Para Pilar Rahola los del PP son extraterrestres en Cataluña, algo que nunca dijo Albiol de los gitanos rumanos
Si fuese correcto el aforismo publicitario y literario de «que hablen de mí aunque sea bien», Xavier García Albiol disfrutará con las portadas, los editoriales y las columnas del 29 de julio de 2015.
¡Menuda campaña de publicidad gratuita que le están haciendo! Incluso ha conseguido que La Vanguardia regrese a su hábito de poner una vela a Dios y otra al diablo y haya columnistas que reconozcan que la suya es una buena elección.
Mientras me fumo el primer cigarrillo del día, sinceramente, no sé cuál columna sobre Albiol escoger… hasta que me topo con la de Ignacio Camacho, que tiene un título divertido, ‘El homo antecessor’, y además señala una característica de Albiol que se escapa a los demás escritores de periódico: es lo contrario del marianismo.

Ya tienen la izquierda y el nacionalismo un muñeco al que disparar en la campaña catalana. Éste es un país en el que fanáticos del Estado premoderno o izquierdistas prehistóricos se sienten con superioridad moral para repartir a los adversarios etiquetas de cromagnones; a Albiol, que desde luego no es exactamente un moderado, le toca el papel de homo antecessor, de fósil de Atapuerca. Su ventaja es que no sólo está acostumbrado sino que además no parece importarle.
La misión del hominidus badalonensis consiste en levantar en tres o cuatro escaños el descalabro que pronostican las encuestas. Es un tipo echado para adelante cuyo lenguaje directo tiene tirón entre los partidarios de la «derecha sin complejos»; un populista conservador que, a base de pisar calle, fue capaz de ganar en la roja Badalona, donde se han tenido que juntar cuatro grupos, que en realidad son seis partidos, para evitar que repitiese como alcalde. Albiol tiene poco que ver con la nueva y meliflua joven guardia del marianismo, escogida para combatir en las tertulias el biotipo de Albert Rivera; es una solución de emergencia, un bote salvavidas para escapar del naufragio.
Desde luego no constituye el tipo de candidato que nadie elegiría para ganar unas elecciones con el voto de centro; lo han llamado a tapar una sangría, a coser con hilo gordo la herida de un fracaso.
José María Carrascal (ABC) escribe una columna idéntica en el fondo a la de Camacho, aunque, permítaseme la insolencia, con menos metáforas.
Puede extraer votos de un partido socialista catalán que ha perdido la brújula. Puede recuperar bastantes de los que ha perdido el PP durante décadas en las que le interesaban más los votos de CiU para gobernar en España que los suyos propios en Cataluña.
Los nacionalistas van a ir a por él, conscientes de su gancho popular. Los de Podemos le verán como un obstáculo en su carrera hacia La Moncloa y los de Ciudadanos, como un peligrosísimo rival por el voto «españolista». O sea, que van a lloverle más patadas y zancadillas que a Messi. Pero es el hombre para el momento, el lugar y la ocasión, al hacer compatible ser catalán con ser español.
LAS VARAS DE MEDIR LA XENOFOBIA DE ALGUNOS
Con su memoria o su hemeroteca, Santiago González (El Mundo) recuerda que esos «xenófobos» que tanto irritan al editorialista de El País no sólo los hay en el PP, como el gay guay Javier Maroto, sino también en otros partidos sin que el periódico progresista global los condene.

García Albiol y Maroto están emparentados por algo más, quizá la clave de sus respectivos éxitos. Ambos fueron enérgicos con los inmigrantes (el primero, en general, el segundo con los que percibían fraudulentamente la renta de garantía de ingresos). Esto tiene su tirón electoral, aunque el resto de los partidos no ha perdido ocasión de reprochárselo. ¿Justamente? Sólo si sus propios candidatos no hubiesen incurrido.
Un suponer, el PNV ha recriminado mucho a Maroto, pero volvió a presentar como candidato a la Alcaldía de Sestao a Josu Bergara, que en su primer mandato había prometido echar del municipio a los gitanos, según la denuncia de SOS Racismo: «Gitanos buenos hay muy pocos (…) la mierda ya no viene a Sestao. (…) Ya me encargo yo de que se vayan, a base de hostias, claro» porque «la mierda no la quiere nadie».
Nada de lo que dijeron Albiol y Maroto llega, ni de lejos, a extremos semejantes, pero hace ya tiempo que las varas de medir son muy caprichosas en España, dicho sea con perdón.
Cuando Enric Juliana (La Vanguardia) deja de jugar a la geopolítica o de contarnos películas de cine, hace análsis aceptables. El de hoy es un ejemplo.
El objetivo es enviar un mensaje de firmeza a todos los rincones de España, propiciar la máxima participación electoral en el área metropolitana de Barcelona y parar el ascenso de Ciutadans. Todo lo demás es secundario. Que Albiol sea conceptuado por los electores de izquierda y por el público soberanista en general como un político con tentaciones xenófobas no es un asunto que hoy tenga que preocupar mucho al Partido Popular. Al contrario. Otra cosa es lo que pueda suceder más adelante.
Xavier García Albiol no es un fanático de extrema derecha. Es un político profesional -ejerció veinte años de concejal antes de ser elegido alcalde- que un día llegó a la conclusión de que el PP sólo podía ganar en una ciudad como Badalona con un discurso muy próximo al lepenismo. Pidió autorización para llevar a cabo el experimento y se lo dieron. Y se gustó a sí mismo mientras lo llevaba a cabo.
Jesús Cacho (Vozpopuli.com) constata la preocupación de Ciudadanos y hasta de los catalanistas.
«La opción Albiol es la más peligrosa para nosotros», aseguraba el lunes por la noche en el AVE camino a Barcelona un miembro del equipo de Albert Rivera que volvía de Madrid, donde el líder de Ciudadanos acababa de presentar el programa educativo del partido. Complicado para Ciudadanos, que tendrá que fajarse con un candidato también con habilidad contrastada para la comunicación, que domina el lenguaje visual de la tele, un tipo cuyo fuerte está en la acción, la gestión, no en disertar sobre los fundamentos de la Filosofía de la Historia de Hegel.
«La ventaja de Xavier es que no hace falta alquilar ninguna valla para darlo a conocer, porque todo el mundo lo conoce». Y complicado también para esa lista única donde se ha emboscado cual vergonzante polizón ese Arturo Mas dispuesto a llevar a Cataluña hacia el límite del absurdo.
Rosa Belmonte reaparece en las páginas nobles de la sección de opinión de ABC, aunque con maneras algo escatológicas.

Preocuparse por la pureza democrática y las querencias giulianiescas del candidato del PP en Cataluña es una distracción de lo importante. Presentarlo como una especie de Trump español, una pérdida de tiempo. Un trampantojo, un engaño. Un «Trump l’oeil». La caca de elefante está en Artur Mas y los suyos. Albiol es el candidato del PP más votado y la mejor opción del partido en Cataluña. Otra cosa es la reflexión que esto provoque.
Victoria Prego (El Mundo) no opina como los columnistas precedentes. Para ella, la elección (o designación) es inadecuada, porque da munición a sus rivales. ‘No tenían otro’, titula su columna.
Pero no era ése, de ninguna manera, el perfil que necesitaba el PP para estas elecciones del 27-S. Por la sencilla razón de que el ex alcalde ha sido protagonista reiterado de conflictos y acusaciones de xenofobia y racismo y eso es precisamente lo que se va a utilizar durante la campaña para desacreditar a su partido y al propio candidato. Albiol ha logrado victorias importantes en su pueblo, pero no es el político adecuado para convocar masivamente a unos electores a los que no se les va a plantear el problema de la inmigración masiva ni el de la seguridad en sus calles.
Y para ese tipo de convocatoria, en la que todos nos jugamos tanto, se habría necesitado un político con un perfil más abierto y que pudiera resultar atractivo a un votante moderado y deseoso de que se termine de una vez con este falso enfrentamiento, deliberadamente construido por los independentistas, entre Cataluña y España.
Admitiendo que fuese cierto todo lo que dice Prego en el primer párrafo, después de leer el segundo la pregunta es obligada: ¿a quién podía presentar el PP?, ¿a Jorge Fernández Díaz?
Carmelo Jordá (Libertaddigital.com) también encuentra pegas, pero no a Albiol, sino a Rajoy y su ‘pandy crush’.

Ese gancho electoral y ese perfil combativo y sin dudas en determinadas cuestiones esenciales podría desaprovecharse, creo yo, si se limita a pelear con Albert Rivera e intentar recuperar votos a costa de insultar a C’s. Ya hemos visto en las elecciones celebradas recientemente -especialmente en las andaluzas y el propio 24M- el esplendoroso fracaso que ha resultado esta audaz táctica.
Lo más relevante de todo esto es constatar cómo, de nuevo, una decisión que puede ser estratégicamente adecuada es tomada de forma lamentablemente chapucera por Rajoy: a cuatro días de las elecciones, sin tiempo para una verdadera campaña ni para construir un perfil del candidato con un cierto control y que vaya más allá de la caricatura que de él van a hacer la mayor parte de los medios, aunque esta inquina periodística no necesariamente tenga que perjudicarle en las urnas.
Pilar Ferrer (La Razón) me hace reír con esta frase que encuentro en su perfil del antiguo alcalde de Badalona:
No se esperaba el nombramiento, pero lo asume con la fuerza de su anatomía y sus ideas.
Me río… y quién sabe si Ferrer tiene razón, pero es que me cuesta tanto creer en estas sorpresas como en el Ratoncito Pérez.
ANTONIO LUCAS PIENSA: «UNA PUTA VERGÜENZA»
Pasemos a los más hostiles al ‘hominidus badalonensis’ con parada en el billete de Màrius Carol, que recurre a Marguerite Yourcenar para ilustrar los cambios en la política catalana:
En las Memorias de Adriano, Marguerite Yourcenar le hace decir al emperador que lo esencial del hombre que aspira al poder es que, cuando ocupe el cargo, demuestre que merecía ejercerlo. Las candidaturas que se presentan a las elecciones del 27-S permiten comprobar que la política catalana asiste a una profunda renovación: ni uno solo de los cabezas de lista repite. Estará por ver si mejora la calidad de la política con los nuevos nombres o, como se preguntaba Adriano, si merecerán ocupar sus puestos.

Antonio Lucas (El Mundo) deja clara su opinión en el título de la columna: ‘Albiol, quinqué al pajar’. Y después de un título ciertamente bonito, frases de barra de par progre: «Es política de puerta de discoteca», «tío rebuznón», «una puta vergüenza»… Pero su mejor frase, la que demuestra la debilidad del pensamiento buenista que está ahogando a la izquierda española, es ésta:
Nadie nace con papeles.
¡Se nota que no has ido a inscribir a un hijo recién nacido al Registro Civil, Antonio, porque de lo contrario no dirías que no nacemos con papeles! Bueno, si nos ajustamos a la realidad, tampoco nacemos con cuenta corriente, con vestido ni con columna en un periódico. El premio a la columna ridícula para ti, majo, que le ganas a Pilar Rahola.
La ‘doctora’ en filología catalana afila su ingenio para concluir que los populares son extraterrestres en Cataluña. ¡Ah, si esto lo hubiera dicho Albiol como alcalde de Badalona de los gitanos rumanos, qué no diría Antonio Lucas!
¿Realmente creen que con el profesional de la provocación y con la Levy, una versión rejuvenecida de la Camacho, van a salvar los muebles? Lo tienen difícil porque el Partido Popular está en caída libre, los de Ciutadans les han robado la cartera electoral y aparece en escena Duran Lleida, que les raspará unos buenos votos.
En cualquier caso, con la marcha de Camacho, el PP catalán cierra otra etapa fracasada, de las muchas que acumula en Catalunya. Y la cuestión no es el cambio de caretos, sino la incapacidad de conectar con esta tierra. El fracaso catalán del PP no está en sus candidatos -aunque la doña ha hecho méritos-, sino en su ADN. Es tan extremo su discurso que parece lo que parece en Cataluña: un partido extraterrestre.
CARRERAS: LA PRENSA CATALANA ES CÓMPLICE DE LOS PUJOL
Termino la tabarra catalana con dos columnas.
En la edición catalana de El País, Francesc de Carreras escribe una columna sobre las complicidades de la trama de corrupción de los Pujol, en la que señala a los medios de comunicación, y señala a La Vanguardia.

Pero no sólo son imprescindibles los corruptos de la Administración sino también la parte de la sociedad que se beneficia de esta corrupción, aquella otra que aguarda su turno para beneficiarse y, por último, la que no la denuncia para no enemistarse con el poder y evitar represalias. Hay todo un mundo de empresarios, ejecutivos, profesionales liberales, miembros de sindicatos y patronales, que constantemente obtienen favores del poder a cambio de no denunciar sus tropelías. Estos son también responsables de la corrupción. Finalmente, están aquellos medios de comunicación que no pueden indisponerse con quien les subvenciona, ayuda, concede permisos a emisoras de radio y televisión, reparte arbitrariamente la publicidad institucional e, incluso, compra cada día miles de ejemplares de periódicos.
Pujol y familia no estaban solos.
Antonio Burgos (ABC) le indigna la pequeñez de la (propuesta) de multa al Barcelona y al Athlétic por los pitos al himno nacional y al Rey.
El desacato al Rey y la ofensa al Himno que nos representa a todos los españoles sale prácticamente gratis. Sobre todo cuando tan grave asunto se deja cobardemente en el estricto confín deportivo. No, miren ustedes: eso no era de Comité Antiviolencia, eso era de Juzgado de Guardia, por delito de lesa Patria. Eso era de Código Penal, no de Reglamento de Fútbol. Y eso es lo grave. Que nadie haya pedido banquillo penal para los instigadores, colaboradores necesarios y ejecutores de esa ofensa a España y al Rey. No sé si era como he recordado, pero la historia queda aproximadamente como lo de aquella bofetada tabernaria. No silbaban al Himno. Le daban una bofetada al Rey. Como la del juicio por la bronca de taberna del pueblo. Total, eso sale por cincuenta duros. Mal contados.
Pues Alfonso Ussía (La Razón) está con el mismo humor que Burgos. Comienza su página como la trompeta que anuncia a los colonos sitiados por los apaches la llegada de la caballería.
La izquierda vengativa y fétida no ha permitido que descienda la temperatura de su odiómetro. Con ayuda del PSOE y sin haber ganado en ninguna de las ciudades que gobierna, se ha lanzado a la grosería institucional y el desbarajuste. Para ello han contado con la inestimable ayuda del amplio sector conservador y liberal de la sociedad española, que opone una resistencia ridícula, y que amparado en su egoísmo de siempre considera arriesgado dar la cara ante los desmanes de la venganza. La izquierda es un ardiente río de lava que arrasa por donde fluye, y la derecha una rana muda, que abre la boca con espanto, no tiene fuerzas para croar y cuando advierte el peligro salta al agua y se esconde en el fondo.

Luego enumera los agravios y las provocaciones realizadas por una extrema izquierda que, encima, gobierna sólo gracias al PSOE.
En Zaragoza, a pesar de perder contundentemente la votación, el Ayuntamiento borrará el nombre del Rey de su pabellón de Deportes, que llevará el nombre de un entrenador de baloncesto. Como si en Madrid, con todos mis respetos a los entrenadores de baloncesto, al Palacio Real le cambian su denominación por la de Palacio Pablo Laso. En Cádiz arrestan al Rey y lo llevan al sótano municipal y preside el despacho del Ayuntamiento el retrato de un anarquista. En Valencia se han quitado todas las señales indicativas de tráfico escritas en español. En Madrid, el PSOE, con Carmona como referencia, padece una colerina, un correntío, una gastroenteritis que permite a Rita Maestre gobernar en solitario. En el Ayuntamiento de Barcelona, el Rey que más ha hecho por Cataluña en los últimos siglos, ha sido encajonado en un recipiente de cartón y castigado al sótano.
Y concluye rotundo, como Antonio Lucas:
Las provocaciones se suceden, y los españoles que aman a España, que respetan su Constitución y dicen defender sus símbolos afligidos, asisten pasmados al concierto mudo de las bocas abiertas de las ranas. Empezamos a estar millones de españoles hasta los cojones con la situación, el odio y la inacción.
CASADO CREE QUE HEMOS OLVIDADO SUS ELOGIOS A ZAPATERO
Raúl del Pozo ha hablado con Juan Carlos Monedero y nos cuenta su conversación en la última de El Mundo. Según el politólogo, que está ganando unos euros en Italia con la traducción de su libro (los declarará a Hacienda, ¿no?), Ciudadanos se desinfla y Podemos ronda el 20% del voto.

Juan Carlos Monedero, demasiado libre para las zancadillas y un lujo para la política de las ideas, me aconseja que no haga caso de las encuestas. Él conoce alguna en la que Podemos ronda el 20% y está seguro de que irán a más. Cree como el cuclillo en el triple empate. «El establishment ha dejado a Ciudadanos y como siempre vuelve a pensar en el PSOE. Ciudadanos se ha desgastado por su apoyo al bipartidismo. Pero el PSOE no termina de despegar. Pedro Sánchez es un tipo muy frágil, un bien mandado que hizo el doctorado en una universidad privada y se jacta de haber intervenido en la redacción del artículo 135. En lo que falta para las elecciones van a surgir nuevos casos de corrupción en los dos partidos».
Y Monedero le explica que Podemos apoya el ‘derecho a decidir’ como antes la izquierda apoyaba el ‘derecho de autodeterminación’: como arma para eliminar a los nacionalismos burgueses. Parece que Monedero no recuerda cómo acabó ese plan en la URSS…
Le digo que también Podemos se ha pringado en el apoyo al PSOE en varias alcaldías y comunidades. «Eso no era Podemos. Nosotros hemos nacido para luchar en las elecciones generales, ese es nuestro escenario para que la España emergente derrote a la España caduca». «¿Y qué va a hacer Podemos en Cataluña?», cuestiono. «Estamos a favor del derecho a decidir porque estamos radicalmente contra la independencia. Y no hacemos propaganda con el fuego como esos dos traidores a la patria». No transcribo sus nombres, pero ustedes les pondrán cara.
Después de haber publicado hace unos días una tribuna a Pablo Iglesias, El país publica otra a Albert Rivera. Pedro Narváez (La Razón) le echa una bronca al Mimosín de la política española por boicotear la ley de José Ignacio Wert.
En España la demagogia escribe con faltas de ortografía mentiras encadenadas que desembocan en una marea y en un uso interesado de la palabra «público» mientras el nuevo analfabetismo y el orgullo garrulo nos avergüenzan. Albert Rivera, el chico educado que abusa de colocarse bien los puños y los cuellos de las camisas, también tiene un plan para un pacto. Algunas de las propuestas están incluidas en la ahora denostada Lomce que el ministro Wert dejó atada con un lazo a su sucesor en el cargo. Al PP no se le ha permitido implantar su modelo. Ahora son las autonomías las que ponen cañones a la letra de la nueva norma, que va camino de ser, y esta vez no por fuego amigo, el nuevo aborto del Gobierno.
Cabría preguntarse, ya que se anhelan consensos, por qué el ciudadano Rivera apoya el boicot a la ley por la que lapidaron al ministro que quiso «españolizar» a los niños catalanes, absurda polémica que no era otra cosa que intentar que se estudie más o menos lo mismo en todas las comunidades, uno de los puntos que enarbola Rivera, el hombre que no puede ser sublime sin interrupción (Baudelaire dixit) sin caer ya en el sectarismo que abomina.
Antonio Casado (ElConfidencial.com) me produce la primera carcajada del día con su columna contra Zapatero. Antonio, que nos acordamos de tus elogios en las tertulias al que ahora dices que hundió el PSOE, tu partido del alma.

Sale por bambalinas del escenario político nacional para presidir a partir de septiembre el Consejo Asesor de Diplomacia Cultural (ICD), una fundación alemana sin ánimo de lucro dedicada a promover «la paz y el entendimiento de los pueblos». Es lo más parecido a aquella fallida Alianza de Civilizaciones que funcionó como un cohete de fuegos artificiales con la pólvora mojada.
Donde no lo van a echar de menos, con toda seguridad, es en el PSOE. No donde reina Pedro Sánchez, que lleva un año sin acusar recibo pero sintiendo los pellizcos de monja del expresidente.
Lo último tal vez haya sido su encuentro, acompañado de José Bono y no comunicado a la dirección de su partido, con el líder de Podemos, Pablo M. Iglesias, y el alineamiento con Tomás Gómez, el líder madrileño desahuciado por Ferraz.
La actitud de Zapatero tuvo dos principales damnificados: la ciudadanía y la marca PSOE. Los ciudadanos ya le pasaron la correspondiente factura en las urnas. Al PSOE lo dejó para el desguace, aunque, tras una travesía del desierto de cinco años, parece que vuelve a entrar en el partido.
¡Que nos acordamos de tus palabras de hace seis u ocho años, Antonio, que nos acordamos!
Y me despido de usted, amigo lector, hasta mañana, porque hoy escriben las chicas Carmen Rigalt y Leire Guerriero. Ya sabe, literatura tampax: no mancha, no se mueve, no traspasa.









