(Felipe Valdés, Periodista Digital).- Nacidas en el seno de familias humildes, Liz Mohn y Friede Springer se han convertido en las mujeres más influyentes del periodismo europeo en las últimas décadas. Las dos son alemanas y sus historias similares.
Es un interesante reportaje publicado por El Universal de México y firmado por el periodista Enrique Molinero, quien hace un recorrido a través de la trayectoria de las mandamases de los imperios Bertelsmann y Springer Verlag. Liz Mohn a cargo del primero y Friede Springer, del segundo.
La historia de Liz comienza como telefonista de la empresa que con el paso del tiempo la ha convertido en la mujer más poderosa del periodismo en el viejo continente. La vida de Friede Springer es fílmica y sin duda, mediática.
Este es el reportaje, donde aparece también nuestro Jesús de Polanco:
El emporio de los barones de la prensa
Liz Mohn y Friede Springer tienen casi la misma edad, comparten un pasado humilde, son autodidactas, y gracias a sus respectivos esposos, ahora detentan un poder que las ha convertido en las mujeres más influyentes del mundo periodístico europeo.
Liz Mohn controla con mano de acero el imperio Bertelsmann, y Friede Springer, desde la oficina que ocupaba su esposo en Berlín, dirige la casa periodística más importante del continente, la editorial Springer Verlag.
A los 17 años, y cuando ya trabajaba como telefonista en la sede central de Bertelsmann en Gütersloh, la joven Liz Beckmann fue a una fiesta de carnaval de la empresa. El destino quiso que Reinhard Mohn, el hombre que levantó el imperio desde las ruinas, se fijara en ella. Dicen que el amor fue instantáneo, pero el matrimonio tardó en llegar 24 años y en ese lapso nacieron tres hijos.
La historia de la hermosa y joven Friede Riewerts parece sacada de un cuento de hadas. Un rey se enamoró de la niñera de sus hijos y la convirtió en su reina. Friede había leído en 1965 un anuncio en un periódico de Hamburgo, y cuando se presentó en la residencia del legendario Axel Springer, el primero y último barón de la prensa germana, obtuvo el trabajo y no tardó en convertirse en su amante.
En enero de 1978, Friede Riewerts se convirtió en la quinta esposa de Springer.
Los alemanes tuvieron que añadir entonces una palabra al diccionario, mitad en inglés y mitad en alemán, para poder definir con justicia el rol que ahora ejercen Liz Mohn y Friede Springer: die Powerfrauen: mujeres con poder.
Liz Mohn, a los 65 años de edad y junto con dos de sus hijos, controla un imperio mediático, que incluye revistas, el grupo de tv RTL y casas editoriales tan exquisitas como Random House.
Friede Springer, con 63 años cumplidos, tuvo éxito en retomar el control del imperio que heredó cuando murió su esposo en 1985, y ahora, gracias al BILD y otros periódicos en Alemania, el mundo político le teme y rinde pleitesía.
Odiados y admirados
Jesús de Polanco, en España, y Serge Dessault, en Francia, también son poderosos y gozan del raro privilegio en sus respectivos países de ser odiados y admirados conuna pasión que no admite términos medios, a causa del control que ejercen sobre el mundo periodístico español y francés.
Ambos también comparten varios adjetivos que no siempre son amables, y el peor de todos tiene que ver con la desmesurada influencia que ejercen los dos barones de la prensa en los gobiernos de sus respectivas naciones.
¿Acaso no fue Jesús de Polanco quien pronunció en un restaurante de tres estrellas en Madrid una frase famosa que todavía lo persigue? «No hay cojones en España para negarme una televisión», exclamó el dueño de Prisa, en agosto de 1989. Poco después, el gobierno de Felipe González, convertido ahora en columnista de El País, concedía una licencia a Canal Plus para emitir.
Diecisiete años más tarde, bajo otro jefe del gobierno socialista, José Luis Rodríguez Zapatero, Canal Plus dejó de ser un canal de pago y se convirtió en La Cuatro, que emite en abierto para todo el país.
El imperio de Polanco, conocido en su país como «Don Jesús del gran poder», hace ya tiempo desbordó las fronteras de la península y no se corre el riesgo de pecar de exagerado, si se afirma que el dueño de El País, que inició su meteórica carrera hace medio siglo, vendiendo libros a domicilio, está en buen camino de convertirse en el principal empresario mediático del mundo hispano.
La conquista latinoamericana del grupo Prisa se inició en agosto de 1999, cuandoadquirió 19% de las acciones del grupo Caracol de Colombia, y se afirmó dos años más tarde al comprar a Televisa 50% de su división de radio, por 50 millones de dólares.
Serge Dessault, patrón absoluto del imperio aeronáutico y militar del grupo Dessault, fundado por su padre Marcel, tenía 79 años cuando decidió lanzarse, en junio de 2004, en una nueva aventura que lo convirtió en el principal magnate de la prensa de su país, al controlar 80% del grupo Socpresse, el más importante de Francia, y que incluye más de 70 títulos, entre ellos, Le Figaro y L´Express.
Casi dos años después, el empresario es conocido en su país como «Citizen Serge», no tanto por el poder que ejerce sobre la prensa francesa, sino por las ideas que pretende imponer en su país.
«Mi meta es imponer ideas sanas y bien orientadas, que permitan una mejor administración de la economía», dijo el empresario y amigo íntimo de Jacques Chirac, cuando se convirtió en el gran barón de la prensa francesa. «Quiero difundir mis pensamientos y también estoy cansado de que algunos periódicos hablen mal de mí», añadió.
Entronización
Cuando hace ocho años murió el legendario lord Rothermere, propietario del Daily Mail y The Mail on Sunday, el gobierno, la oposición y su más enconado adversario en el mundo de la prensa, Rupert Murdoch, se inclinaron con respeto y emoción, ante la desaparición del último gran barón de la prensa británica, que dominó durante 30 años con su presencia el mundo periodístico en Fleet Street.
Pero la desaparición de lord Rothermere significó la entronización definitiva de Robert Murdoch, quien goza de la inédita fama de ser el único empresario mediático global del planeta, pero también permitió que dos mellizos muy ricos y tímidos, sir David y sir Frederick Barclay, comenzaran a prepararse para ocupar el lugar que dejó vacante el aristócrata, cuando compraron, hace dos años, el Daily Telegraph, el dominical Sunday Telegraph y el semanario Spectator Magazin.

