Palpito Digital

José Muñoz Clares

Penes y vulvas

¿Debemos tolerar una asociación que mantenga que la Tierra es plana? Leszek Kolakowski sostenía que sí, que sin duda debemos tolerar tal disparate por la siguiente razón: o bien esa asociación demuestra que nosotros estamos equivocados o, por el contrario, desmontrando la falacia reafirmamos lo que sabemos y nos aferraremos con más fuerza a la verdad, de  modo que la discrepancia y la libre expresión de las ideas nos ayudan a ser sabios y hacen de la comunidad humana un resultado de la razón y no de la cerrilería.

De pequeño creía que lo único sifgnificativo entre las piernas era el sillín de la bicicleta. Luego fui sabiendo que había algo más. También supe que las niñas no tenían lo que yo sí tenía. Un pco más tarde supe que también las niñas tenían algo que no tenía yo pero al norte del ombligo. Al final lo supe todo: entre lo que yo tenía y no tenía y lo que las niñas tenían o no se podía formar una fiesta interesante.

Luego fui padre – aquellos polvos, aquellos lodos  – de tres hijas y tres hijos, y por los muchos pañales que cambié, seguí sabiendo   que las niñas tienen vulva y los niños pene. Y tal como nacieron, siguen mis hijas teniendo vulva – las tres han parido – y mis hijos pene, supongo,  por el trasiego de mujeres que veo que han tenido y algunos aún tienen. Así que no necesito lecciones al respecto pese a que, a mi edad, mi interés por penes y vulvas se haya concentrado en una sola próstata que ocupa todas mis inquietudes.

En España hay unas 3.000 personas transexuales entre 4.650.000 habitantes. Se trata, por tanto, de una condición muy minoritaria. Su escaso número no les quita ni un solo derecho. Deben ser estudiados, comprendidos, tratados, ayudados, no discriminados, etc., etc. Lo dice el art. 14 de la Constitución.

Y ahora viene la enjundia: en enero de 2017 se expuso en marquesinas y espacios públicos del País Vasco una campaña explícita cuyo texto sostenía que había niñas con pene y niños con vulva, lo cuál iba en contra de todo lo que yo había aprendido. Financiada por un mecenas desconocido, la campaña incluía dibujos muy realistas de niños con vulva – que yo nunca he visto – y niñas con pene – que tampoco – corriendo alegremente por un prado. Que me conste, no hubo contestación alguna y todo transcurrió por cauces pacíficos. La fiscalía no amenazó con iniciar acciones pese al carácter explícito de los dibujos, que perfectamente pudieron ser calificados como delito al estar prohibida por el art. 189 del Código penal, apartado segundo, letra b, «Toda representación de los órganos sexuales de un menor” con fines principalmente sexuales.» ¿Qué fines perseguía aquella campaña? ¿Eran sexuales – pero no lascivos – o no? ¿Se trataba de ilustrar a la población civil sobre la existencia de personas que se sienten mujer encerradas en un cuerpo de hombre – con su pene correspondiente -, y de hombres atrapados en cuerpo de mujer con su correspondiente vulva? Bien, eso ya lo sabíamos pero hicieron bien en expresarse al amparo de la Constitución.

Veo ahora que se persigue con saña una expresión estrictamente escrita que sostiene algo tan elemental como que los niños tienen pene y las niñas vulva. Es verdad que añade «que no te engañen» y asegura que si naces hombre eres hombre y si naces mujer serás mujer. El añadido puede ser discutible pero convendrán conmigo en que para discutir hay que, primero, plantear, al amparo explícito del art. 20 de la Constitución.Y que tal expresión no suscita odio de tipo alguno.

Ya tenemos los dos extremos planteados: ahora somos los ciudadanos los que tenemos que decidir qué hacemos con los transexuales, en el sentido de qué leyes aprobamos, qué tratamiento les damos, en qué forma ayudamos a que se sientan integrados, etc., etc. ¿Podemos prohibir que se expresen quienes no piensan como nosotros? Entiendo que ni podemos ni debemos, pero vivimos una sociedad tan maleable que no hay forma de hacer que algunos entiendan que la libertad de expresión no es fraccionable: o se da o no se da, pero no caben intermedios. Así que no veo por qué decir ciertas obviedades incita al odio y debe ser prohibido, mientras que propagar inexactitudes – que hay niños con vulva y niñas con pene – es cosa buena, santa y provechosa.

Quedémonos en que hay personas que nacen con sentimientos femeninos en cuerpos masculinos y viceversa. Y que algo hay que hacer al respecto. A partir de ahí, que se expresen quienes tengan opinión formada y no una mera ideología que propagar, aunque si lo hacen, también estarán amparados por la Constitución. Pero que no pidan penas para quienes no piensan como ellos. Que sean tolerantes por una vez en su vida.

 

 

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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