SOBERBIO ESTACAZO AL LÍDER DE PODEMOS

Alfonso Ussía ‘confecciona’ una soberbia tribuna en favor de Amancio Ortega y contra el «imbécil mental» de Pablo Iglesias

"¿Cuántos españoles, hombres y mujeres, se sienten hoy inmensamente agradecidos a Amancio Ortega por haber colaborado con su victoria sobre la enfermedad o amparado sus esperanzas? ¿Qué ha hecho Pablo Iglesias por España y los españoles enfermos?"

Alfonso Ussía 'confecciona' una soberbia tribuna en favor de Amancio Ortega y contra el "imbécil mental" de Pablo Iglesias
Alfonso Ussía, Amancio Ortega y Pablo Iglesias.

Alfonso Ussía hunde este 3 de noviembre de 2019 en la más absoluta miseria a Pablo Iglesias después de sus insultos y acusaciones contra el fundador de Inditex, Amancio Ortega. El columnista de La Razón se tira a degüello contra el líder de Podemos al que tacha de «imbécil mental» y le recuerda todos los beneficios que ha conseguido el empresario gallego y como los ha revertido en favor de la sociedad:

«España no es una república bananera que dependa de que un señorito venga dando cosas». Eso lo ha dicho un imbécil. Imbécil, que en España se considera insultante, es un calificativo estrictamente juicioso. Es el necesitado de apoyos y ayudas para mantenerse. De ahí se pasó al débil mental. Proviene del latín, «imbécillis »,« inbacillum », diminutivo de« inbáculum» que significa bastón, apoyo, sostenimiento. Una mente imbécil no es otra cosa que una mente débil, y la debilidad no es agravio ni desprecio. A lo más, una opinión subjetiva, como tiene que ser toda opinión nacida de la subjetividad y no de la objetividad. Quien se expresa con objetividad tiene las mismas posibilidades de acertar que un cenicero o un jarrón de flores, con flores o sin ellas. El sujeto piensa y opina, y el objeto está ahí, en la nada de la reflexión. «Yo intento “zer abzolutamente” objetivo», dijo de sí mismo el bueno de Joaquín Ruiz Giménez. «Menos mal que no lo has conseguido, Joaquín, porque serías una lámpara», le corrigió José María de Areilza.

Recuerda Ussía que sin el dopaje financiero de países dictatoriales como Irán o Venezuela, Iglesias sería un don nadie:

El bastón del imbécil puede disfrazarse de dólares provenientes de Venezuela, de Irán o de la máquina destructora de Soros. Sin ese bastón, Iglesias no sería nadie, o quizá, por ser alguien, lo más cercano a la inexistencia pública. El «señorito que viene dando cosas» es Amancio Ortega, un humilde gallego de aldea que ganó sus primeras pesetas conduciendo una camioneta de reparto, y hoy figura como una de las cinco mayores fortunas del mundo. Ha creado 170.000 puestos de trabajo, aporta el 2,6% del PIB de España y el pasado año ingresó en el Tesoro 1.630 millones de euros en impuestos.

Detalla más inversiones de Amancio Ortega mientras el podemita se permite lanzar infundios contra el dueño de Inditex:

Con independencia de esos rigurosos datos, ha venido dando «cosas», según palabras del imbécil, del débil mental, del necesitado de bastón y ayudas. Entre esas «cosas», más de mil millones de euros en tecnología a hospitales públicos y privados para combatir el cáncer y otras enfermedades demoledoras. «Cosas, cositas» para los vagos que se permiten llamar «señorito» a un trabajador salido de la nada que ha tenido la desfachatez de triunfar en todo el mundo. El débil le ha dicho «señorito», cuando el único señorito, vago, aprovechado de la ingenuidad de otros vagos y amparado – in báculo–, por una extrema izquierda que odia al triunfador, es él. De Vallecas al chalé con jardín en Galapagar, custodiado por guardias civiles tratados como perros guardianes. Tres turnos de guardias civiles en una caseta inmunda que no reciben ni la contestación de cortesía al saludo de los señoritos que habitan en ese chalé desbordado de incoherencias, falsedades y cinismos.

No duda en calificar al de Podemos de mentiroso:

Un tipo rico que se viste de pobre para escenificar su falsa humildad es un mentiroso. Yo le pediría a Amancio Ortega que ampliara su magnánimo sentido de la generosidad con un lote de prendas de vestir de «Zara» que ayudaran a distinguir la diferencia que se establece entre el desparpajo meditado del que se viste de «progre» y la suciedad y el desaliño. ¿Qué aporta Iglesias a España? No tengo respuesta.

Insiste Ussía en que Amancio Ortega nada tiene que ver con esos podemitas que sí han demostrado ser unos verdaderos y desahogados defraudadores:

Por otra parte, el mensaje obsesivo de los impuestos de Amancio Ortega –su esposa, la condesa Montero, lo difunde con brío pasionario–, nos hacen dudar de la ubicación laboral del necesitado de apoyos. ¿Es, acaso, inspector de Hacienda? ¿Conoce los pormenores de las declaraciones de Amancio Ortega? ¿ Se mueve desde el chisme y el cotilleo para acusar a un ciudadano ejemplar de defraudar a Hacienda? ¿Cree que Ortega es como Monedero o Echenique, o el especulador de pisos, o el defraudador de becas, o la pareja ejemplar del estalinismo que vive en un chalé de millonarios sin haber pegado con un palo al agua? ¿De dónde salen tantos bastones, tantos «bacillum», tantos báculos y para colmo, tanto odio hacia el trabajador que triunfa?

Subraya que las donaciones son buenas y hasta necesarias, desde el mundo del arte hasta el sector de la sanidad:

La sociedad española, como la italiana, la francesa, la alemana y la estadounidense, necesita de la generosidad de los mecenas que ayudan a las instituciones con su desprendimiento. Si el Museo del Prado acepta cuadros y obras provenientes de herencias, legados y donaciones particulares, ¿por qué la Sanidad española no puede admitir la colaboración desinteresada de un empresario que contribuye a la lucha contra el cáncer? ¿Cuántos españoles, hombres y mujeres, se sienten hoy inmensamente agradecidos a Amancio Ortega por haber colaborado con su victoria sobre la enfermedad o amparado sus esperanzas? ¿Qué ha hecho Pablo Iglesias por España y los españoles enfermos?

Ussía cree que todo el odio se debe a que Iglesias no da más de sí y que, en el fondo, tiene el resquemor de haber perdido la gran oportunidad de haber mangoneado en el Gobierno de España al ponerse tan estupendo por un quítame allá unas poltronas de tronío:

El problema, y grave, de este individuo es su debilidad mental. Lo tuvo todo en su mano y lo perdió. Su servicio a España se resume en su gran labor realizada para laminar la estúpida utopía a cambio de asegurar el pago de su hipoteca. Todo su entorno se ha derrumbado menos él y su compañera, su jardín, su piscina, su barbacoa y su respetable abrazo a la burguesía, a la casta política imperante. Pero de ahí a soportar sus insultos a un benefactor nacido de nada, media largo trecho.

Débil mental, débil social y débil político. «In báculo». Imbécil. La etimología de las voces demuestra que la calificación nada tiene que ver con lo que se considera un insulto. Al contrario, llamar «señorito» a un obrero que a fuerza de trabajo se ha hecho millonario, sí es insultar, despreciar, humillar, odiar y vomitar su deseo de venganza. Venganza por haber trabajado, que manda dídimos.

VEA EL QUILOMBO – PRESENTADO POR LUIS BALCARCE

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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