Palpito Digital

José Muñoz Clares

Manifestación maoísta: ecologistas y sus contrarios.

La difícilmente reversible contaminación del Mar Menor (Murcia) supone una catástrofe medioambiental con demasiados antecedentes como para sostener que no la habíamos visto venir. Hasta un profesor de la UMU anticipó hace una década cómo el conjunto de condiciones conducían inevitablemente al colapso ecológico del ecosistema y nadie le hizo caso, naturalmente. Al final se han cumplido escrupulosamente las peores predicciones, esas en las que nadie creyó bajo la habitual tacha de catastrofismo.
El componente mayor del desastre es el vertido de nitratos que de forma natural acaban en la laguna arrastrados por las aguas pluviales, contra las que poco se puede hacer a menos que se prohíba la agricultura ribereña. Tampoco es desdeñable el vertido de desechos de las plantas que eliminan la sal en las aguas salobres extraídas de pozos del campo de Cartagena con finalidad de regadío, lo que apunta directamente a la agricultura a gran escala como responsable de la situación anunciada. Si además le añadimos algunas aguas fecales…
Nada se hizo al respecto y las últimas grandes lluvias terminaron la tarea, dejando un mar Menor de aguas opacas, praderas de posidonias devastadas, muerte generalizada de fauna autóctona y sobrepoblación de otra fauna indeseable, las medusas, respondiendo a un desequilibrio absoluto del delicado equilibrio de la vida en ese pequeño mar nuestro en el que hubo avistamientos de focas monje a finales de los 70. Luego vino el ladrillo, huyeron las focas y todo empezó a estropease.
Lo anterior tiene que ver con una manifestación que el día 5 y 6 de abril ha convertido a la ciudad de Murcia en un caos sin precedentes, al confluir oportunistamente en el centro de la ciudad una manifestación ecologista para salvar el mar Menor y otra de agricultores para reclamar más agua con la que seguir explotando intensivamente la ribera de la laguna y, por tanto, para seguir propiciando vertidos que acaben para siempre con el Mar Menor.
Los ecologistas estaban en lo suyo, y muy bien estados, pues hasta la fecha han sido de los pocos que han hecho algo por defender a Murcia de sus depredadores más dañinos. Lo de llenar las arterias principales de camiones de ocho ejes y tractores fue un oportunismo de quienes abonan sus cultivos con nitratos que inevitablemente acaban en el Mar Menor, pero ellos se subieron al carro de la ecología cuando, en realidad, lo que estaban defendiendo eran los dividendos de unas pocas macroempresas agrícolas en su pataleo por el derecho a seguir cargándose el Mar Menor. En plan Trump pero de provincias.
Todo eso la gente no lo sabe y asocia estas machadas con otras manifestaciones de agricultores con las que, en general, se solidarizan sin hacerse demasiadas preguntas. Tampoco los partidos políticos se esfuerzan en exceso en propagar entre la gente un asomo de verdad.
El río Segura fue una cloaca infecta hasta que la sociedad se concienció, y hoy es uno de los ríos más limpios de Europa. Hoy la cloaca la tenemos más al este, en el Mar Menor. Y harán bien los ecologistas en seguir en su lucha, cuidando bien de alejarse de quienes acuden bajo su paraguas donde tapar la tropelía que aparentan combatir.

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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