Palpito Digital

José Muñoz Clares

Ceguera contumaz

La izquierda europea incurrió en ceguera voluntaria durante décadas con el objeto de  mantener el apoyo a un Stalin asesino de masas y torturador de su pueblo a base de hambrunas construidas sobre decisiones ideológicas bajo coartada científica. Los comunistas, sobre todo, se resistieron a condenar al monstruo y echaron mano del materialismo histórico para explicar y justificar cómo todas aquellas muertes eran necesarias para que la revolución avanzase por la senda de la verdad histórica que nos esperaba: el comunismo, liderado por la clase oprimida constituida en dictadura del proletariado, que nos iba a liberar de toda lacra capitalista.
Cayó Stalin y el coro de forofos que lo defendía – la izquierda española en particular, con el PCE a la cabeza -, tras un breve idilio con los jóvenes guardias rojos de Mao, desplazó sus admiraciones y amoríos hacia Fidel Castro, el supremo dictador de Cuba cuya obra encarceladora, empobrecedora y sectaria aún se deja notar en un país en que el salario medio es de 23 euros mensuales. Se eclipsó Castro al hilo de una vejez esperpéntica y la neoizquierda decidió prohijar a un dictador golpista y muerto (Chávez) y al sucesor elegido por el dedo del anterior, un tal Nicolás Maduro, patán impresentable que, en buena lógica, no debería haber aspirado ni a un puesto de limpia-letrinas en un país serio. Y eso pese a la profecía de un Pablo Iglesias que declaró invencible a Chávez una vez estuviera muerto y se adhirió al culto a Maduro como forma de prolongar su pasión por el golpista y, de paso, sacarle la pasta a un pueblo cuyos hijos mueren de malnutrición y de enfermedadas comunes. Y he aquí que el discípulo va camino de superar al maestro: asistimos al desmoronamiento del Estado de Derecho en un país que alguna vez fue puntero en su zona. Según el profesor Diamond (Sociedades comparadas) el indicio más claro de que un Estado se desmorona es el aumento de la mortalidad infantil. Pues Maduro ha mejorado la marca, haciendo subir a la vez la mortalidad infantil y la de madres muertas con ocasión del parto, cifra que ha subido un 16% entre 1990 y 2013, igualándose a países como Cuba, Surinam y Guyana; es decir, ha sufrido un retoceso de 36 años.  Y en cuanto a mortalidad infantil, el descenso sostenido se acabó bajo el mandato de Chávez (1998) y se ha profundizad0 con el patán de Maduro, que mira para otro lado para no ver a sus pequeños compatriotas muertos pero sí ver cómo el parlamento «ha perdido vigencia», mientras  y maneja la ley y las instituciones (Tribunal Supremo) tal como hicieron en su día Stalin, Franco y cuantos dictadores en el mundo han sido. Ya ha dejado claro que lo de hacerle caso a las urnas es propaganda fascista. Que tramitar un referéndum revocatorio sería una traición a la revolución que heredó de aquel experpento expropiante que conocimos como Chávez. Y está dispuesto a sacar los tanques a la calle, si llega el caso, para defender que su culo infecto siga humillando la sede del poder en Venezuela. Y nuestros neocomunistas, felices. Se desmarcan de cualquier muestra de reprobación, le desean la muerte a los presos políticos por contrarrevolucionarios y dejan de acudir a entregas de medallas porque acude también la oposición venezolana. Y quieren que nos fiemos de ellos, con sus compadreos con los hirsutos ayatolás iraníes a cambio de pasta. Y quieren que seamos ciegos como ellos para que no veamos lo que ellos no quieren ver.
 

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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