependienta me echa desinfectante en las manos y me da unos guantes de usar y tirar. Se agradece.
Cojo las toallitas, solo hay una marca, y me largo al pueblo. Apenas veo coches por la carretera.
A media mañana me visita el señor mayor y mi amigo, me cuentan que ya hay enfermos del “Coronavirus” en el pueblo. Al parecer se trata de una pareja. Un matrimonio de personas mayores que habían regresado de unas vacaciones en Benidorm, y que están ingresados en el hospital de Santiago.
Y por lo visto, la señora está muy grave.
Sin más incidentes, paso el día con mis padres, y a las cinco de la tarde, regreso a casa.
Hablo con mi hermano que está en Inglaterra, y, también allí, les está llegando el dichoso virus.
No han decretado todavía el estado de alarma pero la gente ya no sale, y bares y restaurantes están todos cerrados.
Igual que en España, allí también están quedando los supermercados vacíos.
Por la noche, en el “telediario”, veo que los casos de contagio no paran de crecer y ahora hay un montón de residencias de ancianos afectadas.

19-03-2020

Quinto día.

Salgo a las 9.00, como todos los días.
Me dirijo al supermercado, a ver si puedo comprar algo de pescado, y lo encuentro cerrado.
Me voy al otro, al que fui ayer, que está un poco más arriba, y lo mismo, cerrado.
Me paro un momento a pensar. ¿qué está sucediendo? De repente me acuerdo, es el 19 de marzo, día de san José y por lo tanto festivo. ¡Con todo este barullo me había olvidado!
Pues me voy a casa de mis padres. Visto a mi madre y le doy un paseo por la finca. Hace un día precioso y da gusto poder estar fuera de casa. Nunca antes me había parecido tan genial la vida en una aldea.
A media mañana me visita mi amigo, el que cuida de su madre. Hace una semana que no va su su casa y no ve a su mujer. Dice que si esto sigue así por mucho tiempo va a estallar de los nervios.
Pues yo, aquí en el pueblo, no lo veo tan mal. ¿Qué quieres que te diga?
Me dan las cinco y media de la tarde sin más novedad, llega la chica de la noche y me voy a mi casa.
Llegando casi a mi casa me para una patrulla de la Guardia Civil. Se acerca un agente jovencito que me pregunta muy amablemente ¿Adónde voy? Le contesto que a mí casa y me vuelve a preguntar: ¿Y de donde viene? Le contesto que de cuidar a mis padres que están viejecitos. Me dice: muy bien, puede continuar.
Ya por la noche, mi hija me dice por “whatsapp” que en su calle se ha suicidado una persona. ¿No sabe por qué?
Si esto sigue así por mucho tiempo, nos vamos a volver todos majaras.

20-03-2020

Sexto día.

Hoy recibo una llamada a las siete de la mañana; es de mi padre. Mi madre se ha levantado y se le quiere marchar de casa. (Cómo explique antes, mi madre sufre de alzhéimer severo desde hace tres años y hay que tener cuidado que no se marche de casa sola)
Me levanto corriendo y me voy para allá, iba a parar en el súper pero ya lo haré en otro momento.
Llego a la casa de mis padres y encuentro a mi madre en camisón por la casa adelante y, como me informó mi padre anteriormente, queriendo irse.
Al verme a mí se calma enseguida, la aseo y la visto, le doy el desayuno y la pongo a ver la tele.
A las 11 de la mañana la llevo al centro médico para su chequeo mensual del “sintrom”.
Casi no hay nadie en la consulta, nos atienden muy pronto. Todo va bien. Y regresamos a casa.
A las 12 y media, o así, llega mi amigo, el que está cuidando de su madre. ¡Este hombre no sale de aquí!
Echa el resto de la mañana conmigo y se va cuando le digo que voy a darle de comer a mis padres.
Mi madre no me quiere comer, está muy nerviosa. Mi padre me informa que como nos oía hablar en la cocina, ella, por su enfermedad, se cree que hay un montón de gente y eso la pone nerviosa. Me doy cuente de que lo que dice el viejo es verdad.
Al fin consigo que se calme y que coma algo y la cosa no llega a mayores.
A las tres y media ya tengo a este amigo de vuelta. ¡Hay que ver que pelma!
Mi madre está dormitando en el sillón. Le cuento a mi amigo lo ocurrido esta mañana y le ruego que hable despacio para no ponerla nerviosa. Parece que entendió y me dice que si con un gesto de la cabeza.
Al principio sigue mi consigna, pero al rato ya se le ha olvidado y vuelve a hablar bastante alto. Yo lo calmo y le digo: más bajo por favor. El hace lo que puede pero a veces se le olvida. Así pasamos la tarde.
A la cinco y media, como todos los días llega la chica de la noche y toma el relevo.
Le digo a mi amigo: ¿Qué, nos vamos?
Me dice: No yo todavía me quedo un poco más, porque total, mi madre está tranquila viendo la televisión y está bien.
Bueno hasta aquí llegamos. No tengo más remedio. Y le pido amablemente que se vaya, puesto que ahora mis padres van a cenar y no quiero que a mi madre le pase lo que esta mañana.
Entonces dice, ¡ah! Siendo así, me voy. Y se larga.
Había estado en casa mis padres durante cinco horas, y todavía le parecía pronto para irse.
Dice que se aburre sin poder ir a ninguna parte. Lo entiendo, pero por dios, no se puede ser tan pelma.
Sin más regreso a casa. En el corto trayecto – 11 kilómetros – que hay de la casa de mis padres a la mía, encuentro muy pocos coches por la carretera y ninguna patrulla.
Por la noche, en las noticias, me entero que los muertos por el Corona-virus pasan ya de los 1000.

21-03-2020

Séptimo día.

Como siempre, salgo de casa a las 9,00. Tengo intención de parar en algún súper, a ver si puedo comprar algo de pescado para los viejos.
En el que está junto a mi casa, llega la cola hasta tres calles más arriba. Me voy al que me queda de camino, lo mismo o peor. Las colas no tienen fin. Como la gente deja un espacio de unos tres metros entre ellos y el siguiente, las colas parecen todavía más impresionantes.
Bien, pues no paro, me arreglaré con lo que hay en la nevera.

Llego a casa de mis padres, limpio a mi madre y la visto.
Al rato me visita el señor mayor, está harto de estar en casa. Como todo el mundo. Él dice que jamás recuerda algo así.
Charlamos un poco y se va.
Al rato llega mi amigo, éste no para en su casa ni un minuto. ¿Vete a saber cómo cuida a su madre?

Se sienta a la puerta y hablamos un poquito, luego yo me voy a limpiar la casa, lo siento, pero si él no tiene nada que hacer y le sobra el tiempo, yo si tengo mucho que hacer y no me llega el tiempo.
Quizás no estoy siendo lo bastante eficaz, ¿No sé?
Echo como una hora trabajando y cuando vuelvo a salir, él se ha ido.
No vuelve en todo el día. ¡Muy bien!
Por la noche veo en las noticias que ya hemos pasado los 1.300 muertos.
Nos habla el Presidente Sánchez, lo escucho un rato; dice lo obvio, lo que se espera que diga y punto, o sea, no dice nada.
Tengo que decir que está haciendo más o menos lo que se espera, que no es mucho. Pero es lo que haría cualquier otro que estuviere en su lugar ¿Supongo?
Lo que si me pone enfermo es la excrecencia del nacionalismo catalán, en un momento como este, que nos estamos muriendo a ojos vista y ellos siguen a lo suyo, con su matraca de la independencia.
Además de que, a pesar la necesidad de mascarillas que hay en España, ellos se las están vendiendo a Italia. ¿Se puede ser más ruin, vil y rastrero?
Otro que también baila es el líder de “Podemos”, Pablo Iglesias, esa basura con patas, ese pedazo de caca concentrada, igual que los catalanes, él sigue a lo suyo, con sus casinos mítines tratando de quitar rédito del Coronavirus para su causa comunista. Que pedazo de mamón.

22–03-2020.

Octavo día.

Y hemos llegado al domingo. Hoy fue un día tranquilo.

No paré en ninguna parte.
Mi amigo no apareció por mi casa.
Solo nos visitó nuestro vecino, el señor mayor. Me dice que pasó un coche de la policía local, que, por megafonía, anunciaba un endurecimiento del “Estado de Alarma”.
Como el fin de semana no viene la chica de la noche, estoy con mis padres todo el día, hasta que los dejo acostados.
Son la diez y media de la noche y en mi vuelta a casa no me cruzo ni un coche por el camino.
Bien, parece que la gente va aprendiendo.
Escucho en la radio que el Gobierno ha prorrogado el “estado de alarma” hasta el 11 de abril. ¡Y lo que te rondare morena!
Escucho, también, que el número de muertos va en aumento, ya pasa de los 1.700. ¡Qué barbaridad!
En Italia están peor, los muertos ya pasan de 5.400. Ya han sobrepasado el número de muertos en China.
Eso si China dice la verdad, porque ¿vete tú a saber?

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