OPINIÓN / Afilando columnas

Rahola demoniza al manifiesto de izquierdas «porque lleva la firma de premiados por las FAES estilo Vargas Llosa»

Sostres: "Si Mas no consigue la mayoría absoluta agrandará su leyenda de gafe"

Los periódicos de papel muestran este 6 de noviembre de 2012 una variedad de temas en sus columnas de opinión. Por supuesto, siguen apareciendo artículos sobre el famoso manifiesto de El País, que no ha caído demasiado bien en los dominios del Conde de Godó y Grande de España. También hay lamentos sindicales por unos supuestos intentos gubernamentales por silenciarles y hasta una denuncia del daño que hacen Rajoy y los suyos los impresores de calendarios.

Nos encontramos, incluso, una denuncia del uso del Ministerio de Defensa al servicio de la industria del armamento. Esto último no aparece, como alguno podría pensar, en un diario que se identifique con la izquierda.

Arranquemos con el primero de los temas señalados. Tal vez, querido lector, un triste ejemplo de cómo entienden algunos sindicalistas la libertad de expresión. Ocurrió en Mercamadrid, durante la huelga general del 29 de marzo de 2012. En aquel lugar y en aquella fecha, un miembro de un miembro de un piquete informativo propinó un puñetazo al periodista de Intereconomía José Carlos Rodríguez, mientras que otros ‘piqueteros’ golpeaban al cámara que le acompañaban y casi tiran su equipo al suelo —Acción ‘informativa’ de un piquete sindical en Mercamadrid: un puñetazo en el estómago a un reportero de intereconomía–.

Ante la agresión al informador, cuyo carácter afable y amabilidad siempre es destacada por quien le conoce, el coordinador general de UGT en Madrid, José Ricardo Martínez, se limitó a decirle que «no estoy de acuerdo con lo que han hecho mis compañeros» y se negó a atenderle. No compartir, como todo el mundo sabe, no es lo mismo que condenar.

Y por qué, se preguntarán los amables lectores, saca este humilde lector de columnas a colación este triste incidente. Por que El País ha cedido a Cándido Méndez, el ‘ugetero en jefe’, para que denuncie que el Gobierno atenta contra la libertad de expresión sindical —En boca cerrada no entran moscas–. No sabemos si se refiere a esa muestra de la semi joseantoniana «dialéctica de los puños» (lo dejamos en ‘semi’ porque no se aplicó la segunda y todavía más brutal parte de «y las pistolas») o a otra forma de expresarse que haya sido proscrita por La Moncloa y que desconocemos. Dice Méndez:

Así que, calladitos. Esa parece la norma a seguir. Y es así porque hay un Gobierno con mayoría absoluta, que lleva menos de un año de ejercicio, que sabe hacer las cosas como Dios manda.

Cabe preguntarse quién ha impuesto esa norma de ‘calladitos’. No tenemos noticias de ella, y la práctica de Méndez demuestra que él tampoco. No deja de aparecer un día sí y otro también en numerosos medios de comunicación, empezando por la pública TVE, y se dedica a dar mítines y organizar manifestaciones sin que nadie se lo impida. Habrá que seguir leyendo para saber de qué manera ejerce la censura el registrador de la propiedad metido a gobernante.

Lo que nos encontramos una larga crítica a la política económica del Gobierno, con los argumentos que una y otra vez, a pesar de que les ‘imponen la norma de estar calladidos’ repiten los sindicatos. Al final encontramos por donde van los tiros. Lo que exige es que se convoque un referéndum:

Un referéndum sobre los duros recortes, y sus gravísimas consecuencias, es una oportunidad para que todos, empezando por el Gobierno, podamos explicar nuestras razones y alternativas y, si la sociedad considera que este es el único camino que nos queda, todos a arrimar el hombro. ¿A qué tanto temor? ¿Qué piensan? Que el pueblo español puede decir que no y eso no se puede consentir. Imponer una suerte de despotismo, poco ilustrado y dudosamente democrático, como se está pretendiendo, lo que hará será incrementar las cotas ya muy preocupantes de desafección ciudadana, cuando más falta hace que se recupere la confianza de los ciudadanos en las instituciones y los cauces constitucionales.

Concluye:

No parece muy razonable que se esgrima el contenido de la Constitución cuando favorecen determinadas posiciones, utilizándola como un martillo pilón contra los que no las comparten, y a la vez se menosprecie, o directamente se arremeta contra el ejercicio de otros derechos constitucionales como son la huelga general del 14-N y el referéndum consultivo. Ni vamos a estar quietos ni mudos, aunque nos entren moscas en la boca.

Sepa el señor Méndez, si es que alguien le incluye este ‘Afilando columnas’ en el dossier de prensa que suponemos que le preparan cada día, que no convocar un referéndum no es equivalente a mandar callar. Es legítimo, si lo considera necesario, pedir que se celebre dicha consulta. Pero que Rajoy y los suyos no le hagan caso no equivale a ningún tipo de imposición de silencio. No aceptar las exigencias sindicales no atenta contra la libertad de expresión; pegar un puñetazo a un periodista que informa una huelga, sí.

Saltamos a Barcelona, donde nos quedamos con dos artículos de La Vanguardia. Arrancamos con El manifiesto, de Pilar Rahola. Se refiere, por supuesto, al de El País, del que dice:

Leo tantas trampas entre líneas que me parece más un texto a la contra del proceso catalán que no a favor de ninguna revisión española. Esta es, pues, mi radiografía del texto que nos han dirigido a los catalanes un nutrido grupo de intelectuales y artistas. De entrada me resulta chocante que un manifiesto para una «nueva España», o sea, una presunta España federal, culmine con la petición de voto para algún partido concreto, básicamente para el socialista. También me resulta llamativo que la inmensa mayoría no sean catalanes, con lo cual es curioso que pidan el voto de los catalanes para un partido catalán del Parlament catalán unos señores que ni son, ni están por estos lares. Es decir, y dicho con respeto, ¿tiene que venir Pío Cabanillas a decirnos qué debemos votar?

Interesante el descubrimiento que nos hace Rahola. Un destacado miembro del PP y ex portavoz del Gobierno de Aznar es quien pide el voto para el PSC. Lo lógico es que lo hiciera por el ‘PP català’ de Alicia Sánchez Camacho. Pero no es la firma de Cabanillas la que más molesta a Rahola:

Pero lo más chirriante es lo de presentarse como un manifiesto de izquierdas, y luego poner en la lista a premiados por las FAES estilo Vargas Llosa, el que dice que los nacionalistas somos como los nazis.

Vargas Llosas tiene algunos premios más que el de FAES. Por ejemplo, uno tan poco destacable como el Nobel de Literatura. Otro dato que parece olvidar Rahola es que si el escritor hispano-peruano (o peruano-español) apoya a un partido concreto no es al PP, sino al UPyD. En cualquier caso, tampoco se comprende que un aliado de Rosa Díez pida el voto por el PSC. En cualquier caso, la firma del autor de ‘La tía Julia y el escribidor’ o ‘Conversaciones en la Catedral’ ha sentado muy mal en el periódico del Grand de España Javier Godó, pues también es destacada por Isabel García Pagan en Amigos de los catalanes.

También tiene Rahola reproches para un conocido personaje de la izquierda:

¿Dónde estaban los Almodóvar y compañía cuando nos han dado de bofetones hasta en el carnet? No sólo no estaban sino que osan decir que el agravio fiscal que sufre Catalunya es invento de la derecha catalana, que por supuesto es más malvada que cualquier otra.

La conclusión que saca la periodista es la siguiente, expresada en sus frase finales:

Porque de lo que tiene pinta es de defensa numantina de la España una e inamovible ante la revuelta de los indios de las reservas. Lo cual, sin duda, es tan progresista como lo es Vargas Llosa.

Este humilde lector de columnas, confundido ante la supuesta petición de voto para el PSC por parte del pepero Cabanillas y Vargas Llosa, ha indagado algo y ha descubierto que todo se trata de una confusión. Pilar Rahola, y muchos otros, la verdad, ha mezclado dos manifiestos distintos. Uno, que va firmado por los ya citados, fue publicado por El País el 3 de noviembre de 2012 —Intelectuales y profesionales salen al paso de la oleada soberanista de Mas–. El otro, en el que se pide sin citar las siglas el voto para el PSC —Llamamiento a la Cataluña federalista de izquierdas–, tiene fecha de 11 de ocubre de 2012 y fue publicitado por el diario de PRISA seis días más tarde —Cien intelectuales impulsan un manifiesto federalista–. Aclarado este punto, pasemos a otras cuestiones sin salir de La Vanguardia.

Cada acción humana tiene consecuencias imprevistas, algunas de las cuales pueden ser negativas. Cuando quienes actúan son los Gobiernos o los Legislativos, estas sueles afectar a muchas más personas que cuando se trata de la actuación de un sólo individuo.

Aunque no se expresa en estos términos, Quim Monzó en Rojo y negro nos da un buen ejemplo de ello. Este humilde lector de columnas reconoce que cuando leyó el titular se quedó tan confuso como Pilar Rahola con los manifiestos. No sabía si el articulista hacía referencia a la bandera de falange (e iba a arremeter contra quienes se oponen al nacionalismo identificándoles con el yugo y las flechas) o a la del anarquismo, esas mismas que enarbolaban unos días antes algunos sindicalistas que arrasaron varios comercios de Barcelona, e incluso robaron ropa en un Zara.

Al final, ni lo uno ni lo otro. La cosa hacía referencia a los colores en los que se señalan los días en los calendarios. Ya saben ustedes, en negro la mayor parte de las jornadas y el rojo los festivos. La columna habla sobre el anuncio de que el Gobierno de Rajoy de va a suprimir festivos, aunque algunos podrían tan sólo ser trasladados a lunes para no propiciar puentes largos. Resulta que todavía no está cerrado el asunto y que hay que negociar, con lo que, a dos meses de Año Nuevo hay un sector empresarial que se enfrenta a un serio problema:

Ahora imaginen ustedes que tienen una empresa que se dedica a imprimir calendarios y agendas anuales. Estamos a 6 de noviembre. Los calendarios y las agendas se venden, básicamente, este mes y el de diciembre. ¿Qué días tienen que marcar como laborables y qué días como festivos, si el mismo Gobierno dice que «antes de que acabe el año negociará con los diferentes colectivos sociales la reforma del calendario laboral»? Las cajas de ahorros ¿esperan aún a imprimir sus tradicionales calendarios o ya lo han hecho y, si después los festivos que aparecen no coinciden con los de verdad, pasarán la culpa a la tardanza del Gobierno? Yo, que soy adicto al calendario que America Sanchez (sin acentos) diseñó para Vinçon hace una pila de años, llamé el viernes a ver cuándo los tendrían. Me dijeron que está todo parado. Los calendarios y las agendas están a punto para imprimir pero no dan la orden de hacerlo por miedo a que el Gobierno cambie de opinión -decida que será festivo un día que hace una semana decía que sería laborable, o viceversa- y se los tengan que comer con patatas. ¿Ustedes creen que es serio que, en pleno mes de noviembre, aún no sepamos exactamente qué días del año próximo tienen que ir en negro y qué días en rojo?

Pues no, no nos parece serio. Y, aunque el propio Monzó parezca no darse cuenta, nos parece que ha escrito un magnífico artículo sobre un aspecto de la Economía que los defensores del intervencionismo siempre prefieren ignorar.

Volvemos a Madrid, pero para leer a otro catalán hablando sobre Cataluña. En El Mundo Salvador Sostres ofrece interesantes claves para entender las elecciones autonómicas del 25 de noviembre y cómo su resultado marcará lo que ocurra después. Lo hace bajo el título de Los días contados. Arranca:

El primer éxito o fracaso de Mas lo conoceremos el próximo día 25. Si consigue la mayoría absoluta, tendrá la legitimidad popular que tanto solicita para iniciar su proceso. Si no la consigue, aunque sea por un diputado, su proyecto quedará tocado precisamente por la democracia que tanto reclama. Sobre todo si se queda en 67 diputados, sobre los 68 necesarios, no sólo no habrá recibido el respaldo de la «mayoría excepcional» a la que no se cansa de apelar, sino que se agrandará su leyenda de gafe, y todo el mundo sabe que no hay nada peor que los gafes voluntariosos, porque multiplican la mala suerte exponencialmente y convierten todo lo que tocan en calamidad.

Explica los motivos por los que Mas no podrá contar con apoyos parlamentarios si no logra la mayoría absoluta. Por diferentes razones, CiU no podrá apoyarse en ninguna otra formación presente en el Parlament. Recomendamos leerlas.

Sobre el presidente catalán dice:

Mas se ha quedado solo porque ha engañado a todo el mundo. A los independentistas, haciéndoles creer falsamente que su proyecto lleva a la independencia, para conseguir de este modo remontar en las encuestas que al final del verano le daban 54 diputados y bajando; y a España, haciendo ver que el proceso es secesionista para tener una posición más fuerte cuando concluya la farsa y sea el momento de negociar.

Mas se ha quedado solo como los mentirosos y va a fracasar porque es un mediocre y está rodeado de mediocres. Este proceso, lejos de ser épico y sincero, es la jugada personal de un fracasado en prácticamente todo que busca aferrarse al poder a cualquier precio. Ha intentado suplir con mentiras su falta de ideas y de liderazgo, y se siente bien entre mediocres porque él es uno de ellos.

Concluye, con crudeza:

Muchos independentistas, después de tantas decepciones, confunden ya cualquier alboroto con la esperanza, y ahora confían en Mas como cuando la enfermera sale con las bandejas y las pastillas de colores, y los pacientes, con su mirada perdida, creen que son golosinas y la hora de merendar.

Manuel Jabois se pone en plan política incorrecto en Hora de llegada, donde alerta sobre una nueva oleada puritana como efecto de la tragedia del Madrid Arena. Tras recordar que el fiscal general del Estado ha dicho que detrás de esas macrofiestas hay «un problema de estructura familiar», dice el periodista gallego:

Era cuestión de tiempo que después del calentón empezase a reposar sobre las muertas una visión del mundo. Lo que hace el fiscal general es dar voz a muchas familias preocupadas que asisten, desde hace 5.000 años, a la descomposición de la juventud.

Como sé de qué va esto y a dónde se dirige el discurso, cuando se acabe de rascar en el suceso aparecerá un letrero luminoso muy Las Vegas que diga que hay que llevar una vida más recogida. Apaciguar los sentidos, crecer espiritualmente y ensanchar el alma hasta que la vea desde la ventana Mariló Montero.

Finaliza:

La tragedia del Madrid Arena tiene unas responsabilidades muy ajustadas y no llegan a la Ley Seca ni a pedirle a nadie de 18 años que renuncie a escaparse de casa, beber, tener sexo sin protección y llegar a casa descalzo a las siete de la mañana. Claro que hay un problema familiar, como dice el fiscal general: consiste en que los padres quieren para sus hijos la misma juventud que esos hijos, cuando sean padres, querrán para los suyos. Pero desde los griegos, o sea que tiene trabajo el fiscal.

Otro que trata la tragedia, en concreto en lo que respecta a la responsabilidad de los progenitores en la ecuación de los hijos, es el siempre brillante Borja Montoro. Lo hace en su viñeta de La Razón. En ella vemos a un padre disfrazado de adolescente (gorra hacia atrás a juego con una camiseta típica de universitario estadounidense, pantalones ‘pesqueros’ y chanclas) que, mientras juega con la consola, se dirige a su mujer, entretenida con su móvil:

¡Como adultos, nuestra obligación es exigir a las autoridades que pongan la máxima atención en el cuidado de nuestros hijos cuando salgan por ahí a hacer lo que les dé la gana!

Antes de que alguien salte al cuello de Montoro, este humilde lector de columnas quiere señalar que el colaborador de La Razón es padre de familia numerosa y considera que es su propia obligación educar a sus hijos. No exige a los demás lo que no se aplica a sí mismo.

También habla de la muerte de las cuatro jóvenes José Javier Esparza en su breve artículo en la portada de La Gaceta, aunque se fija en otra cuestión. En ‘La mano en el fuego’ dice que Ana Botella «ha decidido poner la mano en el fuego por sus concejales Calvo y Villanueva, feamente salpicados por la tragedia de Halloween». Nos recuerda los orígenes romanos de «eso de poner la mano en el fuego» y nos cuenta el origen:

Cuenta Tito Livio que el héroe Cayo Mucio Escévola, atrapado por los etruscos y amenazado con el fuego, puso él mismo la mano derecha sobre unas brasas para demostrar su valor y nulo miedo al castigo: «Poca cosa es el cuerpo para quien sólo aspira a la gloria», declamó Cayo Mucio mientras las llamas devoraban su brazo.

Concluye con un mensaje para la alcaldesa de Madrid:

Lo que algunos han olvidado es que a Mucio, a partir de ese momento, le llamaron «el Zurdo» (o sea, «Escévola») porque en el lance perdió la mano derecha. Sólo le quedaba la izquierda.

Y cerramos una denuncia a la que hacíamos referencia en el arranque de este ‘Afilando columnas’. También en el periódico de Intereconomía nos encontramos con ‘¡Hala! A vender armamento’ firmado por ‘El centinela’:

El ministro acaba de firmar la Directiva de Política de Defensa que al no ser pública ya todos conocemos. Uno de sus objetivos es novedoso y sorprendente, la consolidación de la industria de defensa que permita a la industria nacional mantenerse al día, asumir riesgos aceptables en sus inversiones y contribuir a la generación de empleo.

Pide el ministro a las autoridades de Defensa que difundan la capacidad de esta industria.

Concluye:

Suena a sarcástico que con la escasez y pobreza de nuestros ejércitos ahora tengamos que, entre combate y combate, ir de zoco en zoco a vender armamento. Cada uno a lo suyo. Los soldados a combatir y las empresas, ellas solitas, ¡hala! a vender armamento, si el producto es bueno. ¿Acabaremos con publicidad en los uniformes y materiales?

A este humilde lector de columnas le molesta tanto como a El Centinela ese poner el Ministerio de Defensa al servicio de las empresas fabricantes de material bélico. Pero no le sorprende. Tan sólo se limita a recordar de qué sector económico procede, y al que es posible que vuelva después de salir del Ejecutivo. Sí, ese mismo al que quiere ayudar desde el Ministerio. Aunque puede que sea mera casualidad, claro está.

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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