Palpito Digital

José Muñoz Clares

Las viles chicas del PP

Teodoro el Grande fue ungido por Pablo el Canseras para recibir el poder junto con la orden expresa de hacer y deshacer en el PP a conveniencia de una manada de pecholobos que lo dirige. En ese entorno, como en el del fenecido marqués del Galapagar, las mujeres o son de la limpieza o están relegadas al papel de ponecafés y “toma, nena, hazme estas fotocopias”, si no incluye el derecho de pernada que ha venido practicando con sus mantenidas el rata de la chepa. Sospechan los machos que las muchachas esas, que ya han progresado a viles, le están haciendo la cama a Teodoro el Grande y a Pablo el Canseras, y no por llevárselos al huerto sino por echarlos del tálamo y entalamarse ellas con quien tengan por conveniente. Las muy golfas.

Al PP, por lo visto, no le gusta el art. 20 de la Constitución, el que abre el campo amplio de la expresión libre, la libre creación de ideas, discursos y relatos, esa nueva especie en que algunos han convertido la misma historia pero pervertida, mientras otros, como Cayetana, se han limitado a contar lo que han vivido. Su relato. Pero eso de que una muchacha vil escriba un libro y encima le vaya bien es algo que en la mente encefalograma planista de los jefes es una afrenta mayor. ¿Cómo se le ocurre poner por escrito su verdad y su opinión? ¿A quién le ha pedido permiso? ¿No estamos en un mundo mafioso presidido por la omertá? Pues que se calle o que se atenga a las consecuencias. Y estos ni para venganzas sirven: entre 600 y 700 euros le quieren poner de multa por no votar lo que se dijo que votarían todos, y lo hizo por una cuestión de conciencia. Pero ese es otro cantar, porque a Rita Barberá, de la que sabemos lo que sabemos, bien que le bailaron el agua cuantos ahora empluman a estas mujeres. Cayetana, trémula, no sabe de dónde sacará para pagar la multa. La pobre.

Lo de Ayuso eleva aún más el listón. El único líder conservador que le ha dado un baño con masaje a la izquierda descerebrada que arrasa España no es un líder sino una lideresa, se llama Ayuso y, si no le mandan al tío de la pipa, al final les ganará esta partida con el premio añadido de ser ella mujer y haber tenido, quién lo pensara, que luchar contra hombres para abrirse paso en el mundo real, ese mundo en que sus compañeros de partido no ven del todo a una mujer poniendo a la gente firme. Merkel no ha existido, ese es su relato.

No es fácil parar esta ola. La única líder conservadora que tiene algo nuevo que decir en España y más allá, y la más culta y preparada portavoz que ha tenido el PP en las últimas décadas. Las dos han sido orilladas, atropelladas y ninguneadas por los machos peludos que piensan en su partido y sólo ven falos más o menos enhiestos, dependiendo sobre todo de la pastilla pitufa. Fraga, Aznar, Rajoy, Casado y un rosario de hombres que han protagonizado de forma estelar las décadas precedentes. Lo que supone una ventaja que ellos ni sospechan: ¿Quiénes son los responsables de la corrupción? Hombres en su mayoría. ¿Quiénes los cosechadores de fracasos? Los mismos. ¿Y quiénes se creen dueños del futuro como si la mujer no hubiera dicho aquí estoy yo, aquí estamos todas?

Esta estúpida escaramuza la van a perder. Así que ya puede Teodoro vestir como Justiniano, túnica blanca y clámide púrpura abrochada en el hombro derecho con vistosa fíbula, que su cabeza caerá como cayó la de Iván. Debió asumir la tradición escupe huesos de su tierra natal, donde los más desoficiados y machotes se juntan a escupir huesos de oliva en un remedo sin gracia de aquellos concursos infantiles del “a ver quién mea más lejos”, asunto estrechamente ligado al largo del falo y a la potencia del apretón. Muy macho todo. Como el brandy Soberano, que era cosa de hombres. Pues así son ellos.

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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